Con el cansancio del día anterior dormimos estupendamente, a nosotros el síndrome ese de dormir mal el primer día en una cama distinta parece que no nos afecta. El jet lag a mí tampoco me afecta pero a mi vecino de al lado sí y a las 5:30h ha dado tantas vueltas que estamos los dos despiertos. Ducha, desayuno comprado el día anterior en el Seven Eleven y a las 6:30h ya estamos en la calle (
Ese día lo primero que teníamos que hacer era conseguir un plano de los autobuses de la ciudad y ya de paso comprar la tarjeta para todo el día. En menos de 15 minutos nos plantamos en la estación y vamos directos a un pequeño edificio que hay fuera en el que pone algo así como Bus Office (no recuerdo exactamente, lo siento) y el japonés detrás del mostrador nos indica por señas que las tarjetas las tenemos que comprar en las máquinas que están justo en frente (se ven nada más salir de la oficinita). El mapa sí que pudimos cogerlo allí mismo y es un papelito maravilloso con todo bien explicado. Las tarjetas diarias cuestan 500Y por persona y son indispensables. Me parece un precio súper razonable además. Aunque las distancias no parezcan largas bajo un sol abrasador de 38 grados se multiplican por 2.
Mapa en mano nos dirigimos a la parada del 206 que lleva nos lleva a Kiyumizudera, que abre bien prontito, a las 6h. Tardamos como unos 20 minutos en llegar y al bajar, en ausencia de indicaciones, decidimos seguir a unos orientales con cámar; tras un paseito cuesta arriba llegamos a la entrada del templo. Allí utilizamos por primera vez otra de las cosas maravillosas de Japón: las cientos de máquinas de bebidas por todos lados.
Esa primera vez no quise arriesgarme mucho y me bebí un zumo de manzana pero a partir de ahí decidí probar todo lo que pudiera: té frío raruno, bebida de ácido láctico, bebida gasificada de uva con trozos de uva y aloe vera y mi preferida: Refresco de lichis y sal!!! Los precios también me parecieron de lo más razonable, entre 110 y 160Y todo. Perdimos la cuenta de todas las botellas que pudimos comprar durante el viaje pero con ese calor era necesarias.
Al llegar a Kiyumizudera tuvimos la suerte de coincidir con la oración de varios monjes budistas del templo con gong incluido, y fue un momento verdaderamente especial.
A la entrada hay varios edificios con el característico color naranja y más adelante enseguida se llega al edificio principal. No me voy a extender mucho con explicaciones del templo, que esas se encuentran en cualquier guía (menos en la nuestra), mejor unas fotos:
El templo está en una zona de bosque maravilloso por el que pudimos pasear hasta llegar a la famosa cascada (aquí lo llamamos fuente) de de cuya agua se dice alarga la vida. Los cacitos, cuando acabas de beber, se meten en un mueble con rayos ultravioleta que higienizan los aparatos. Yo por si acaso me eché el agua en la mano y bebí de ahí.
En otra zona del recorrido se encuentran las dos piedras famosas. Según la leyenda se debe llegar de una piedra a la otra con los ojos cerrados para encontrar el amor verdadero. Yo por si acaso no tenté a la suerte, no fuera a ser que mi marido sea un impostor y me tocara buscar a otro.
Tras pasar un par de horas en el recinto emprendemos regreso a la parada del autobús. De camino todas las tiendas están ya abierta y el paseo es súper agradable. Muchas de las tiendas en esta calle, y en el resto de lugares que visitamos, ofrecen muestras gratuitas para probar sus productos, así uno sabe lo que se lleva. Nosotros probamos pero no compramos... Además de las tiendas durante el camino encontramos muchos rincones maravillosos
Vuelta a la parada del bus para coger otra vez el 206 pero esta vez en la dirección opuesta y nos bajamos en la parada de Sanjusangendo. Cómo me gustó!!!! Lo siento pero no apunté el precio. De todas formas, todos los templos que vimos en Japón, excepto Nikko, nos han costado 600Y como máximo.
Sanjusangendo es un templo muy sencillo, un edificio principal alberga una estatua de la diosa Kanon que me pareció espectacular rodeada de miles de estatuas más pequeñas. El templo no tiene más que ese edificio y un jardín bastante modesto fuera pero no sé por qué me pareció precioso. No está permitido hacer fotos por lo que es obligado ir allí para verlo en vivo y en directo. Alá, ya tenéis excusa
De ahí, sudando como pollos y habiéndonos bebido ya medio Kyoto nos fuimos al castillo de Nijo jo. No dudo que sea un recinto precioso pero hacía taaaanto calor y taaaanto sol y había taaaan poca sombra que por momentos lo pasamos un poco mal. Además al llegar ya nos habíamos bebido todo lo que habíamos comprado y hasta la mitad del recinto no vuelven a aparecer las máquinas de bebidas. Id prevenidos porque vimos incluso una chica a la que le había dado un golpe de calor.
Unas fotos:
A esas horas el hambre ya empezaba a apretar y el calor se hacía insoportable por momentos así que decidimos ir a comer y luego a descansar un ratito al hotel. Nos decidimos ese día por un sitio que recomendaba la guía especializado en toankatsu (cerdo empanado). Ni cortos ni perezosos al salir del castillo vimos pasar el 12 y sin mirar ni a dónde iba allí que nos subimos. Obviamente aparecimos en Parla así que nos bajamos cerca de Pontocho y cogimos otra bus hacía la estación, esta vez comprobando a dónde iba.
El restaurante al que fuimos se llama Tonkatsu Wako y está en la planta 11 de la estación de Kyoto. No es el sitio más barato del mundo pero aún así sólo pagamos 2800Y los dos. Pedimos un plato de cerdo frito y otro que venía en una especie de olla con huevo y cebolla. Todo acompañado de arroz, encurtidos, sopa de miso con mini almejas y col cruda. Por lo que vimos durante todo el viaje éstos acompañamientos son los habituales del tonkatsu. El cerdo en sí estaba muy rico pero la col cruda no sabíamos ni como comérnoslas. A ellos les vimos zampársela a palo seco pero la nuestra se tuvo que quedar allí.
Creo que ya se ha contado antes pero en Japón cuando llegas a un restaurante te sirven siempre un vaso o jarra de agua con hielo o té frío, por lo que es muy poco habitual pedir una bebida diferente. Tampoco vimos a nadie pedir postre y es que la mayor parte de los sitios en los que estuvimos no tenían dulces en carta. Así las comidas salen mucho más baratas.
En la estación de Kyoto hay unos ciento cincuenta millones de sitios para comer, es una muy buena opción.
Tras la siestecita y dejando pasar la peores horas de sol nos echamos otra vez a la calle para conocer Gion pero nos olvidamos la guía en casa (para una vez que sirve de algo la guía
Aquí un puestecito para tomarse la tensión...
Después del plataco de cerdito rebozado no teníamos mucha hambre así que pasamos por un Seven Eleven para comprar algo de picoteo y nos fuimos al hotel que ya nos iban pesando las patitas.
Tengo que decir aquí que a mi marido le encantan los frutos secos y las noches que no teníamos hambre cogíamos alguna bolsita de algo y nos subíamos a la habitación. Yo siempre probaba cosas nuevas y me llevé pocos chascos pero mi marido, en su afán de comer frutos secos, más de una vez cogió por error chipirones deshidrataos y aperitivos japoneses con pescado seco jajajaja. El pobre sólo con olerlo ya no podía ni probarlo pero yo que no hago ascos a nada me lo comí todo tan feli.