Día 15 (Sábado 8 de Agosto)
Esto se acaba, pero por la puerta grande. Nos levantamos muy pronto, y desayunamos algo en el hotel. Luego nos vamos hacia el helipuerto del Grand Canyon a hacer un viaje en helicóptero (el Imperial Tour de la compañía Papillon). Impresionante. Me toca sentarme en la parte de atrás a la izquierda (te colocan por peso para equilibrar el helicóptero). Soy de los que más triunfa por las vistas que tengo.

Helicóptero en el que hicimos la excursión
Al principio volamos a poca altura del bosque, bordeando el cañón. Entonces, nos ponen en los cascos la canción de Así habló Zaratrusta, y en el momento álgido de la canción, el viaje pasa de poca altura a cientos de metros de la profundidad del Cañón. Aún se me ponen los pelos punta al recordarlo. Es muy emocionante. Durante un rato nos ponen una grabación explicando cosillas. Yo estoy totalmente maravillado y embelesado con lo que veo. Se me hace el viaje súper corto.

Bosque infinito y nosotros cerca del suelo









Cuando acaba el tour nos hacemos la foto típica con el piloto y el helicóptero, y vamos al hotel a hacer el Checkout. Luego pillamos carretera y volvemos al Grand Canyon a ver algunas vistas impresionantes más y a hacer las fotos de rigor, aunque después de lo que hemos visto en el helicóptero esto no es tan guay, jeje.
Cuando nos cansamos (si es que te puedes llegar a cansar de este paraíso de la naturaleza), cogemos el coche y vamos hacia el inicio de la Ruta 66, en Flagstaff. El pueblo es bastante moderno, pero tiene toques retro. Como era un poco tarde lo primero que hacemos es comer algo, y vamos al Dinner’s Downtown. Genial, como siempre, y la camarera muy atenta y servicial. A continuación damos un buen paseo por la ciudad. Leímos que es un pueblo de artistas y lo comprobamos viendo que hay conciertillos montados en la calle y galerías de arte. En una de ellas paramos y nos compramos tres láminas preciosas de fotos hechas con una técnica de nitrato de plata. Hay otras más grandes pero no podemos transportarlas y se nos van de presupuesto. Nos encanta Flagstaff, aunque tenemos que continuar la ruta.

Buscando la Route 66


Así que al cabo de un buen rato seguimos hacia Williams, un pueblo ambientado en la Ruta 66 de los años 50. Nos tomamos unos helados en Twisters Soda, que está totalmente decorada como si estuviéramos en el pasado de Regreso al Futuro, con la nevera de Coca-Cola antigua, máquina de música, un Cadillac descapotable en el patio de atrás, muy chulo. Y los súper batidos o helados son tremendos.

Cartel del Twisters Soda en Williams


Luego damos una vuelta por el pueblo, e incluso visitamos el cementerio, que es muy chulo, con lápidas muy curiosamente adornadas.

Curioso cementerio de Williams
Cuando acabamos con Williams, nos dirigimos al pequeño pueblo de Seligman, saliéndonos unos kilómetros de la carretera (el pueblo que nos había recomendado el fotógrafo que nos encontramos en el Grand Canyon). Recomendación brutal!!! Llegamos de noche, y lo primero que nos encontramos es una especie de garaje al aire libre lleno de coches tuneados como si fueran los de la película de animación Cars. Increíble. Y todo el pueblo es como haberse quedado en los años 50. Hay maniquíes por todas partes, y algunos que pensábamos que lo eran luego se mueven y nos damos unos sustos tremendos, jeje. Hay muy poca iluminación y todo es un poco surrealista. Parece la típica película tipo Slasher en la que no queda con vida ni el apuntador.

Seligman. A ver si hay huevos de dormir aquí


Al cabo de un rato regresamos a la carretera principal y nos vamos hacia Las Vegas. Pasamos por la presa Hoover, espectacular, y tenemos que pasar un control de seguridad que habían puesto allí en la carretera en mitad de la nada. La presa es gigantesca, parece una ciudad (NOTA – me hace mucha gracia recordar en 2016 esa presa en el juego Fallout New Vegas en la que una buena parte de la acción sucede allí; juegazo, por cierto).
De allí y sin más sobresaltos ya llegamos a Las Vegas (sobre las 12 de la noche). Vamos al Strip, aparcamos en el New York y vamos a cenar. Nos encontramos con un follón brutal. Es sábado, y parece que todos los norteamericanos se van de finde a Las Vegas. Está todo el mundo borracho, pasado de vueltas (lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, jaja). Entonces entiendo cómo es que se casa tanta gente allí y no se da cuenta hasta al cabo de unos días de lo que ha hecho jaja, o de esos tatuajes que aparecen misteriosamente donde menos te lo esperas.
En fin, después de algunas compras nocturnas de última hora cogemos el coche y vamos hacia el lugar de aparcamiento (a las afueras del aeropuerto). De allí cogemos un bus que nos lleva al aeropuerto.