Igual llego tarde a contar sobre mi viaje, pero si a alguno le puede ayudar mis indicaciones, bienvenido sea.
Primero de todo, contar que el viaje fue algo inesperado y casi ni planeado. Yo trabajaba en una compañía suiza y me obligaban a coger dos quincenas de vacaciones durante la temporada (cosas que solo he visto con ellos, ya se sabe como son los germánicos para temas legales). Así que cuando se acerco las fechas pensé en viajar fuera. Desde que vi Braveheart en la tele me había enamorado de Escocia, pero jamás me había planteado viajar. Mirando en la página de Ryanair (yo vivía en la provincia de Girona y aun había bastantes vuelos europeos desde la capital gerundense) destinos que no se salieran de madre (tenía un presupuesto limitado), encontré un vuelo de ida y vuelta de Girona a Glaslgow Ayr por 64,98€ ida y vuelta. Salida un 10 de septiembre y vuelta una 19. Tomados los vuelos, alquilé un coche por Arnold Clark (que en su día en el foro era la mejor valorada en cuanto calidad precio) y después fui mirando en la pagina de B&B de turismo escocés, booking y en el foro donde alojarme. Luego iré detallando. Comienzo:
1º Día Vuelo a Glasgow, viaje en coche hasta Inverness.
Como vivía a treinta y cinco minutos del aeropuerto de Girona (que está en Vilobi de Onyar) decidí ir con mi propio coche (porque el transporte hasta el aeropuerto en la región es pésimo o lo era en su día). Había leído de otros foreros que había un parking a escasos cinco minutos andando desde el aeropuerto (creo se llamaba Cufi). El precio fueron unos 45 euros (que por 9 días no está ni tan mal). La verdad es que lo escogí porque estaba vigilado y estaba cercano, así que mejor y más barato imposible. Dejado el coche, me dirigí al aeropuerto con mi maleta pequeña (la permitida por Ryanair).
Primer problema: la maleta no cabe en la dichosa maquina. No me pasaba de kilos, pero la maleta iba cargada hasta arriba. Era 10 de septiembre y en Girona hacía bastante calor, pero ya me había informado que allí seguramente haría 15 grados menos y además lluvia, así que no era plan ir por medio del aeropuerto con más capas que Heidi…. La chica, además, bastante seria me dijo que no podía hacer excepción. Así que como no quería ir en el avión sentado con cinco camisas interiores, jersey, chaqueta de chándal y demás, pagué los 50€ de recargo (jamás he pagado ese dinero por un recargo y he viajado con 7 maletas y solo he pagado máximo 45€ por 50kilos de más) y me monté en el avión. El viaje fue tranquilo y aterrizamos en hora (15:15).
Aquí vino el primer problema: encontrar la oficina. Arnold Clark no tenía oficina en el aeropuerto (que no era el de Glasgow sino el de Prestwick que está en Ayr). Llevaba 7 meses hablando con alemanes básicamente e italianos y mi inglés andaba más oxidado de lo que pensaba, encima di con un señor de mantenimiento que era de Aberdeen (acento reconocible 100% y que ni los escoceses entienden, así que imagínate alguien de fuera). Al final (pasé muchos años trabajando con escoceses, de ahí también mi deseo de viajar allí, y el acento le tenía medio pilado el tranquillo) el de mantenimiento me perdió y pregunté a otra mujer (de limpieza), esta sí que se la entendía un poco más y me dijo que había cabinas de teléfono (porque me dijeron que debía llamar para avisar que llegaba). Al chaval por teléfono me costó pero conseguí entenderle donde estaba la oficina. Así que salí del aeropuerto (hacia un sol radiante, algo que no ocurriría todos los días como decía el chiste de Eugenio, y la verdad agradecí no haberme puesto encima toda la ropa para ahorrarme el cargo) y di con la oficina. La verdad es que la atención al cliente fenomenal y al chaval en persona le entendí perfectamente (me costó poco cogerles el ritmo porque hablan muy rápido pero la práctica de años atrás me ayudó), lo malo fue que al salir hice la turistada típica: salí por la rotonda por la derecha y el chaval que me vio salir puso una cara de: “este coche no le veo más”.
Tengo que decir que a mí la idea de conducir por la izquierda me daba algo de respeto, porque no sabía si me adaptaría pero la verdad que tras una hora de viaje ya iba yo a mis anchas en el coche (igual influye que soy zurdo y la caja de cambios esta a mi mano y que los escoceses tienen un respeto al volante que no se ve en ninguna carretera de nuestro país), aunque a veces me llevaba sustos enormes (miras al coche de al lado y ves un bebe o un perro en el asiento izquierdo y piensas: “joder aquí conduce todo el mundo! “
Puse mi gps en marcha (me había comprado una aplicación para iphone con un gps de las islas británicas que me costó 19€ (mucho más barato que descargarme mapas de Europa para mi tomtom iberia)) y tomé dirección a Inverness. Diréis que menuda paliza. Pero yo quería hacer el viaje del norte al oeste y del oeste al este, volviendo luego a Ayr. Entre pitos y flautas salí a las 5 y medía de allí y llegué a Inverness a las 22:30. De las 8 noches que allí pasé esta era una de las que no pasaría en casa particular. Había cogido el Smithton Hotel, una especie de motel, cuya recepción estaba pegado al bar restaurante y las habitaciones se accedían a través de unas escaleras enmoquetadas (que les gusta la moqueta a los escoceses con la humedad que hay por ahí arriba). La habitación era pequeña con una ventana abuhardillada pero bastante limpia y las camas eran muy cómodas (disponía de dos camas individuales) y el baño pequeño pero funcional (con una ducha bastante rara que me llamo la atención). En el precio (55 libras, estaba rebajado en 100 euros el precio) incluían un desayuno escocés. Cuando llegué la chica me atendió muy amable y me dijo que ya tenían el restaurante cerrado, pero que si salía fuera había muchos restaurantes donde poder comer y un Tesco (los Carrefour de la tierra por poner un ejemplo) donde poder comprar cualquier cosa. La verdad es que fue súper amable (es algo que tienen allí: la gente tiene una amabilidad extrema). Después de darme una ducha y dejar todo. Cogí el coche y fui a por algo de cenar (llevaba desde que llegué a Escocia sin comer y antes solo había desayunado en mi casa. Así que traía más hambre que Carpanta).
La chica me había dicho que había algún bar cercano andando, pero la verdad, algo que me llamo la atención fue la poca luminosidad de las calles. Estaba en las afueras de la ciudad pero aun así había pocas farolas y además casi sin luz (es famosa la tacañería escocesa pero coño hasta ese nivel