* Día 1: Barcelona - Oakland (San Francisco)
El despertador sonó sin piedad. Pero... un momento... que no hay que ir a trabajar... que estamos de vacaciones... ¡Qué nos vamos a Estados Unidos!
¿No es grande ese instante en el que eres consciente de que ese momento tan largamente esperado ha llegado? Buff, el subidón de adrenalina es suficiente para que saltes de la cama totalmente despejado.
Duchita rápida, repaso de última hora para no olvidarnos nada, pastillita de Biodramina al gaznate (me mareo con mucha facilidad, así que para mí es un básico de cada viaje), cojemos maletas y a la calle.
El vuelo salía a las 09:50 de la mañana de la Terminal 2 del Aeropuerto del Prat. Entre que tienes que estar en el aeropuerto mínimo 2 horas antes de la salida del avión y el tiempo de margen que le añadimos nosotros por si acaso, decidimos cojer el primer tren que salía desde la estación más cercana de casa hacia el aeropuerto.
Eran algo más de las 6 de la mañana y allí íbamos nosotros, en plena noche, caminando por las calles vacías y con el único sonido del retumbar de las ruedas de las maletas sobre la acera.
Tenemos la suerte de vivir muy cerca de la estación, así que a los 5 minutos ya estábamos en la susodicha estación. Un taquillero aún con legañas en los ojos nos miró con cara de "¿Y estos a dónde irán a estas horas?". Seguro que nuestras sonrisas de oreja a oreja y las maletas le dieron alguna pista.
La última vez que vivímos aquella misma situación había sido en nuestro viaje a la Costa Oeste de Estados Unidos. 2 años después allí estábamos de nuevo, en aquél andén vacío a la espera del primer tren hacia el aeropuerto. ¿Nos iría tan bien cómo en aquella ocasión? Lo único que sabíamos es que ante nosotros se abría la puerta hacia un viaje que seguro iba a estar lleno de momentos inolvidables.

- Aeropuerto del Prat (Barcelona)
De manera puntual, el tren nos dejó justo delante de la Terminal 2. Fuimos directos a hacer la facturación y llegó la primera sorpresa.
Llevábamos dos maletas. Una grande para facturar (habíamos pagado la facturación de una maleta previamente cuando sacamos el billete de avión) y otra pequeña para llevarla en cabina. Habíamos repasado las medidas de ambas para evitarnos sorpresas, pero no pensamos en el peso. Así que cuando el amable empleado de Norwegian Airlines nos dijo que la maleta excedía el peso máximo de 20Kgrs (nuestra maleta pesaba 23 Kgrs ) y que si queríamos facturarla debíamos pagar un recargo de 66€ nos quedamos de piedra. Por suerte, al ver que llevábamos una maleta pequeña como equipaje de mano, nos ofreció la alternativa de facturarla y, como ésta pesaba poco, compensaría el peso de la grande, con lo que no tendríamos que pagar ningún recargo. Aliviados, dejamos encantados la maleta pequeña sobre la cinta de facturación.
Poco tiempo después, una vez pasada la inspección de seguridad, nos fuimos a desayunar. Llamadme raro, pero ese momento "desayuno en el aeropuerto antes de embarcar" lo disfruto muchísimo en cada viaje. Sí, ya sé que pagas un precio excesivo por algo que además es de calidad dudosa, pero para mí se ha convertido en un ritual más del viaje.
- Aeropuerto de Gatwick (Londres)
Embarcamos sin incidencias y despegamos en dirección al Aeropuerto de Gatwick en Londres. Llegamos con puntualidad británica a la Terminal S del aeropuerto. El tiempo del que disponíamos para hacer el transfer no era demasiado amplio, ya que disponíamos solo de 50 minutos hasta que se iniciara el embarque para el avión a Oakland. Esto es algo que a mí me pone muy nervioso ya que siempre tengo miedo de que surja alguna cosa y no lleguemos a tiempo para cojer el siguiente avión. Por suerte la salida del avión era desde la misma terminal a la que habíamos llegado, así que tuvimos tiempo suficiente. Aún así yo no respiré tranquilo hasta que el avión despegó con nosotros dentro.
El avión hacia Oakland (San Francisco) salía a las 13:00h (hora de Londres).
Otra de las razones por las que esta combinación de vuelos nos gustó es que la escala era antes de entrar en Estados Unidos. Ya habíamos hecho un viaje en el que el avión hacía escala dentro de Estados Unidos, lo que supuso recoger maletas, pasar inmigración y llegar hasta el siguiente avión, proceso que, si no dispones de mucho tiempo, es altamente factible que cause que pierdas el avión de conexión. A nosotros nos pasó en el primer viaje a Estados Unidos (hicimos escala en Philadelphia). Desde entonces, si no podemos cojer vuelo directo, elegimos que la escala sea antes de entrar en EEUU.
Aclarado esto, decir que el viaje transcurrió sin incidencias. Habíamos elegido asientos delante de una salida de emergencia, con lo que estuvimos muy cómodos. La pantalla multimedia, a pesar de no tener un contenido tan amplio como en otras compañías con las que habíamos viajado anterioremente, ayudó a que las 11 horas de viaje no se hicieran excesivamente pesadas.
La comida tampoco estuvo mal, aunque en un momento del viaje nos entró hambre y decidimos comprar algo para matar el gusanillo. Al poco de haber pagado los 10$ que nos cobraron por cuatro galletas, empezaron a traer la comida. Eso nos pasa por impacientes.
Durante el aterrizaje tuvimos unas maravillosas vistas del Golden Gate que nos pusieron los pelos de punta. ¡Qué grandes recuerdos teníamos de aquél puente y aquella maravillosa ciudad! Pero eso ya forma parte de otra historia.
- Oakland (San Francisco)
Tras el aterrizaje en el Aeropuerto de Oakland (San Francisco), recogimos las maletas y llegamos a la temida cola de inmigración. Tras más de una hora en la cola llegó nuestro turno. Tras una entrevista un poco más larga de lo habitual, por fin estamparon el sello en nuestros pasaportes. Ahora sí, ya podíamos decir que estábamos en los Estados Unidos.
Eran las 16:00h (hora local). Aquella noche la pasaríamos en un hotel cerca del Aeropuerto de Oakland a la espera de cojer al día siguiente el vuelo hacia Seattle. Para escojer el hotel nos esperamos hasta poco antes del inicio del viaje, ya que comprobamos que, en este caso, a más antelación, precios más caros. Así que en cuánto vimos que los precios se estabilizaban sin bajar más, nos decantamos por el Days Hotel Oakland Airport-Coliseum (132,94€ - Booking). Como ya he dicho en la introducción, los precios de la zona eran muy caros, así que este fue el más asequible que encontramos que contara con traslados al aeropuerto, desayuno y una mayoría de opiniones digamos no excesivamente negativas. Además estaba cerca de un tren que te llevaba al centro de San Francisco.
Fuimos a buscar el shuttle hacia el hotel, al que llegamos en cuestión de unos 20 minutos aproximadamente. Eran las 18:30 de la tarde (las 3:30 de la mañana en Barcelona).
El hotel estaba en la típica zona de las afueras de un aeropuerto, rodeado de carreteras, otros hoteles y algún establecimiento de comida rápida. Vamos, lo esperable en este tipo de zonas.
Hicimos el check-in y nos dirijimos a nuestra habitación. No llamó la atención que la recepción y las habitación estuvieran en edificios diferentes.
Exteriormente el hotel no nos había convencido del todo, pero al ver la habitación quedamos más que contentos.

Tras conectarnos al wifi del hotel y enviar unos whatsapp a la familia para decir que habíamos llegado bien, nos planteamos qué hacer.
La idea que teníamos era aprovechar el resto de la tarde para ir a San Francisco. No suena mal, ¿verdad? Pero al ver aquellas tentadoras y apetecibles camas, todo el cansancio acumulado se manifestó de golpe. Así que nos dijimos: "Descansamos cinco minutos y vamos a San Francisco". ¿A quién queríamos engañar?. Cuando volvimos a abrir los ojos eran las 2 de la madrugada, así que nos dimos la vuelta y a seguir durmiendo hasta que sonara el despertador.
