* Oakland (San Francisco)
Esta vez no fue necesario esperar a que sonara el despertador. A las 6 de la mañana ya estábamos con los ojos como platos. Es lo que tiene el jet lag. De todas maneras ya nos vino bien porque tampoco podíamos despertarnos tarde ya que teníamos otro avión que tomar.
Precisamente por este motivo apenas habíamos tocado las maletas, lo justo para cambiarnos y resdistribuir un poco el equipaje de mano, así que no necesitamos mucho tiempo para prepararnos. Así que duchita de rigor y a desayunar.

Days Inn Hotel Oakland Airport
El día anterior, al hacer el check-in, ya habíamos reservado plaza en el shuttle que nos iba a llevar al aeropuerto. Las plazas son limitadas en cada viaje, así que la reservar era importante para evitar quedarte sin asiento, más si teníamos en cuenta que el autobús daba servicio a varios hoteles de la zona.
Como el vuelo salía a las 9:10h y era un vuelo interno, apuramos un pelín y habíamos reservado el autobús a las 7.00h de la mañana. Así que, cómo os decía, el despertarnos a las 6:00h ya era lo que tocaba.
El desayuno buffet incluído en el precio del hotel estaba en una pequeña sola con unas 5 mesas. El buffet no era muy variado: tenías café, zumos (de bote, evidentemente), té, leche, cereales, alguna pasta dulce y como desayuno caliente huevos revueltos. No fue ningún lujo, pero los habíamos visto mucho más limitados. Tras llenarnos la tripa, subimos a la habitación a buscar las maletas y a esperar al shuttle. Fue puntual y nos dejó en la terminal de salidas del aeropuerto.
Para hacer la facturación, en Alaskan Airlines había que hacerlo a través de unas pantallas electrónicas dispuestas para ello. Si te daba algún error, como nos pasó a nosotros, entonces te pasaban a la manera manual. Nos atendió una señora muy simpática que hacía años había estado en el norte de España. Estuvimos un ratito hablando con ella y, tras facturar (50€ por la facturación), nos fuimos a pasar el control de seguridad.
Y una vez más allí estábamos, esperando embarcar de nuevo en un avión. Era el segundo día del viaje y aún estábamos tomando aviones. No nos imaginábamos que se nos iba a hacer tan pesado. En fin...
Subimos al avión sin mucho retraso. Como en Alaskan no habíamos podido seleccionar asiento previamente, nos tocó sentarnos por separado. Cuando vi dónde me tocaba, ¡casi me da un patatús! Era en otros dos asientos (hasta aquí bien...) al lado de un señor tremendamente obeso. Menos mal que soy pequeñito, así que me senté y no me moví en todo el viaje. Y es que aunque hubiera querido tampoco lo hubiera podido hacer. Y es que el señor era tan obeso que la grasa rebosaba por encima de mi posabrazos. Lo digo sin exajerar y sin ánimo de guasa. Si le hubiera tocado a alguien más alto o grueso que yo no hubiera sido nada agradable.
Para que se hiciera el viaje más corto disfruté en mi tablet de un capítulo de "Doctor en Alaska". Ahí estaba yo, disfrutando de las aventuras del Dr. Joel Fleischman. mientras viajaba en Alaskan Airlines e iniciando un viaje que nos llevaría presumiblemente a mi querida Cicely.
Es un buen momento para advertir que somos una pareja bastante mitómana (vamos, unos frikis) en lo que respecta al cine y las series. En este viaje, como iréis viendo, hasta vimos pelis que no nos entusiasmaban pero que transcurrían por los lugares que íbamos a visitar, sólo para hacer la experiencia más de cine.
* Seattle
Llegamos al Aeropuerto de Tacoma (Seattle) sin incidencias sobre las 11:00h. Tras la recogida del equipaje nos dirijimos a la oficina de Álamo, a la que pudimos llegar caminando desde el aeropuerto. Una vez allí nos atendió una chica. Cuando vió nuestra reserva y explicarle el tipo de viaje que íbamos a hacer, nos recomendó cojer un coche todo terreno. Nosotros desde Barcelona habíamos reservado un coche básico (Compact). Ella nos estuvo explicando que tantos kilómetros agradeceríamos la comodidad de disponer de más amplitud, además de un maletero donde cupieran las maletas sin quedar a la vista y que pudiera ir por todo tipo de terreno. Vimos que en parte tenía razón, así que rechazamos el upgrade de cojer un todo terreno, pero cojimos una categoría un poco más alta de la inicial (Fullsize). Esto suposo 430$ más a lo pagado inicialmente por la reserva. Cuando fuimos al párking a escoger el coche, comprobamos que efectivamente los coches de la categoría que inicialmente teníamos eran muy diferentes a los de la categoría que teníamos ahora. El coche elegido fue un Hyundai Sonata.
Acabado ahora el viaje, no nos arrepentimos de ello. Ganamos en comodidad y también en seguridad. Así que si váis a hacer un viaje como este no os limitéis a una gama básica.
Hicimos un buen repaso del vehículo acompañado de varias fotos para evitar problemas al devolverlo, guardamos el equipaje, pusimos la memoria USB con nuestra mega selección musical e instalamos a Patricia. ¿Que quién es Patricia? ¡Es verdad! ¡Aún no os había presentado a Patricia! Patricia es nuestro GPS que nos acompaña desde hace años a todas partes. Antes de salir de viaje le memorizamos las direcciones de todos los alojamientos y algunos otros puntos de interés que pueden resultar un poco complicados de encontrar.
Con Patricia tenemos una relación de amor-odio, ya que le tenemos mucho cariño pero tiene la manía de perdernos llevándonos por los caminos más complicados que puede encontrar y en este viaje, como no podía ser menos, también iba a ocurrir, pero ya llegaremos a ello.
Serían algo más de las 12:00h cuando nos pusimos en marcha con el coche en dirección al puerto de Seattle desde donde salían los Ferrys. Íbamos sobre el tiempo establecido y además lucía un sol radiante. ¿Qué más se podía pedir? ¡Ahora sí que podíamos decir que empezaba el viaje de verdad!
A la salida del aeropuerto encontramos gran densidad de tráfico, pero poco a poco fue haciéndose algo más fluida.
Qué gran momento cuando, mientras íbamos por la autopista, apareció ante nosotros el skyline de Seattle. Yo no daba abasto grabando con la cámara de vídeo y haciendo fotos.
Otra pequeña aclaración antes de seguir. ¡Y de verdad, intentaré que sea la última!
Pronto se nos pasó la emoción cuando comprobamos que Patricia ya estaba haciendo de las suyas y se había perdido. Se había saltado la salida hacia el puerto desde la autopista, lo que supuso que tuviéramos que atravesar el centro de Seattle para poder llegar al puerto, lo que nos retrasó varios minutos. Eso sí, nos permitió un primer contacto con la ciudad.
Por fin llegamos al punto de salida de los ferrys. No llevábamos los billetes comprados, lo que sí llevábamos eran los horarios del trayecto que nos interesaba (Seattle - Bainbridge) y también algún trayecto alternativo por si había algún problema con los Ferrys (tal y cómo le pasó a una compañera del foro).
Con el coche llegamos a una cabina, del tipo de la que encontrarías al entrar en un párking, donde puedes comprar los billetes. Preguntamos a la persona que nos atendió y nos dijo que en unos minutos salía el ferry hacia Bainbridge y que tendríamos sitio sin problema, así que compramos los billetes para hacer el trayecto Seattle - Bainbridge y nos dirijimos a la cola que nos indicaron. Al llegar ya había un montón de coches esperando. Cuando empezaron a embarcar, por un momento temimos que nos quedaríamos sin sitio, pero, a pesar de entrar de los últimos, pudimos entrar en el ferry.
No tardamos en aparcar, cojer las cámaras y subir a cubierta para disfrutar de las magníficas vistas que nos ofrecía el trayecto. La imagen que disfrutas del skyline de Seattle desde el ferry es increíble. No te cansas de hacer montones de fotos desde el momento en el que el ferry se empieza a alejar de la ciudad mientras atraviesa el Puget Sound.

Skyline de Seattle desde el ferry
Pero no sólo está el skyline de Seattle, las imágenes de la costa de la isla de Bainbridge tampoco tienen desperdicio. Y no nos olvidemos del Mount Rainier. Y es que, de repente, a lo lejos pudimos distinguir el magnífico coloso nevado que parecía saludarnos desde lo lejos. Mientras luchábamos con que el viento no nos tirara al suelo, los "clic" de la cámara no dejaban de escucharse.

Mount Rainier
Pero tanto Seattle como el Mount Rainier deberían esperar al final del viaje. Nos esperaban aún muchas cosas por delante antes de conocerlos a ambos un poco más.
Tras un poco más de media hora de trayecto, el ferry llegó a su destino y pudimos desembarcar sin problemas. Aunque mucha gente había utilizado el ferry sencillamente para visitar el bonito pueblo en el que acababa su trayecto el barco, nosotros seguimos carretera adelante, cruzando Bainbridge Island con un destino claro: Port Townsend.
Aclaración (Lo sé, lo sé... soy terrible cumpliendo promesas...): cuando planeamos estos días, decidimos hacer dos noches en Port Ángeles con un plan claro. Queríamos dedicar la tarde del día en que llegábamos a explorar Hurricane Ridge y al día siguiente coger un ferry hacia Victoria (Canadá) donde pasaríamos el día vistando la ciudad, además de visitar los Butchard Gardens, acabando el día tomando el ferry de vuelta al atardecer y disfrutar del magnífico paísaje del Estrecho de San Juan de Fuca. Pero nos entraron las dudas de si nos merecía la pena dedicar un día entero a Victoria en lugar de destinarlo a descubrir el Olympic NP más en profundidad. Tras analizar todos los aspectos, nos convencía más la idea de dedicar ese segundo día a Olympic NP, pero es que nos apetecía tanto disfrutar del trayecto al atardecer del ferry de vuelta de Victoria...
Y ahora volvemos al relato. Mientras íbamos en el ferry seguíamos considerando todo esto y decidimos tomarnoslo con calma. No queríamos empezar el viaje con prisa, así que sin descartar al cien por cien la visita a Victoria al día siguiente, decidimos no hacer el trayecto de golpe hasta Port Ángeles y hacer una parada en Port Townsend que aprovecharíamos para comer.
* Port Townsend
Port Townsend no queda exactamente de camino a Port Angeles, de hecho supone varios kilómetros por una carretera que después tendrás que rehacer para volver a la ruta que te lleva a Port Angeles. Aproximadamente es algo más de media hora desde el desvío que has de tomar hasta Port Townsend. Así que, según el tiempo del que dispongas, no te va a ir especialmente bien. Pero cómo ya he dicho, habíamos decidido tomarnos el trayecto a Port Angeles con calma y eso hicimos.
En Port Townsend teníamos localizados varios puntos de interés, así que aparcamos en el lugar más cercano a estos, en concreto al lado del precioso Rose Theater, un teatro que data de 1908 y que hoy en día es una bonita sala de cine.
Port Townsend es una pueblo mediano, a la orilla de una bahía de su mismo nombre, y cuyo centro es una calle que transcurre paralela al mar. Fue la ciudad más importante del estado hasta que, a mediados del s.XIX, la construcción del ferrocarril hizo que perdiera importancia en favor de la creciente Seattle.
En el centro aún se conservan edificios de la época victoriana, eso sí, muchos de ellos con cierto aspecto decadente, pero pese a ello nos parecieron llenos de encanto.

Edificio del centro de Port Townsend
Tras pasear uno rato por el centro, fuimos en busca de uno de los sitios que teníamos apuntado como recomendación para comer. Era el Waterfront Pizza (951, Water St.)y del que leímos que hacían la mejor pizza de todo el estado. El Waterfront Pizza tiene un pequeño local a nivel de calle para comprar pizzas para llevar, pero a la derecha hay unas escaleras que te llevan a un pequeño restaurante muy acogedor y con varias mesas en las que disfrutar de la comida. Nos sentamos en una mesa junta a una ventana que daba a la calle. Nos pedimos una ensalada césar y una pizza para 2 personas a dos gustos: hawaiana y de verduras. Comimos como reyes y aún nos sobraron un par de trozos, que nos llevamos para más tarde. 30$ con propinas incluídas.
Para hacer la digestión nos fuimos a la zona del muelle desde donde tuvimos otras perspectiva de Port Townsend.

Vistas de Port Townsend desde el muelle
Volvimos a por el coche y, para completar la visita a Port Townsend, nos dirijimos al Fort Warden State Park, una base militar visitable pero que a nosotros nos interesaba básicamente por el faro que hay en el interior, el Port Wilson Lighthouse.
Entramos con el coche en dirección al faro y allí comprobamos que te cobraban por tener el coche aparcado, como en muchos State Parks del país. Y es que allí había playas y zonas de acampada. La verdad que aunque la zona no está mal (nos recordó mucho a nuestro primer viaje a los EEUU, cuando visitamos Cape Cod) tampoco nos resultó ninguna maravilla, así que nos limitamos a bajar un minuto del coche para hacer la foto y nos marchamos.

Port Wilson Lighthouse
En nuestro camino de regreso, atravesamos la zona residencial de Port Townsend donde vimos preciosas casas victorianas. Aún así no paramos y iniciamos camino hacia Port Angeles.
La visita a Port Townsend, no nos pareció imprescindible. Aunque el pueblo nos gustó mucho, sólo lo visitaría si puedes prescindir de un par de horas en tu recorrido hacia Port Angeles. Si puedes, es una visita chula. Si vas justo de tiempo no lo hagas.
* Port Angeles
Llegamos a Port Angeles a media tarde. Fuimos directos al alojamiento con la idea de descargar maletas y dejar el coche. El alojamiento elegido para las siguientes dos noches fue el The Captain's Bay by the sea, un alojamiento reservado a través de AirBnB. (101,50€/noche)
El alojamiento era una bonita casa de madera situada en la zona residencial de Port Angeles y que quedaba por encima del nivel del centro del pueblo, lo que hacía que tuviera buenas vistas del estrecho. La casa estaba al final de una corta calle sin tráfico. Aparcamos el coche delante y fuimos a conocer a nuestra anfitriona, Sharon.
Al llamar a la puerta nos recibió una señora de unos 60 años que, al presentarnos, se nos quedó mirando muy sorprendida, mirando a A y a mí alternativamente, mostrando confusión. Estaba claro que esperaba una pareja formada por un chico y una chica, no dos chicos. Nos invitó a pasar y nos acompañó al piso de arriba, donde estaba la habitación reservada. Una vez allí, nos dijo que podíamos disponer cada uno de una habitación separada. Estaba claro que eso de una pareja de chicos no lo acababa de entender. Nosotros amablemente le indicamos que no era necesario, con una habitación con cama grande era suficiente. Luego, al comprobar que la mayoría de libros de los que tenía eran de temática religiosa, entendimos más su reacción. Aún así, Sharon, una vez asimilada la situación, nos trató exquisitamente y nos hizo sentir como en casa.
La casa estaba en obras y Sharon nos explicó que la había comprado hacía unos años y que la iba reformando poco a poco. Cuando le mostré interés por el tema, no dudó en dejarme un álbum de fotos del proceso de reconstrucción. La verdad es que el trabajo que habían hecho era increíble.
La casa nos gustó mucho. La típica casa antigua americana, con un jardín atrás con vistas al estrecho. La experiencia fue excelente, mejor que un hotel, así que recomendamos este alojamiento sin dudar. Os dejo un par de fotos para que valoréis vosotros mismos.

Vista frontal de casa de Sharon

Vista de la habitación
Tras dejar las cosas en la habitación, nos fuimos caminando al centro, lo que nos llevó no más de 10 minutos.
Port Angeles es feo, sin más. Sabíamos que no era gran cosa, pero nos defraudó mucho. Sin ninguna duda Port Townsend es mucho más bonito. Sharon nos explicó que el problema que había habido es que hacía tiempo se decidió derruir todos los edificios antiguos y el pueblo había perdido todo su encanto.

Cartel de Port Angeles
Mientras paseamos por el paseo marítimos nos encontramos con una enorme masa de niebla que ocultaba totalmente el estrecho. Ante esta imagen y pensando en el día siguiente, nos dijimos ¿y si decidimos ir a Victoria por disfrutar del paisaje al atardecer y resulta que el estrecho está lleno de niebla y no vemos nada? Pues si aún existía alguna posibilidad de que al día siguiente fuéramos a Victoria, se desvaneció en ese momento.

Foto del estrecho desde el jardín trasero de casa de Sharon, con la niebla como protagonista
Tras un rato paseando por "el centro" y en vista de que no teníamos mucho apetito y el ambiente no era muy atrayente, volvimos a casa de Sharon.
Mientras volvíamos paseando hicimos balance de lo que llevábamos de viaje. Realmente, la manera como habíamos dividido el trayecto en avión hasta Seattle se nos había hecho muy pesado y sí, habíamos ahorrado más de 300€, pero la sensación de "tiempo perdido" nos pesaba mucho. En ese momento si nos hubiérais preguntado quizás os habríamos dicho que nos arrepentíamos de haberlo hecho así en lugar de todo seguido. Ahora en la distancia, si tuviera que volver a repetir, intentaría por todos los medios hacer lo mismo pero cogiendo el avión de Oakland a Seattle el mismo día que llegábamos a Oakland.
Al llegar a casa de Sharon, hicimos uso de una sala de estar que había en el mismo piso donde teníamos la habitación, que además disponía de una pequeña cocina. Allí nos tomamos para cenar la pizza que nos había sobrado de la comida y a continuación nos fuimos a dormir llenos de emoción. Y es que al día siguiente por fin empezaríamos nuestra visita al Olympic NP.
