A las seis estamos en pie, parece que ya nos vamos acostumbrando al horario keniata. El programa diario es un safari de día completo por la Reserva Natural de Masai Mara, y al salir una visita a una manyatta (poblado) Masai, que nosotros no tenemos contratado y no llevamos idea de hacer. Caminando hacia el comedor veo unas “cosas” en el suelo que ayer no estaban… de color blanco… secas… ¡¡Caca de hiena alrededor de la tienda!! Y está lleno. Me da la risa y tengo que poner una excusa para no desvelar el “descubrimiento” a las chicas, porque si se enteran no duermen. Nos pegamos un buen desayuno preparado por nuestros amigos masai. Probamos unos dulces hechos por ellos, que se llama mandasi, que están buenísimos.
Partimos hacia la entrada de la Reserva, con un Masai de copiloto. Nuestro guía nos dijo el día anterior que el camp está un poco lejos de la entrada, a una hora más o menos. Pues bien, tardamos dos horas en llegar a la entrada, porque dimos un buen rodeo para dejar al copiloto en su poblado, el guía no nos dijo nada, y esto no nos hizo mucha gracia más que nada por el hecho de no avisarnos, no por dejar al amigo masai en su poblado.
Por el camino, pudimos ver los paisajes típicos de la sabana africana:

Y también vimos buena cantidad de animales. Cebras “hermosotas”:


Para que luego digan que la verdura adelgaza.
También vimos una cría topi y su mamá:

Un centinela en su atalaya:

Y ya en la entrada de la Reserva éste curioso mono, con las “alforjas del amor” de color azul:

Entramos en el parque pasadas las 09:00, tenemos 6 horas de safari por delante. El sol empieza a calentar y suponemos que los depredadores ya estarán pensando en dormir, o en tumbarse a la sombra (cosa que comprobaremos más adelante). Sabemos que las probabilidades de poder ver una escena de caza disminuyen bastante, pero decidimos que eso no nos va a desanimar; vamos a cumplir un sueño, a recorrer Masai Mara durante un día y preferimos ver el vaso medio lleno. Estiramos un poco las piernas, mientras nuestro guía nos espera en el 4x4:

Comenzamos a adentrarnos en el parque, y empezamos a ver infinidad de herbívoros pastando. Vemos sobre todo cebras, ñus, gacelas e impalas. Es increíble la cantidad de vida que existe en ésta Reserva Natural. Estamos como niños pequeños, no sabemos ni hacia dónde mirar. Nos recorre el cuerpo una sensación y una emoción que recordaremos toda nuestra vida.
Vemos también multitud de restos óseos de animales, lo cual nos recuerda que donde hay vida, también hay muerte. Es el ciclo vital (véase “El Rey León”).
Detectamos en la lejanía un vehículo parado junto a un árbol. Nos acercamos y nos encontramos a un guepardo a la sombra, adormilado y perezoso como buen felino:


Precioso. Nos quedamos un rato observando pero parece que no tiene ganas de mover. Son las 10:00 y ya hace calor.
Observamos desde lejos una zona de vegetación que parece seca, y vemos moverse algo. Con los prismáticos comprobamos que son elefantes. Hay camino cerca, nos aproximamos y podemos contemplarlos a unos 30 metros, comiendo:


Impresiona ver a estos animales moverse y comer tan de cerca y tan tranquilos. Después de tomarles las fotos y vídeos que queremos, continuamos por la Reserva.
Por toda la llanura se ve movimiento. Nos topamos con un eland. Es el antílope más gande que existe. El guía nos dice que pueden llegar a pesar más de 1000 kilos:

Por donde pasamos nos encontramos de todo tipo de animales. Sobre todo ñus y cebras:


Descubrimos unos buitres y marabús dándose un festín a base de restos de cebra:


A continuación subimos a una pequeña colina, desde donde tomo la foto más fea del viaje:

Lo que vemos en la foto anterior es un incendio que hubo 10 días antes, provocado por un individuo (por decir algo) que tiró un cigarrillo, según nos dice el guía. Me reservo los comentarios sobre éste tema, porque no quiero decir palabrotas. Juzgad vosotros mismos.
Bajamos dirección al río Mara. Allí vemos, ente otros animales, hipos y un pedazo de cocodrilo que da miedo:


Deambulamos por el margen del río, intentando ver si se acerca algún grupo de animales con intención de realizar el cruce, pero no hay suerte, una lástima. Es una espina que se nos queda clavada.
A continuación, nos vamos a buscar una sombra para tomar un picnic. Los mejores árboles ya están ocupados. Buscando buscando, de repente nos aparece delante del camino un grupo de elefantes, que nos pasan por delante y detrás del coche, y nos rodean, pero sólo quieren seguir su camino, y pasan de largo.


Impresionante ver a estos inmensos animales pasar tan cerca. También descubrimos a un grupo de leonas, con sus crías durmiendo la siesta:



Encontramos nuestro árbol, en medio de la sabana. No parece que haya ningún animal cerca, y allí que paramos, nos sacamos la comida y a comer. Increíble hacerte un picnic con tu cerveza, en medio de la Reserva de Masai Mara, rodeados de hierbas de color ocre, con llanuras infinitas a nuestro alrededor y el cielo más azul que he visto nunca. Otra sensación que no olvidaremos.
Yo, que soy muy curioso descubro un “bicho” en el tronco del árbol. De primeras me parece una serpiente, cuando me fijo bien veo que es un lagarto. De todas maneras, no digo nada hasta que nos vamos a marchar, para que las chicas no se me alarmen (no tenía yo muchas ganas de buscar otro árbol donde comer). El guía me dice que es un “black striped lizard” o algo así (lagarto de raya negra):

Después de comer, continuamos con la vuelta. Falta poco para terminar, y sabemos que el guía no va a estirar ni un minuto más el safari, así que le metemos un poco de prisa. Pillamos a este facochero hembra:

Vimos una pareja de hienas:

De repente, por la radio notifican que hay una pareja de leones de “luna de miel”. Vamos a buscarlos, pero de camino nos encontramos una furgoneta atascada en una cuesta, y paramos a socorrerla. Nos tiramos un ratillo allí, se hizo la hora de salir de la reserva y finalmente el guía no fue en busca de los leones. Una pena para nosotros (también una pena para él, porque su propina continuaba bajando…). Obviamente, lo primero era prestar auxilio al vehículo atascado, pero no estuvimos más de 15 minutos ayudando y después habría costado poco dar por lo menos una vueltecilla en busca de la pareja de leones.
Pero como no hay mal que por bien no venga, nos quedaba presenciar uno de los momentazos del viaje. Tomamos dirección hacia la salida del parque y pasamos junto a un grupo de cebras, me fijo en una de ellas. Se comportaba de manera extraña, muy nerviosa. Llevaba algo colgando junto a la cola… ¡Era el cordón umbilical! Acababa de dar a luz, ¡y la pequeña cebra recién nacida estaba junto a ella, metida en la placenta todavía! Casi cojo por el cuello al guía para que de la vuelta, sólo la había visto yo. Nos acercamos muy muy despacio, intentamos sacar unas fotos rápidas y nos vamos volando para no molestar, porque vemos a la mamá algo nerviosa. Con el zoom a tope consigo sacar éstas fotos:



Nos alejamos de allí despacio intentando no armar mucho barullo, y antes de perder de vista a la madre la vemos acercarse y ayudar a la pequeña cebra a salir de la placenta. Lo dicho, momentazo.
Acto seguido nos dirigimos hacia la manyatta Masai. Por el camino vemos unos avestruces que echan a correr nada más vernos:

Y un grupo de mangostas que huyen hacia su madriguera al pasar el 4x4:

Llegamos a la manyatta, al poblado Masai. Mi mujer y yo no llevábamos ida de entrar en el poblado, pero era eso o quedarnos en el coche, y aunque no nos gusta lo que vemos decidimos hacer la visita.
Haré un pequeño resumen, sin fotos: es una visita a un poblado donde se supone que viven una pequeña comunidad Masai. Te hacen un baile los hombres, luego las mujeres. Hacen fuego con caca de vaca seca, y visitas el interior de un par de casas Donde se supone que viven ellos. Luego te llevan a la parte trasera del poblado, en donde tienen un pequeño mercadillo y te dan un poco la paliza para que compres algo. Me pareció una turistada que no repetiría. Es decir, si algún día vuelvo por allí, me quedaré en el coche.
De camino al camp vimos de todo. Se notaba movimiento porque el anochecer se estaba acercando:

Pudimos ver hipopótamos correteando campo a través, multitud de facocheros, jirafas, búfalos, cebras, ñus… Intentamos fijar la vista en los árboles, por si descubrimos al animal que nos falta por ver: el leopardo. Pero la suerte no acompaña, y llegamos al campamento sin haberlo avistado. Fue una pena habernos retirado cuando más movimiento de animales parecía que había, y no dejo de pensar qué podríamos haber visto si hubiéramos hecho el safari de ése día partido al amanecer y al anochecer (amén de la paliza que supone 8 o 9 horas de coche por Masai Mara sin descanso). Ésta fue la única pega que le encuentro al Enkerende: estar demasiado lejos de la entrada de Masai Mara para permitirte hacer un día de safari dividido en amanecer y anochecer. Aún así, el safari “intensivo” que hicimos fue una auténtica maravilla, si bien se hizo un poco pesado.
Por la noche, después de una merecida ducha y una buena cena se me ocurre sacar la cámara Polaroid que llevaba perdida por la mochila, y me pongo a hacer fotos a los Masai y a imprimir las imágenes al momento… La cara de más de uno era un poema. Los más jóvenes no paraban de pedirme fotos, y los que ya eran un poco más mayores tenían una expresión en la cara que era una mezcla de incredulidad y miedo a partes iguales. Después de echarnos muchas risas, intentar explicar cómo funciona la Polaroid (jejeje) y hacer fotos a todos y repartirlas, nos vamos a la cama. Ha sido el día más intenso del viaje y nuestros cuerpos nos piden descanso.