El día 9 de agosto es viernes. Ya no dan agua, con lo que decidimos poner rumbo norte, a la costa de Francia, saliendo tempranito, eso sí, para evitar coincidir con la llegada de todos los navarros hacia la playa de fin de semana. En 20 minutos se llega de Aniz a Irún y a la entrada de Francia por la autovía. En otros 20 minutos llegamos a la glamurosa Biarritz, que como otras ciudades costeras del Cantábrico como Santander o San Sebastián ha sido, desde hace más de un siglo, lugar de veraneo de las clases adineradas.
En Biarritz hay mucho turismo y mucho dinero. Están todas las boutiques de las grandes marcas y mucho aire de esa elegancia francesa tan especial en calles, casas y comercios. De hecho, vemos una tienda de bolsitos y complementos muy bonita y Olga compra allí todos los regalitos de compromiso. Yo aprovecho y me tomo en una preciosa confitería un croissant de los que se te saltan las lágrimas. No sé cómo conseguirán esa textura y ese sabor tan maravillosos. A punto estoy de entrar y comprarme otro, pero me contengo.
El palacio que se hicieron Napoleón III y su esposa Eugenia de Montijo en plena playa es hoy un hotelazo de lujo que la preside con todo su esplendor. Hace muy buen día y todo el mundo ha bajado a bañarse. Nosotros no, porque es tal la que hay que formar con los niños que Olga ha desistido.
Buscamos sitio para comer y como por todos lados se ven los mejillones tipo Bretaña o Bruselas, nos decidimos por ellos. Los pedimos de tres tipos distintos y están muy buenos. Somos incapaces de acabarlos porque las cazuelas las ponen hasta arriba. Pagamos 60 euros.
Nos dirigimos al parking a recoger el coche para poner rumbo a San Juan de Luz. Pensando que la carretera sería preciosa, cometo el error de no tirar por la autopista, sino por la costera. Es viernes por la tarde y nos comemos la caravana de las playas. Tardamos un buen rato en llegar a San Juan. Tras aparcar, descubrimos que se trata de un pueblo verdaderamente bonito, elegante, muy concurrido también pero de dimensiones manejables, no como Biarritz. En una tienda de conservas maravillosas, mi madre compra dos estuches de latas de los que da hasta pena abrir de lo bonitas que son: me regala uno y otro es para mi hermano.
Después nos sentamos en la terraza de un kiosco y tomamos crepes, muy ricos. Seguimos el paseo y descubro con sorpresa que en la iglesia se casó Luis XIV, el rey sol, con María Teresa de Austria, la hija del rey de España Felipe IV. La calle termina en el puerto, bonito de verdad, con las montañas al fondo. Definitivamente, San Juan de Luz es una joya.
Ponemos punto final a nuestra etapa francesa y volvemos, en tan solo media horita, a nuestra casa del valle de Baztán