DÍA 4: Louvre de principio a fin.
Este día estaba reservado para el Louvre, no sabíamos cuánto veríamos ni de qué manera, pero todo resultó estupendo y los niños se portaron de maravilla en una visita que a cualquiera agota.
Funcionó muy bien haber preparado con antelación un cuadernillo con fotos de distintas obras del Louvre. Ellos sabían muy bien qué iban a encontrar, y les encantaba ir viendo en directo lo que habían visto tantas veces en fotos. Acertamos también habiendo pasado un tranquilo día anterior.
Nos levantamos a buena hora, y al momento ya estábamos en el Pasaje Richelieu con mucha ilusión y dispuestos a ver lo más posible.

El Louvre abre todos los días de 9:00 a 18:00, cierra los martes; los miércoles y viernes cierra a las 22:00 . La tarifa normal cuesta 9 €. La Museum Pass es válida y evita largas colas. La entrada con este pase se hace por el Pasaje Richelieu.
Emocionándonos con el arte egipcio.
Iniciamos el recorrido pasando rápidos por los restos del Palacio del Louvre y… derechos al arte egipcio. Nos empeñamos en hacer todo el recorrido de Egipto seguido, lo que nos costó subir y bajar escaleras.
La Gran Esfinge, los millones de detalles del Antiguo Egipto (vida cotidiana, artes…), el Escriba Sentado nos emocionó especialmente con esa calidez que transmite. Y las pequeñas estatuas de Tutankamon y Nefertiti. Bueno y me encantó el gran busto incompleto de Tutankamon con su sombra recortada en la pared. Y qué decir de los millones de sarcófagos, con unas pinturas preciosas en su interior y ¡chan ta chan! la momia ¡qué miedo le dio a mi hija! ¡y cuánta curiosidad en saber qué era realmente! Nada como contarles a los niños, en su lenguaje, la magia de lo que tienen delante.
Emocionándonos con el arte egipcio.
Iniciamos el recorrido pasando rápidos por los restos del Palacio del Louvre y… derechos al arte egipcio. Nos empeñamos en hacer todo el recorrido de Egipto seguido, lo que nos costó subir y bajar escaleras.
La Gran Esfinge, los millones de detalles del Antiguo Egipto (vida cotidiana, artes…), el Escriba Sentado nos emocionó especialmente con esa calidez que transmite. Y las pequeñas estatuas de Tutankamon y Nefertiti. Bueno y me encantó el gran busto incompleto de Tutankamon con su sombra recortada en la pared. Y qué decir de los millones de sarcófagos, con unas pinturas preciosas en su interior y ¡chan ta chan! la momia ¡qué miedo le dio a mi hija! ¡y cuánta curiosidad en saber qué era realmente! Nada como contarles a los niños, en su lenguaje, la magia de lo que tienen delante.




El impresionante arte oriental antiguo.
Si yo creía que con el arte egipcio ya tendría bastantes emociones, esta vez descubrí algo que no recordaba de mis anteriores visitas: el arte oriental antiguo (Mesopotamia, Siria, Persia).
Los grandes leones alados asirios resultaban colosos impresionantes, y pensar en lo que habría llegado a ser en Persia el Templo de Darío I, con las enormes columnas, es fantástico. Nos llevamos allí bastante tiempo, disfrutándolo.
Si yo creía que con el arte egipcio ya tendría bastantes emociones, esta vez descubrí algo que no recordaba de mis anteriores visitas: el arte oriental antiguo (Mesopotamia, Siria, Persia).
Los grandes leones alados asirios resultaban colosos impresionantes, y pensar en lo que habría llegado a ser en Persia el Templo de Darío I, con las enormes columnas, es fantástico. Nos llevamos allí bastante tiempo, disfrutándolo.


Primer gran atasco: la Venus de Milo.
Y vistas todas las maravillas anteriores con bastante tranquilidad, recreándonos en los detalles que queríamos, llegamos al primer gran e incompresible atasco del Louvre: la Venus de Milo.
¡La pobre! casi que no se la veía entre la multitud, y eso que tiene una enorme sala para ella sola. La gente la rodeaba, conseguir una foto era casi imposible y bueno… entramos en la parte de escultura griega y romana con esculturas fabulosas que nadie miraba demasiado en ese afán por cazar la foto de la famosa.
Y vistas todas las maravillas anteriores con bastante tranquilidad, recreándonos en los detalles que queríamos, llegamos al primer gran e incompresible atasco del Louvre: la Venus de Milo.
¡La pobre! casi que no se la veía entre la multitud, y eso que tiene una enorme sala para ella sola. La gente la rodeaba, conseguir una foto era casi imposible y bueno… entramos en la parte de escultura griega y romana con esculturas fabulosas que nadie miraba demasiado en ese afán por cazar la foto de la famosa.

Los ojos, intentando huir de tanto alboroto, se nos iban a las pinturas de los techos, y la verdad es que el ambiente a ras de tierra empezaba a ser agobiante y mirar los fantásticos techos de las distintas salas del Louvre (que pasan tan desapercibidos entre tantos tesoros) era algo aconsejable. De todos modos, hay que reconocer que era la peor franja horaria, en torno a la mitad del día, quizás en otro momento...

Llegamos así, ya casi amogollonados, hasta las esculturas de Miguel Ángel, que parecen querer salir de la piedra en la que están talladas, pero la verdad es que la marea humana hacía difícil contemplarlas con tranquilidad.
La Victoria Alada de Samotracia, al pie de la escalera, parecía querer volar sobre el gentío.
La Victoria Alada de Samotracia, al pie de la escalera, parecía querer volar sobre el gentío.

Decidimos hacer una paradita, y salir al comer al McDonalds cercano (uf, pedir un menú en francés). Gracias a la Museum Pass salimos y luego volvimos a entrar sin ningún problema. Llovía fuera, visitando el museo no nos habíamos dado cuenta.
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Buscando a Cánovas desesperadamente.
Nos había quedado Cánovas en la parte de escultura que queríamos ver. Dimos unas cuantas vueltas. No conseguíamos entendernos con el plano (una constante en toda la visita ¡es un museo enorme!). Pero lo encontramos finalmente, y nos recreamos con su perfección.
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Buscando a Cánovas desesperadamente.
Nos había quedado Cánovas en la parte de escultura que queríamos ver. Dimos unas cuantas vueltas. No conseguíamos entendernos con el plano (una constante en toda la visita ¡es un museo enorme!). Pero lo encontramos finalmente, y nos recreamos con su perfección.

Y… vamos a la pintura.
Segundo y tremendamente ridículo gran atasco: la Gioconda.
La Gioconda está en la sala 6 de la primera planta del Ala Denon. No, no hay problema, imposible perdérsela. Millares de cartelitos la señalan y, si se pudiese ver el suelo, se notaría gastado en esa dirección.
Resulta del todo ridículo, de verdad, una verdadera aglomeración para “ver” un cuadro pequeño (más bien pasar por delante suya) , que necesitaría mucha tranquilidad para poder ser querido. Aquí vuelve a entrar el tema de los iconos culturales y yo este, la verdad, no lo entiendo en absoluto.
De todos modos conseguimos organizar algo con todo aquello: el reto de cazar la foto de la Monalisa. Los niños tenían la misión de atravesar la barrera humana (por el lateral más visible para nosotros, no estamos tan locos ;)) y hacer esa foto que todos buscaban casi con angustia vital. Fue la nota más divertida de la tarde y... la Gioconda no quedó tan mal.
Segundo y tremendamente ridículo gran atasco: la Gioconda.
La Gioconda está en la sala 6 de la primera planta del Ala Denon. No, no hay problema, imposible perdérsela. Millares de cartelitos la señalan y, si se pudiese ver el suelo, se notaría gastado en esa dirección.
Resulta del todo ridículo, de verdad, una verdadera aglomeración para “ver” un cuadro pequeño (más bien pasar por delante suya) , que necesitaría mucha tranquilidad para poder ser querido. Aquí vuelve a entrar el tema de los iconos culturales y yo este, la verdad, no lo entiendo en absoluto.
De todos modos conseguimos organizar algo con todo aquello: el reto de cazar la foto de la Monalisa. Los niños tenían la misión de atravesar la barrera humana (por el lateral más visible para nosotros, no estamos tan locos ;)) y hacer esa foto que todos buscaban casi con angustia vital. Fue la nota más divertida de la tarde y... la Gioconda no quedó tan mal.

Igual que en la escultura, cuadros fabulosos esperaban ser mirados. Nosotros jugamos buscando perritos escondidos en las Bodas de Caná, sonreímos ante el viejo verrugoso, nos sentimos indolentes como odaliscas, tristes como pierrot… los cuadros transmiten; pero el encanto se ha perdido ya en buena parte: el empacho de obras maestras, el cansancio y, sobre todo, las aglomeraciones, pasan factura.
¿Dónde está Vermeer? buscamos ya en exclusiva los cuadros que nos interesan. Después de muchas vueltas a por los de Vermeer encontramos en su lugar un cartelito: se los han llevado a Tokio.
Nos van cerrando las puertas de las salas con enormes rejas. Nos vamos después de un día de lo más completo.
¿Dónde está Vermeer? buscamos ya en exclusiva los cuadros que nos interesan. Después de muchas vueltas a por los de Vermeer encontramos en su lugar un cartelito: se los han llevado a Tokio.
Nos van cerrando las puertas de las salas con enormes rejas. Nos vamos después de un día de lo más completo.
