Todo preparado a las 7:10 ya que nos venía a recoger para llevarnos al Parque Manuel Antonio, ya sabíamos que no se pueden meter alimentos tipo snaks ni nada parecido, ya que los monos y los mapaches están hechos unos especialistas en el robo. Si se pueden meter bocadillos, así que nuestra intención es realizar la visita con el guía y luego quedarnos disfrutando del parque.

El parque no decepciona, se pueden ver todo tipo de animales incluso el mono titi, el único que nos faltaba para ver las 4 especies que viven en el país.

Posteriormente disfrutamos de las playas de Espadilla Sur, con menos gente y más oleaje, y de la de Manuel Antonio, ideal para el baño pero con cien ojos puestos en las mochilas porque a los temerarios mapaches no había manera de espantarlos y comprobamos que eran de lo más hábiles abriendo cremalleras.
Después de pasar el día en el parque y nuevamente en el transporte público, ya que nos resultaba muy cómodo y barato, nos fuimos al hotel para asearnos y salir a cenar.
Mientras nos encontrábamos en el hotel, por fin empezó a llover con ganas, pensábamos que nos íbamos a ir de Costa Rica sin ver esas lluvias ecuatoriales, y nuevamente la naturaleza nos sorprendió, pues justamente frente a nosotros y en pleno chaparrón, un perezoso decidió que era su momento de bajar del árbol para hacer sus necesidades y desde la terraza lo estuvimos contemplando.
Una vez escampó un poco la lluvia salimos a cenar y nuestra elección recayó en el restaurante La Cantina ya que habíamos pasado varias veces por la puerta y nos llamaban la atención sus parrillas y que fuera tipo barbacoa.
Pedimos 3 platos para compartir entre los dos: costillas, pargo y ensalada, la verdad es que fue mucha cantidad, y la preparación no es que fuera exactamente a las barbacoas que acostumbramos en España, pero el precio no fue caro.
Cuando terminamos de cenar de nuevo cogimos el autobús y de vuelta al hotel a descansar.