A las 4 de la mañana me desperté con un ruido atronador en la puerta del bungalow, era un mono aullador, cualquiera salía a tomar el aíre…
A las 6 nos levantamos, preparamos el equipaje, fuimos a desayunar y a las 7:15 nos recogió Humberto para llevarnos a la frontera con Belice.
El trayecto duró casi 2 horas y como el paisaje tampoco era muy interesante, fuimos dando cabezadas todo el camino. Sobre las 9:00 llegábamos a Melchor de Mencos que es una de las fronteras entre Guatemala y Belice. Nos bajamos del coche y entramos en una caseta de inmigración para hacer la salida de Guatemala, el trámite no llevó más de 10 minutos. Volvimos al coche, recorrimos una corta distancia y nos bajamos otra vez, pero ya con el equipaje. Pagamos a Humberto 3000 Gtq, unos 350€, 1600 por los trayectos Río Dulce/Tikal (5h), Tikal/Melchor (2h) y 1400 por el trayecto Melchor/Belice (2h), que, aunque lo hacía otro conductor, él se encargaba de pagarle. Solo para dos personas sale caro, saldría bien yendo más, pero bueno, la comodidad se paga. Allí nos despedimos de Humberto y de Guatemala, un país que nos había encantado tanto por lo que habíamos visto como por su gente que es realmente encantadora.

ADIOS GUATEMALA Y HOLA BELICE
BELICE
Primero os haré una breve introducción al país ya que no es muy conocido.
Belice es un pequeño país que hace frontera al norte con México, al oeste y al sur con Guatemala y al este da al mar Caribe. El idioma oficial es el inglés, aunque la mayoría también hablan español y criollo. La capital es Belmopán, no Belice city a pesar de que esta última es la ciudad más importante y más poblada del país. La moneda es el dólar de Belice que equivale a unos US$0.50 y 0.40€.
Los conquistadores españoles la hicieron colonia, pero al explorar la tierra, vieron que no había tantos recursos como en los países vecinos y optaron por no colonizarla. Pronto llegaron los colonos ingleses y escoceses y los llamados Baymen, que eran piratas ingleses que se instalaron en la costa para atacar a los barcos españoles. España cedió la tierra a los colonos a condición de que terminasen los actos de piratería. Ese es el motivo por el que el idioma oficial es el inglés, por los años de dominio británico. En 1964 Gran Bretaña concedió a la Honduras Británica, como la llamaban ellos, el autogobierno y en 1973 pasó a llamarse Belice, Belize en inglés. La total independencia la consiguieron en 1981, pero Guatemala, reclamaba sus derechos de soberanía sobre parte del territorio de Belice, el que España no les concedió a los ingleses en el Tratado de París y fue necesario que soldados británicos se quedasen en la zona para proteger a Belice de la amenaza del país vecino.
Tiene varias ciudades mayas, pero es más conocido por sus cayos, próximos a la barrera de coral, la segunda más importante después de la de Australia, que dan la oportunidad de bucear y hacer snorkel sin embargo, no tiene largas playas de arena blanca, en algunos sitios puedes encontrar pequeñas playas pero en su mayoría, lo que tienen es lo que llaman “Sea Wall”, es decir, muros que dan al mar con unas escaleritas como las de las piscinas por las que acceder al agua.
Nuestro mayor interés en Belice era ir a los cayos, pero también queríamos ver alguna ciudad maya. La más próxima a la ciudad es Lamanai que además añade el atractivo de que se accede a ella a través de un bonito recorrido por el río. Como solo íbamos a estar una noche en Belice City, no teníamos claro cuándo sería mejor hacer esta excursión y decidimos esperar a estar allí para consultarlo y decidirlo.
A las 09.30 ya estábamos en Belice. Enseguida vimos a Moisés, nuestro nuevo conductor al que habíamos contratado por medio de Humberto, le saludamos, cargamos el equipaje y salimos hacia Belice City. Era de origen guatemalteco pero criado en Belice y tenía doble nacionalidad, eso nos lo contó Humberto, porque él era de pocas palabras. A diferencia de Byron y Humberto, Moisés apenas habló durante el trayecto.
Además del idioma, el paisaje también cambió. Las casas eran más tipo americano, pero en plan cutrecillo y la gente era en su mayoría de color.
Fuimos durante un rato bordeando el río Copán que es la frontera natural con Guatemala. Tardamos 2 horas en llegar a Belice City.



Ya que estábamos allí y para descansar de tanto coche, decidimos tomarnos algo en la terraza del bar con vistas al río del Lamanai Landing Hotel & Marina. Menos mal que se podía pagar con dólares americanos porque todavía no teníamos dólares de Belice. El sitio era agradable y lo recomiendo incluso para hacer allí una noche antes o después de ir a Lamanai. Allí probamos por primera vez la cerveza beliceña, la Belikin, muy rica. (2 cervezas 5€)

Salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel, queríamos localizar la terminal del taxi boat para el día siguiente y resultó que estaba a solo 5 minutos caminando del hotel. Por lo demás no vimos nada de ambiente, ni tiendas ni nada, aunque había una gran plaza con un gran cartel de “Welcome to Belize” y puestos cerrados que supusimos estarían abiertos solo cuando llegasen los cruceros, ya que es una parada habitual de estos.

Nos duchamos y arreglamos, por fin podía ponerme tacones, y fuimos a cenar al restaurante del hotel Radisson que está justo enfrente. Lo primero que hicimos fue intentar sacar dinero en el cajero que hay dentro del hotel, pero no aceptaba nuestra tarjeta y ya entramos en pánico pensando que no íbamos a poder sacar en los bancos de Belice, pero preguntamos a un empleado y nos dijo que ese cajero no aceptaba las tarjetas europeas pero que el del Heritage Bank que estaba en el centro, sí, así que decidimos ir al día siguiente y esa noche pagar la cena con tarjeta de crédito. Vimos que había al lado un mostrador para contratar excursiones y por curiosidad, pregunté si daría tiempo de ir al día siguiente a Lamanai y volver para tomar el barco de las 17:00 y me dijo que sí, o sea que la jefa de Moisés nos había informado fatal. Salía muy caro, como $200 por persona y teniendo en cuenta que ya habíamos tirado $150 en el intento, decidimos no hacerla e irnos a Caye Caulker tempranito para aprovechar el día allí.
El restaurante del hotel curiosamente se llama “Baymen Tavern”, o sea, la taberna de los piratas a los que llamaban así. Tiene una parte cubierta decorada en plan pub inglés y donde no hay quien pare por el aire acondicionado y luego una zona de terraza. La comida era estilo americano, no estuvo mal y no fue cara.
Volvimos al hotel y tras tomarnos nuestro gin tonic de rigor en la bonita terraza de la casa colonial nos fuimos a dormir, esta vez sin prisas porque no pensábamos madrugar mucho al día siguiente.