Lunes, 7 de Agosto.
Este día nos dimos el lujo de no madrugar demasiado, llevábamos muchos días levantándonos muy temprano y total, nos esperaba un día de mucha lluvia, la previsión meteorológica para la zona era horrible. El día anterior nos planteamos ir a Okayama para ver su castillo y los famosos jardines, pero no merecía la pena con la que iba a caer. Al final, como ya adelanté en la etapa anterior, decidimos darle una oportunidad a la tercera ciudad del país, Osaka, que nunca nos planteamos meter en el itinerario ya que a priori no tenía mucho que me nos interesara.
Desde Hiroshima cogimos otro Shinkansen hasta la estación de Shin-Osaka, que no está en la zona centro de la ciudad, pero es una estación donde paran los trenes de alta velocidad. Allí buscamos unas consignas para guardar las maletas y quedamos en reencontrarnos allí por la tarde a cierta hora. De nuevo el grupo se dividía. Juanlu e Isa ya conocían la ciudad de su anterior viaje y decidieron pasar el día en el parque de la Universal, mientras que Mar, Victor y yo ya conocíamos la Universal de Los Ángeles y no nos llamaba mucho, y menos con el día que teníamos.
Desde Shin-Osaka a la estación de Osaka propiamente dicha hay una línea de tren que también está incluida en el JR PASS, así como la línea circular de la ciudad, que fue la que nosotros utilizamos. Al salir de la estación nos encontramos con una zona moderna, de rascacielos, cristal y acero. Este tipo de ciudades no me suelen motivar mucho, y en el caso de Osaka así fue.
Nuestra primera visita fue el edificio Umeda Sky Building. Este rascacielos está considerado uno de los 20 edificios más importantes del mundo por su construcción según una asociación de arquitectos, y en el mirador de los pisos superiores se pueden ver las fotos de cada uno de este selecto grupo de edificios. La particularidad que tiene es que consta de dos torres unidas por una plataforma redonda que hace las veces de mirador, y esta plataforma fue construida en tierra y elevada posteriormente con grúas hasta su ubicación actual. El edificio en sí no me pareció nada del otro mundo, y las vistas en un día lluvioso tampoco eran nada espectaculares, al menos desde allí vimos un edificio que es atravesado ¡¡por una autopista!! Estos japoneses están locos. Otra curiosidad del edificio son las escaleras mecánicas que hay que tomar para subir y bajar a la plataforma, que están encerradas en unos tubos transparentes dando la sensación de que están suspendidas en el aire.
Tras visitar las alturas bajamos a las profundidades. Allí se encuentra una zona que recrea callejones de las antiguas ciudades japonesas, imitando la arquitectura tradicional, y cada establecimiento es una izakaya o restaurante típico. Como era la hora de la comida (para los japoneses) estaba lleno de oficinistas.

Volvimos a la estación y para coger la línea circular con la intención de ver el castillo de Osaka, quizá la visita cultural más importante de la ciudad. No es el original, ya que tuvo que ser reconstruido tras la guerra mundial, pero por dentro cuenta con una exposición bastante interesante... que no pudimos ver. Cuando estábamos saliendo de la estación de metro más cercana una chica española nos dijo que debido al tifón habían cerrado el castillo, y de hecho, estaba lloviendo mucho en ese momento. Aprovechamos para tomar un café a ver si se calmaba un poco, y en un rato la lluvia cesó y pudimos acercarnos hasta el castillo y al menos verlo por fuera, así como los fosos que lo rodean y las murallas. Por fuera es bonito, aunque quizá me quedo con el de Himeji.

Tras la visita se puso a llover otra vez, más fuerte que antes incluso, por lo que comimos en un buffet libre que encontramos por allí y después directos a la estación de Osaka, donde pasamos el tiempo que nos quedaba en un centro comercial haciendo tiempo para ir a Shin-Osaka a reunirnos con Juanlu e Isa. Desde aquí teníamos que llegar a Matsusaka, una ciudad en la prefectura de Mie. El camino hacia Matsusaka fue algo accidentado, y es que tras parar en Nagoya, donde teníamos que cambiar de tren, nos dijeron en la estación de JR que nuestro tren había sido cancelado por el tifón
Siempre que hablaba con gente que había estado en Japón sobre nuestros planes y dormíamos un día en Matsusaka, todos ponían cara rara y me preguntaban que por qué. No es una ciudad que tenga nada interesante para ver, aunque para los japoneses sí es muy famosa por la ternera de Matsusaka, cuya calidad está considerada incluso por encima de la de Kobe. Nosotros no íbamos por esto, de hecho ni siquiera nos importaba la ciudad, pero sí que nos venía bien como base logística para la visita del día siguiente, por tener las dos compañías de tren que necesitábamos y por tener unos hoteles que no eran especialmente caros comparados con otros de la zona de Mie, que es un destino vacacional importante para los japoneses que buscan unos días junto al mar.
La llegada a Matsusaka no pudo ser más deprimente. Era de noche y llovía a cántaros, la estación de tren (compartida por las dos compañías, la pública JR y la privada Kintetsu) era bastante cutre para los estándares japoneses y estaba prácticamente desierta. No había oficina de información ni nada que se le pareciera, sólo la taquilla con un señor que no sabía inglés con el que conseguimos entendernos. Nuestro hotel estaba cerca de la estación, ya que es algo que leí aquí en el foro, que siempre era mejor buscarse los hoteles cerca de las estaciones, y al menos no tuvimos que andar mucho, pero lo poco que vimos era una ciudad anodina. Nuestro hotel fue el Ace Inn Matsusaka, con unas habitaciones y unos baños minúsculos, más aún que el Sakuraya de Miyajima.

El recepcionista del hotel tampoco sabía demasiado inglés pero nos dio la alegría del día al comprobar que la previsión meteorológica era buena para el martes, parecía que Noru se iba ya por fin de nuestras vidas. Tampoco había muchos sitios para cenar por la zona del hotel precisamente, así que fuimos a un combini y compramos cosas para comer en la recepción del hotel, que nos dejaron usar una mesita que había allí. Una cosa buena que tenía el hotel era que ¡tenía desayuno incluido! ¡Viva! Pero nuestro gozo en un pozo, el desayuno era tipo japonés y no nos hizo mucha gracia a ninguno...
Y con eso ya a dormir y a coger fuerzas para el día siguiente, otra etapa a la que le teníamos muchas ganas desde que empezamos a preparar el viaje.