Afrontábamos con mucha ilusión esta escapada organizada a última hora a través de una conocida agencia de viajes on line. Estábamos ya con los últimos preparativos cuando el viernes, a pocas horas de las salida (sobre las 15:00 h), nos avisan de vueling que nuestro vuelo (VY6337) con salida a las 7:30 del sábado don salida desde Barcelona y con destino Milán ha sido cancelado a causa de la huelga de controladores aéreos en Francia. El corazón me da un vuelco, ya que tras consultar con la agencia no hay posibilidad de reembolso de las dos noches de hotel, ni tampoco de las actividades que ya tenemos contratadas de antemano (subida a las terrazas del Duomo y excursión al Lago de Como y Belaggio). Lo único que no podrán devolver será el importe de los vuelos, ya que al ser una huelga por causas ajenas a vueling no hay indemnización.
Tras el shock inicial nos disponemos a sopesar las diversas opciones: No hay opción de viajar el mismo sábado con vueling, ya que el otro vuelo destino Milán también ha sido cancelado. Nos dan la opción de volar el domingo, pero igualmente perderíamos una noche de hotel y las actividades (unos 300 Euros). Así que decidimos ( sin pensarlo demasiado, por cierto) que nos devuelvan el importe de los vuelos e iniciar la aventura por nuestra cuenta, en coche.
Tras salir un poco antes del trabajo, hacer la maleta, comer algo ligero y descansar un poco nos disponemos a iniciar la marcha, son las 8:45 de la tarde. El viaje se hace bastante ameno, al principio. Paramos en la Jonquera para llenar el depósito antes de entrar en tierras galas, donde el precio del combustible se dispara considerablemente. Creo que ponemos a 1,26 el litro de gasoil, cuando en francia no hemos visto que baje de 1,55.
Tenemos una hoja de ruta muy muy sencilla, sin prisas. Los puntos a seguir serán Montpellier, Marsella, Niza , Génova y Milán, sin más. Vamos más o menos pendiente del navegador del coche, pero sólo para observar el camino a seguir, no nos va a hacer falta tirar de él en todo el trayecto . Y no vamos tampoco a tener momentos de duda en cuanto a qué carretera coger, está todo perfectamente indicado sin lugar a dudas (en Italia no tanto...).
Tras perder la cuenta de las tarjetitas que nos van dando y los peajes que vamos pasando (4€, 7€, 12€, 24€...) paramos a cenar algo en una de las fantásticas areas de servicio que se encuentran en territorio francés. Hace poco que hemos pasado Montpellier . Las instalaciones son fabulosas, todo muy limpio, y hay diversas opciones para comer,beber y tomar café. A pesar de las hora (pasadas las 12 de la noche) hay bastante gente, incluso coincidimos con un equipo deportivo (no sabría decir de qué deporte...).
Después de estirar las piernas continuamos con nuestro trayecto, que ya no se hace tan ameno como al principio, así que decidimos que en la próxima parada aprovecharemos para dormir un rato. Sino el sábado se nos puede hacer muy largo. Tras pasar la zona de Marsella nos comienza a atacar el sueño y paramos en un área tranquila para descansar un par de horas . Son las 3:00 AM.
Sobre las 5:00 AM reeprendemos la marcha y nos vamos acercando poco a poco a territorio Italiano. Está amaneciendo cuando pasamos la zona de Niza, después Mónaco y casi sin darnos cuenta estamos en Italia. Calculo a bote pronte que los peajes en territorio francés han superado los 50€...
Este autopista pasa por un terreno bastante sinuoso, con carretera relativamente estrecha y constantes subidas y bajadas, lo que unido al cansancio dificulta la conducción. Ya en territorio Italiano, sobre las 7:00 AM paramos en un área para desayunar. Algo sencillo, un cafè latte y una pasta. Decir que las áreas Italianas son más parecidas a las españolas que a las francesas. Aquí observamos que el gasoil es aún más cara que en Francia...
Continuamos la úiltima parte del trayecto, dirección Génova y después Milán. Llegamos al area Metropolitana sobre las 9 (el peaje desde la frontera, 29 euros) , pero aquí nos atascamos un poco con el tráfico y a pesar de mantener siempre la dirección correcta, no llegamos al hotel hasta las 9:30 . Se trata del Best Western Antares Concorde, un hotel de cuatro estrellas con estética de principios de siglo pero bastante moderno. No podemos aún hacer el Check-in, así que dejamos el coche en el Parking (gratuito para clientes) y nos dirigimos al centro de Milán.
El hotel está situado a 2 minutos a pie de la parada de” Turro”, que forma parte de la linea 1 de metro (Roja), la que pasa por los lugares más céntricos de la ciudad. Así que en menos que canta un gallo (concretamente 8 paradas de metro y 10-12 minutos aproximadamente) estamos viendo la Catedral del Duomo en plena salida del metro de Milán. Són más o menos las 10 y media y la plaza está abarrotada de gente, con colas interminables y controles de seguridad por todos lados...



Tras situarnos un poco, vemos que para entrar en la catedral hay dos colas, una para los que no llevan entrada para las terrazas (muy muy larga) y otra para los que si la llevan (mucho más corta), así que sacamos nuestras entradas y tras 5-10 minutos de espera, y tras estrictos controles de seguridad, estamos dentro de la catedral. La catedral es muy grande y bastante bonita. Además parece que hay bastante más gente fuera haciendo colas que dentro, con lo que la visita no se hace en absoluto agobiante. Hay puestos para alquiler de audioguías aunque como no lo utilizamos no recuerdo el precio.


Il Duomo di Milano –duomo proviene del latín domus dei, casa de Dios–, es la catedral más grande de Italia, por delante de la catedral de Florencia. ¿La más grande de Italia? Sí, recuerda que San Pedro está en la Ciudad del Vaticano, que es otro país (además de ser una basílica). Sus más de 10.000 metros cuadrados pueden albergar a 40.000 fieles. Pero si su tamaño impresiona, casi lo hace más el tiempo que se tardó en construirla: la primera piedra se colocó en 1386 y no se dieron por finalizadas las obras hasta 1965. Casi seis siglos para construir uno de los mejores ejemplos de gótico: la fachada, el interior y su tejado.
Vista la catedral nos disponemos a subir a las terrazas. Entradas en mano (compradas en GetYourGuide por 14 € por persona para subir a pie, en ascensor creo que son 18 €), y tras una cola de menos de 15 minutos y el control de segurida nos disponemos a subir los 165 peldaños de la escalera. La subida se hace un poco pesada, porque en la misma escalera de caracol se sube y se baja, con lo que te cruzas con gente constantemente pero en menos de 10 minutos estamos arriba. Una vez arriba, hay una especie de “recorrido” por todo el tejado. Durante el mismo se pueden observar nada menos que 135 agujas, cada una coronada por una estatua, se elevan hacia al cielo desde lo alto de la catedral .



Un bosque de columnas construido para ser visto desde la distancia, y desde abajo. Pero con un nivel de detalle tal que, cuando subes hasta la terraza, no puedes evitar quedarte boquiabierto. Son varios los niveles de terraza/azotea en la catedral de Milán. Desde los laterales en los que pasear bajo los arbotantes sobre los techos de las naves laterales, hasta el nivel superior. El más grande, en el que llegan a ofrecerse conciertos de música clásica, es el más alto de todos y se encuentra sobre el techo de la nave central. Bajo la atenta mirada de la Madonnina, a 108,5 metros de altura sobre la plaza, uno se encuentra en el paraíso de la arquitectura gótica.



Dada la cantidad de gente, se hace un poco agobiante la visita. Además hay colas para pasar por todas las estancias. Pero la verdad es que es espectacular. Creo que es de las cosas que más valen la pena de todo el fin de semana. Lo malo es que hace muchísima calor, y en los sitios que no hay sombra la estancia se hace agobiante. Una vez visto todo, a hacer más colas para bajar...
Después de apreciar la fachada de la catedral en todo su explendor (no será la última vez), nos dirigimos a la galerías Vittorio Manuelle, que se encuentran a la derecha de la fachada de la catedral, en la misma plaza del Duomo. Es un espacio de ocio repleto de tiendas de todo tipo y restaurantes. Son las 12:30 así que decidimos acercarnos a una tienda de ropa de una conocida marca para comprar algo de ropa, como no hacerlo en la ciudad de la moda?? . El centro comercial es enorme, con tres plantas y los precios son bastante competitivos.
Una vez cubierto el “compromiso”, nos disponemos a buscar un sitio para comer. Son las 13:00 pasadas y los lugares con más nombre ya tienen interminables colas. La verdad es que no esperábamos encontrar tanta gente por todas partes, Milán en estas fechas parece una de las grandes capitales europeas... Nos decidimos por la pizzeria Gino, donde hay sitio de sobra. Pedimos dos pizzas y una ensalada con queso “burratta” . No la recomiendo. Demasiado caro para lo que ofrece (43€) Pero al menos nos sirve para descansar un poco, ya que sólo hemos dormido 2 horas en un área de servicio y el cansancio empieza a pasar factura.
Después del descanso y de curiosear un poco por las galerías, nos disponemos a continuar con nuestro recorrido, callejeando por las calles del centro de Milán, Nuestro siguiente destino es la Basílica di Santa Maria Presso San Satiro. La iglesia, construida englobando el más antiguo sacelio de San Sátiro cuyo nombre recibió, es célebre por albergar el llamado «falso coro» de Bramante, obra maestra de la pintura en perspectiva renacentista italiana. Vale la pena la visita, si os acercais al altar vereis el “secreto que alberga”.

Nuestro callejeo nos lleva hasta la Piazza Mercanti, que ofrece una bonita vista de la Catedral de Milán en la distancia. Esta plaza representaba en la edad media el centro neurálgico comercial e institucional de la ciudad y aún hoy en día está repleta de representativos edificios (alberga diversos palacios).

La calor y el cansancio está haciendo estragos, así que decidimos hacer otro “break” antes de afrontar la parte final de este largo día. El local elegido para la merienda fue el “Panini Durini”, una franquicia de comida rápida de calidad. La verdad nos gustó mucho, zumos naturales exquisitos y buenos bocadillos. De hecho el sábado volvimos para cenar...
Continuamos con nuestro paseo por la “Vía Dante”, una calle peatonal que te llevea directamente desde la Plaza dei Mercanti hasta la plaza Cairoli donde está la entrada al castillo. Sería el equivalente en Milán a las Ramblas de Barcelona. La calle está repleta de restaurantes, comercios de todo tipo, puestos de venta ambulante y personas que intentan ganarse la vida con expectáculos tanto visuales como musicales. Es para tomarse el paseo con calma porque hay gente que lo hace realmente bien. Una vez en la plaza Cairoli aprovechamos para asegurarnos del punto de partida de la excursión de mañana, no hay pérdida está en la oficina de Turismo de la ciudad.

Desde la plaza se observa el Castillo Sforzesco. Está repleto de museos, pero nosotros nos limitamos a pasear por sus jardines y a observar sus torres y murallas. El castillo fue construído como fortaleza en 1368, para ser transformado posteriormente en un espléndido palacio que quedaría totalmente destruído durante la república Ambrosiana. La familia Sforza se esforzó por convertir el castillo en una de las cortes más impresionantes de italia. Tras diversos “contratiempos” (Napoleón ordenó su demolición en 1801) se devatió su futuro durante los últimos años del S.XIX, y finalmente fue restaurado (1905).
Parte de esta restauración fue la construcción del Parque Sempione (Junto al Castillo), uno de los pulmones de la ciudad. Para nosotros fue realmente reparador poder pasear en este parque repleto de jardines, estanques y zonas verdes. Queríamos acabar el día con la subida a la “torre Branca”, una torre de metal de 108 metros de altura con ascensor donde por 4€ tienes unas excelentes vistas de la ciudad, pero estaba cerrada por obras, así que nos tuvimos que conformar con las vista del Arco Della Pace, uno de los monumentos más imponentes y clásicos de Milán , que señalizaba en ingreso en la ciudad. Fue encargado por Napoleón en 1806, pero la derrota del mismo en la batalla de Waterloó pospuso su finalización. Esta se produjo gracias al emperador Francisco I de Austria, en 1836. A lo lejos y, salvando las distancias, recuerda vagamente al Arco del Triunfo de París.



Nos sentamos a descansar en una terraza del parque, pero después de media hora de espera y que no nos atiendan, nos marchamos y decidimos volver al hotel, nuestros cuerpos no dan para más. Cogemos el metro en la plaza de Cairoli (linea 1) y a eso de las 7 de la tarde estamos en el hotel. Check-in, ducha y a descansar. Tras una siesta de un par de horas, hacemos unos bocadillos con productos que ya traíamos de Barcelona (una de las ventajas de viajar en coche) y bajamos a tomar una copa cortesía de Voyage Privé. A eso de las 22:30 nos vamos a dormir, creo que el día ya no da más de sí...