Esta mañana volvimos a madrugar un montón, esto de no haber persianas te obliga a madrugar bastante.
La mañana era gris y hacia una ligera llovizna, nos dirigimos al ayuntamiento que está a unos 15 minutos del hotel, al llegar compramos las entradas, 110 SEK, de momento, al ser Abril, solo era visita del ayuntamiento, la torre solo se puede visitar a partir de Mayo.



En el ayuntamiento es donde hacen la famosa cena de los Nobel, con las escaleras donde bajan los premiados, la visita tiene una duración de 45 minutos, visitando los salones azul, el precios salón dorado y varias estancias más, el edificio de ladrillo rojo es todo un símbolo de la ciudad, en la parte que da al lago hay una plaza porticada y unos bonitos jardines.
Terminada la visita nos encaminamos hacia la famosa plaza Stortorget, la más antigua de la ciudad, es la típica de todas las fotos de Estocolmo, donde también hay el museo Nobel que visitamos, no es demasiado grande, pero interesante, justo al lado está la Catedral de San Nicolás, o Sankt Nikolai kyrka, la más antigua de Estocolmo y sede de la diócesis de Estocolmo, que también visitamos, una maravilla, sobretodo la estatua de San Jorge que es preciosa, donde dicen hay unos relicarios del santo.


A unos cinco minutos está el El Palacio Real o Kungliga Slottet, el más grande de la monarquía sueca, de momento lo visitamos solo por fuera y como eran las 12:15h. vimos el cambio de guardia, menos mal que el día poco a poco iba mejorando. Por dentro lo dejamos para el último día de nuestro viaje.
Como habíamos leído recomendaban una chocolatería que servían comidas también, en la plaza Stortorget, fuimos para allá a comer, se llama Chokladkoppen, yo me pedí una lasaña, mi mujer una patata rellena con una especia de ensaladilla y mi hijo una lasaña vegetariana, de postre pastel de frutos rojos y un tazón de chocolate caliente especialidad de la casa.
Con la energías renovadas, continuamos paseando hacia la isla Skeppsholmen, bordeando los embarcaderos del mar Báltico, es un paseo de unos veinte minutos. Una vez allí cogimos el ferry para ir la isla de enfrente, la isla de los museos o Djurgården, en está isla están la mayoría de museos de Estocolmo, el ferry te deja delante del parque de atracciones, cogimos la primera calle a la izquierda que nos llevo directamente al Museo Vasa.


La entrada al museo tiene un precio de 130 SEK , una vez superada la entrada te encuentras de frente con ese espectacular navío, es literalmente IMPRESIONANTE, el Vasa es un navío del siglo XVII, construido entre 1625 y 1628, por orden de Gustavo Adolfo II , querían hacer el mayor buque de guerra jamás construido, con 69 metros de eslora, pero el mismo día de su botadura solo recorrió 300 metros, pillo una ráfaga fuerte de viento y se hundió, no fue hasta 333 años después que lo sacaron del fondo del mar, lo tuvieron 17 años en una solución de polietienglicol, para por fin poderle hacer un museo expreso para el y exhibirlo.
La visita de este museo es algo imprescindible para quien vaya a Estocolmo, a mi personalmente me ha gustado mucho, esta todo muy bien explicado y tienes todas la vistas posibles del buque, con miradores en las diversas plantas del edificio.
Después del museo, decidimos ir al parque Kungsträdgården, para tomar un refrigerio en uno de sus bares, casi todos de inspiración norteamericana.

Mas relajados, para hacer tiempo hasta la hora de cenar, fuimos a visitar alguna de las variadas estaciones de metro decoradas de la linea azul, verde y roja.
Las más bonitas e interesantes son la T- Centralen con pinturas de doce artistas, la Kungsträdgarden de la linea azul con esculturas, la Solna Centrum de color rojo intenso, La Stadion de la linea roja con señales de colores y un gran arco iris, la Tekniska högskolan de la linea roja con los cuatro elementos y la estación de Rådhuset que simula una cueva, con una gigantesca columna que parece soporte de toda la estación.




de vuelta a nuestro barrio de Gamla Stan, al salir del metro, regresamos al mirador del ascensor Katarina, para que nuestro hijo lo viera, esta vez no tuvimos tanta suerte, el ascensor interior estaba cerrado por lo que tuvimos que subir por las escaleras.

De vuelta a Gamla Stan, que está a unos diez minutos. Ya teníamos hambre así que escogimos para cenar el restaurante Vapiano, situado justo al lado de la parada de metro.
Al entrar te dan una tarjeta para que vayas pidiendo comida en los varios mostradores, cada uno dedicado a un tipo de comida, pizzas, ensaladas, pasta, etc. y luego al salir pagas el total cargado en la tarjeta, el precio es moderado, cenamos por unos 120 SEK por cabeza y muy bien.
Regresamos al hotel que estaba a 5 minutos del restaurante y a descansar que ya hacia falta.