No dormimos mucho. A las 12 o antes ya estábamos despiertos. Y la cosa era qué hacer en el país.
Vueling no cogía ninguno de los teléfonos y el chico de la embajada nos dijo que a él tampoco. Intentamos que un grupo de 26 catalanes mayores a los que les había pasado lo mismo nos admitieran en unas excursiones que su agencia de referencia en Rumanía les había organizado. Su guía acompañante catalana nos dijo que era un grupo cerrado y ni nos dio un teléfono al que llamar.
Después de semejante muestra de colaboración decidimos como último recurso llamar a la guía que habíamos llevado durante el recorrido. Y fue gracias a su gestión que conseguimos las dos excursiones que haríamos, a modo privado, lunes y martes.
Con eso solucionado y un poco más animados nos fuimos a comer. Nos dieron un menú ya cerrado compuesto de una crema de verduras y una hamburguesa con pollo rebozado. No había postre pero la comida era buena y suficiente.
Después de haber llenado el estómago teníamos que hacer algo. Decidimos ir a Bucarest a dar una vuelta. Para llegar teníamos que coger el bus 783 (compramos las tarjetas en el mismo hotel con 3 viajes cada una por 20 RON/tarjeta). La parada está al lado de la salida del hotel.
El trayecto hasta la Plaza Uniriï, final del viaje, no está cerca. Se tarda unos 45-60 minutos en llegar. Y como viene del aeropuerto va bastante lleno. Eso sí, es una manera sencilla y bastante económica de hacer ese trayecto.
Por fin podemos explorar la Plaza, que hasta la fecha sólo habíamos visto un poco de refilón. La preside una fuente enorme (que no tiene todos sus recovecos llenos de agua ni mucho menos) pero también hay algunas zonas verdes. Lo primero que hicimos fue ir a unas tiendas que hay enfrente a comprar algo de ropa de verano. No íbamos suficientemente bien preparados para enfrentarnos sin algo fresco a lo que nos quedaba por delante, con temperaturas en Bucarest de unos 31ºC. Después empezamos un pequeño recorrido.
La primera parada de la tarde, y bastante importante, es el Museo Nacional de Historia. La entrada cuesta 10 RON y da derecho a ver las exposiciones temporales.
Primero fuimos a ver una de las exposiciones temporales dedicada a Esteban el Grande, donde vimos, entre otras cosas, muchas alusiones a los monasterios de Bucovina.
Después pasamos a la zona de la exposición permanente. Fuimos en primer lugar a la planta inferior para ver el espectacular tesoro. Cuenta con unas 3000 piezas en unas 40 vitrinas. Básicamente se ven joyas aunque también hay algunos objetos religiosos que van desde la prehistoria hasta el siglo XX. Varios tesoros antiguos, diademas, tiaras, una mitra, joyas que pertenecieron a Alexandru Ioan Cuza o a la casa real rumana…Podemos ver la corona del rey Carol I, las coronas de las reina Isabel (su esposa) y María, un libro de poemas de la reina Isabel, el cetro de Fernando I, la maza de Carlos II…La verdad es que sólo por eso ya vale la pena la visita. Pero no acaba aquí porque aún tenemos que ver el Lapidarium (una colección importante de lápidas, incluso romanas) y sobre todo la réplica (aunque desmontada) de la Columna Trajana.
Para quien no lo sepa la Columna Trajana es un monumento conmemorativo que se encuentra en la ciudad de Roma y que se erigió por orden del emperador Trajano (un vídeo del museo de Bucarest explica cómo se hizo). Se construyó en el año 113, mide 30 metros de altura y como si de un comic se tratara explica con bajorrelieves cómo el emperador venció a los dacios.
Los dacios ocupaban una zona comprendida entre las actuales Rumanía, Moldavia, una parte de Bulgaria, Serbia, Hungría y Ucrania. Su capital estaba en Sarmizegetusa, en Rumanía.
El más famoso de los reyes dacios era Decébalo (cuyo busto vimos en el aeropuerto de Otopeni). El emperador Domiciano (el de Los asesinos del emperador de Santiago Posteguillo, libro que recomiendo encarecidamente) mandó a su ejército a castigarles y conquistarles puesto que los dacios no perdían el tiempo y solían atacar ciudades romanas. No salió bien como tampoco tuvieron éxito campañas posteriores. Hasta que llegó Trajano. Derrotó al ejército dacio cerca de Tapae pero sufrieron grandes bajas. El año siguiente Decébalo lanzó un duro contraataque pero los romanos le derrotan y ganan más territorio en sus dominios. No obstante el rey dacio atacó de nuevo. Trajano hizo construir entonces a Apolodoro de Damasco una obra de ingeniería única, un fortísimo puente sobre el Danubio, algo que parecía casi imposible de lograrse. Medía 1135 metros de largo y 19 metros de alto y en cada extremo había una fortificación. Contaba con 20 arcos de madera asentados sobre pilares de ladrillo, mortero y cemento.
Dacia cayó en manos de los romanos definitivamente en el año 106 y se incorporó al Imperio. De hecho Rumanía le debe mucho a los romanos, hasta su nombre y su lengua. ¿Y qué fue de Decébalo?. Pues como la columna narra magistralmente una vez vencido se suicidó.
Yo he visto la columna original pero recomiendo a todos los que tengan opción que vean esta réplica. Es una manera magnífica de ver todos los detalles.
El museo de Historia tenía hasta hace poco una estatua muy polémica de Trajano desnudo con una loba capitolina en los brazos (la cabeza de la loba se unía a la cola de un dragón, símbolo dacio). Se encargó a un artista rumano prestigioso y al parecer pretendía rendir homenaje a los orígenes de la nación. Sea porque era objeto de muchas burlas (estaba nada menos que en la escalera de entrada al museo) sea porque ni al director del museo le gustaba, lo cierto es que ahora de ella sólo queda el pedestal. He visto unas fotos y la verdad es que dejaba bastante que desear.
Nos dedicamos luego con ahínco a recorrer entera la calle Victoria, de principio a fin. Y no está nada mal porque es bastante larga. Así nos pudimos detener a observar algunos de los edificios que hasta el momento sólo habíamos visto desde el autobús.
Dimos una vuelta luego por la zona antigua, de manera rápida, y fuimos a Plaza Uniriï a coger el autobús. Llegamos al hotel a la hora de cenar. Una sopa y un poco de lomo a la brasa con patatas.
Vueling no cogía ninguno de los teléfonos y el chico de la embajada nos dijo que a él tampoco. Intentamos que un grupo de 26 catalanes mayores a los que les había pasado lo mismo nos admitieran en unas excursiones que su agencia de referencia en Rumanía les había organizado. Su guía acompañante catalana nos dijo que era un grupo cerrado y ni nos dio un teléfono al que llamar.
Después de semejante muestra de colaboración decidimos como último recurso llamar a la guía que habíamos llevado durante el recorrido. Y fue gracias a su gestión que conseguimos las dos excursiones que haríamos, a modo privado, lunes y martes.
Con eso solucionado y un poco más animados nos fuimos a comer. Nos dieron un menú ya cerrado compuesto de una crema de verduras y una hamburguesa con pollo rebozado. No había postre pero la comida era buena y suficiente.
Después de haber llenado el estómago teníamos que hacer algo. Decidimos ir a Bucarest a dar una vuelta. Para llegar teníamos que coger el bus 783 (compramos las tarjetas en el mismo hotel con 3 viajes cada una por 20 RON/tarjeta). La parada está al lado de la salida del hotel.
El trayecto hasta la Plaza Uniriï, final del viaje, no está cerca. Se tarda unos 45-60 minutos en llegar. Y como viene del aeropuerto va bastante lleno. Eso sí, es una manera sencilla y bastante económica de hacer ese trayecto.
Por fin podemos explorar la Plaza, que hasta la fecha sólo habíamos visto un poco de refilón. La preside una fuente enorme (que no tiene todos sus recovecos llenos de agua ni mucho menos) pero también hay algunas zonas verdes. Lo primero que hicimos fue ir a unas tiendas que hay enfrente a comprar algo de ropa de verano. No íbamos suficientemente bien preparados para enfrentarnos sin algo fresco a lo que nos quedaba por delante, con temperaturas en Bucarest de unos 31ºC. Después empezamos un pequeño recorrido.
La primera parada de la tarde, y bastante importante, es el Museo Nacional de Historia. La entrada cuesta 10 RON y da derecho a ver las exposiciones temporales.
Primero fuimos a ver una de las exposiciones temporales dedicada a Esteban el Grande, donde vimos, entre otras cosas, muchas alusiones a los monasterios de Bucovina.
Después pasamos a la zona de la exposición permanente. Fuimos en primer lugar a la planta inferior para ver el espectacular tesoro. Cuenta con unas 3000 piezas en unas 40 vitrinas. Básicamente se ven joyas aunque también hay algunos objetos religiosos que van desde la prehistoria hasta el siglo XX. Varios tesoros antiguos, diademas, tiaras, una mitra, joyas que pertenecieron a Alexandru Ioan Cuza o a la casa real rumana…Podemos ver la corona del rey Carol I, las coronas de las reina Isabel (su esposa) y María, un libro de poemas de la reina Isabel, el cetro de Fernando I, la maza de Carlos II…La verdad es que sólo por eso ya vale la pena la visita. Pero no acaba aquí porque aún tenemos que ver el Lapidarium (una colección importante de lápidas, incluso romanas) y sobre todo la réplica (aunque desmontada) de la Columna Trajana.
Para quien no lo sepa la Columna Trajana es un monumento conmemorativo que se encuentra en la ciudad de Roma y que se erigió por orden del emperador Trajano (un vídeo del museo de Bucarest explica cómo se hizo). Se construyó en el año 113, mide 30 metros de altura y como si de un comic se tratara explica con bajorrelieves cómo el emperador venció a los dacios.
Los dacios ocupaban una zona comprendida entre las actuales Rumanía, Moldavia, una parte de Bulgaria, Serbia, Hungría y Ucrania. Su capital estaba en Sarmizegetusa, en Rumanía.
El más famoso de los reyes dacios era Decébalo (cuyo busto vimos en el aeropuerto de Otopeni). El emperador Domiciano (el de Los asesinos del emperador de Santiago Posteguillo, libro que recomiendo encarecidamente) mandó a su ejército a castigarles y conquistarles puesto que los dacios no perdían el tiempo y solían atacar ciudades romanas. No salió bien como tampoco tuvieron éxito campañas posteriores. Hasta que llegó Trajano. Derrotó al ejército dacio cerca de Tapae pero sufrieron grandes bajas. El año siguiente Decébalo lanzó un duro contraataque pero los romanos le derrotan y ganan más territorio en sus dominios. No obstante el rey dacio atacó de nuevo. Trajano hizo construir entonces a Apolodoro de Damasco una obra de ingeniería única, un fortísimo puente sobre el Danubio, algo que parecía casi imposible de lograrse. Medía 1135 metros de largo y 19 metros de alto y en cada extremo había una fortificación. Contaba con 20 arcos de madera asentados sobre pilares de ladrillo, mortero y cemento.
Dacia cayó en manos de los romanos definitivamente en el año 106 y se incorporó al Imperio. De hecho Rumanía le debe mucho a los romanos, hasta su nombre y su lengua. ¿Y qué fue de Decébalo?. Pues como la columna narra magistralmente una vez vencido se suicidó.
Yo he visto la columna original pero recomiendo a todos los que tengan opción que vean esta réplica. Es una manera magnífica de ver todos los detalles.
El museo de Historia tenía hasta hace poco una estatua muy polémica de Trajano desnudo con una loba capitolina en los brazos (la cabeza de la loba se unía a la cola de un dragón, símbolo dacio). Se encargó a un artista rumano prestigioso y al parecer pretendía rendir homenaje a los orígenes de la nación. Sea porque era objeto de muchas burlas (estaba nada menos que en la escalera de entrada al museo) sea porque ni al director del museo le gustaba, lo cierto es que ahora de ella sólo queda el pedestal. He visto unas fotos y la verdad es que dejaba bastante que desear.
Nos dedicamos luego con ahínco a recorrer entera la calle Victoria, de principio a fin. Y no está nada mal porque es bastante larga. Así nos pudimos detener a observar algunos de los edificios que hasta el momento sólo habíamos visto desde el autobús.
Dimos una vuelta luego por la zona antigua, de manera rápida, y fuimos a Plaza Uniriï a coger el autobús. Llegamos al hotel a la hora de cenar. Una sopa y un poco de lomo a la brasa con patatas.