Cuarto y último día de viaje, la ruta de hoy está condicionada al regreso a nuestra casa, en Coruña. Tras dejar las llevas del apartamento, iríamos hasta Poncebos para subir al pueblo de Bulnes en funicular y bajar andando. Tomaríamos el coche y comeríamos en Posada de Llanes, para después visitar ciertos enclaves de la costa asturiana como la Playa de Gulpiyuri o los Bufones de Prías.
Después de unos 40 minutos de trayecto en coche, llegamos de nuevo a Poncebos, localidad conocida pues desde allí empezáramos la Ruta del Cares. Esta vez íbamos a tomar el funicular para poder llegar a Bulnes, ya que es uno de los pocos pueblos que no tiene carreteras de acceso, es imposible llegar a Bulnes en coche. Hasta el año 2001 la única forma de llegar era andando, ahora podemos hacerlo además mediante un funicular.
El Funicular a Bulnes, no sin cierta polémica, comenzó a funcionar en el año 2001. En 8 minutos y una longitud de dos kilómetros salva un desnivel de 400 metros bajo las entrañas de la montaña asturiana. Es evidente que a los lugareños esta construcción les ha tenido que cambiar la vida.

La frecuencia en temporada alta es cada 30 minutos desde las 10 hasta las 20 horas. Es recomendable hacer la ida en el funicular, y bajar andando desde Bulnes. Si se decide hacer ida y vuelta en el funicular la tarifa es de 21,50 euros pero, si sólo vas a hacer uno de los trayectos, te toca desembolsar 17,10 euros.

Una vez en Bulnes, nos esperan unas hermosas casas de piedra que se disponen formando pequeñas callejuelas empedradas que invitan a pasear y a perderse por la zona. La localidad se divide en dos pequeños barrios, y Bulnes de Abajo o La Villa y Bulnes de Arriba o Del Castillo y, cuenta con hoteles, bares y comercios.


Como monumento, podemos destacar la Capilla de las Nieves.


En Bulnes encontramos un autentico ambiente rural, rodeados de la compañía de vacas y ovejas.

La propia naturaleza crea lugares muy bonitos.

Andando apenas 15min tendremos unas impresionantes vistas del Pico de Urriellu (Naranjo de Bulnes).


Tras la visita iniciamos la bajada hacia Poncebos.

Es también un ruta espectacular, pues discurre entre el medio de las montañas.

Personalmente, me parece más dura que la Ruta del Cares (y eso que solo hicimos la bajada y solo son 4 km), ya que las pendientes son mucho más pronunciadas.


Tras la bajada, salimos hacia el Puente de la Jaya, y ya llegamos la carretera.


Datos técnios de la ruta de senderismo
- Acceso: la ruta se inicia desde Poncebos (al igual que la ruta del Cares)
- Recorrido: lineal (ida y vuelta por el mismo sendero)
- Dificultad: media
- Bien señalizada
- Longitud: 4kilómetros (ida)
- Tiempo estimado: 1h 15´ (ida)
- Desnivel: 500 metros


Nos dirigimos esta vez hacia la costa asturiana, y como iba siendo hora de comer, hicimos una parada en Posada de Llanes donde comimos en un restaurante el menú del día.
Tomamos el coche y nos dirigimos hacia la Playa de Torimbia, situada en el concejo de Llanes, en la localidad de Niembro.

Por sus cualidades está clasificada como playa natural, su entorno paisajístico es agreste, bello y espectacular, que se ve aumentado por la presencia de un acantilado de más de 50 metros cerrándola. Se trata de una de las playas nudistas más emblemáticas de todo el litoral cantábrico, así como uno de los arenales naturistas mejor considerados de España.

Hay que llegar al pueblo y luego seguir los indicadores que conducen hacia una pista asfaltada que trepa por el acantilado hasta alcanzar un collado a una considerable altura, en el Cabo Prieto. La pista concluye en un aparcamiento, a partir del cual hay caminar si se quiere alcanzar el arenal.
Si no se va con intención de bañarse, desde el propio aparcamiento sale un sencillo sendero que lleva hasta un mirador que hay en la punta del cabo, de camino al cual se van divisando unas fantásticas vistas de la playa. En realidad, el mirador es todo ese camino.
En este mismo mirador ofrece también una vista fantástica sobre otra playa, la de Toranda, muy cerca de Niembro, muy bonita, especialmente por el paisaje que la rodea. Tiene forma de concha y arena blanquecina, una longitud de unos 300 metros.

Volvimos a coger carretera para poder llegar a la Playa de Gulpiyuri. Es una pequeña playa situada en el concejo de Llanes, al norte del pueblo de Naves, a mitad de camino entre las localidades de Ribadesella y Llanes declarada monumento natural. Se trata de una playa interior, sin mar, situada a 100 metros tierra adentro respecto al borde costero.

En una costa acantilada de roca caliza el mar fue creando una cueva hacia el interior y el fondo de la cueva se hundió, (un fenómeno kárstico conocido como dolina), dejando un pequeño hueco circular de unos 50 m de diámetro a 100 m de la costa. Este hundimiento sigue conectado con la costa y entra el agua de mar, notándose también las mareas y disponiendo de una playa de fina arena.

El agua del mar entra por un agujero de unos diez metros y forma una playa de unos 40 metros que solo existe con marea baja, porque cuando está alta la arena desaparece bajo el agua, quedando como una especie de piscina salada. Llama mucho la atención que en medio del monte se pueda encontrar una playa así de repente.

Regresamos al coche y pusimos rumbo a los Bufones de Pría. Se trata de grietas en la roca caliza de un acantilado por las que se cuela el agua del mar, provocando auténticos surtidores de agua a presión. La visión es muy similar a la de un géiser.

Es un fenómeno geológico bien curioso. La erosión puede llegar a crear grandes cuevas subterráneas donde se acumula agua y aire que, bajo ciertas circunstancias, se comprimen y acaban saliendo al exterior con una fuerza descomunal. Hay algunos bufones que llegan a alcanzar los 20 metros de altura.

Los más conocidos en Asturias son los Bufones de Pría, en la localidad de Llames de Pría. Allí se debe dejar el coche y seguir caminando por los impresionantes acantilados que veremos en frente. En los días que la mar está agitada el espectáculo es sorprendente, es un lugar fantástico, las vistas desde sus acantilados merecen el viaje y si la marea es alta el espectáculo es inimaginable.
Desgraciadamente, únicamente pudimos escuchar unos pocos y el espectáculo no era muy espectacular, ya que el mar estaba relativamente calmado.

Tras esta visita, dimos por concluida nuestra visita y pusimos rumbo a nuestra casa. Espero que os haya gustado el diario y que os pueda servir de utilidad.