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RONDA (MÁLAGA). UN EMBRUJO ANDALUZ DIFERENTE. -Diarios de Viajes de España
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Diario: DE VIAJE POR ESPAÑA  -  Localización:  España  España
Descripción: Pueblos, ciudades y naturaleza. En coche y rutas de senderismo. Destinos y recorridos clásicos y lugares no tan conocidos. Lo iré ampliando e incorporando etapas según vaya visitando nuevos lugares o recupere algunos del pasado.
Autor: Artemisa23   Fecha creación: 
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Índice del Diario: DE VIAJE POR ESPAÑA


























































































































Etapa:  RONDA (MÁLAGA). UN EMBRUJO ANDALUZ DIFERENTE.  -  Localización:  España España
Descripción: Nuestra visita a Ronda de un día, noche incluida. Las fotos tienen distinta intensidad de luz porque fuimos por los mismos sitios a diferentes horas de la tarde y de la manaña.
Artemisa23  Autor:    Fecha creación:   
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En la geografía andaluza, y también en la española, Ronda es uno de los destinos románticos por excelencia, de esos que podemos considerar como de visita obligada al menos una vez, al menos para vivimos en la península. Hace tiempo que me apetecía volver tras un montón de años desde nuestro primer viaje, ya no recuerdo ni cuántos. Sin embargo, es uno de esos sitios que, pese a las décadas transcurridas, se me quedó grabado en la memoria, aunque solamente conservo un par de fotos de entonces. Así que aproveché nuestra escapada andaluza de últimos de febrero, cuyos destinos he relatado en las anteriores etapas de este diario, para incluir Ronda, aunque para ello me vi obligada a hacer algún equilibrio en recorridos y fechas. Por supuesto, mereció la pena.

Situación de Ronda en el mapa peninsular según Google Maps.

Ronda, que actualmente cuenta con una población cercana a los 35.000 habitantes, está situada al noroeste de la provincia de Málaga, a unos 100 kilómetros de la capital y, por poner una referencia, a 551 kilómetros de Madrid. Pertenece a la comarca de la Serranía de Ronda, que presenta una gran cantidad de atractivos turísticos, por ejemplo, visitar pueblos como Gaucín, Benalauría, Genalguacil, Altocín o Grazalema y realizar rutas de senderismo. Todo eso queda pendiente para otro viaje ya que solamente disponíamos de tiempo para visitar la ciudad de Ronda en sí, lo que ya requiere horas y tarea.

Acceso desde Madrid por carretera según Google Maps.

Lo primero que se debe considerar al ir a Ronda es la fecha. Si en la mayoría de lugares con gran afluencia turística resulta muy recomendable huir de los fines de semana, puentes y festivos, en Ronda lo es mucho más porque las aglomeraciones se producen de continuo, incluso entre semana, ya que a la belleza de su casco antiguo se unen la espectacularidad de su Tajo, su leyenda particular y la cercanía a Málaga y la Costa del Sol, lo que hace que el número de visitantes, extranjeros en gran parte, se multiplique por varios dígitos. Por eso, cuando confeccioné el itinerario de nuestra escapada, este destino lo puse en lunes y martes, previsiblemente los días de menos afluencia de gente y también con el alojamiento menos saturado y, muy importante, bastante más barato. Bueno, pues incluso así, el nivel de ocupación hotelera era bastante alto, al igual que los precios, si bien mucho menos prohibitivos que durante aquel mismo fin de semana.

Acceso desde Málaga por carretera según Google Maps.

Pensar en Ronda es traer a la mente su ubicación, el famoso Tajo, portada de tantas guías turísticas de la zona, pues uno de los mayores encantos de la localidad es que está situada en una meseta rocosa entre sierras, a 723 metros de altitud, aposentada sobre el profundo desfiladero labrado por el río Guadalevín, afluente del Guadiario, con un impresionante cañón de hasta 100 metros de altura que separa la ciudad antigua de la moderna.



Río Guadalevin, remanso en el Tajo.

De modo que, a la hora de buscar alojamiento para nuestra única noche allí, me apetecía reservar una habitación que dispusiera de una de esas codiciadas ventanas que se asoman directamente al vacío. No es que resulte imprescindible, ni siquiera especialmente recomendable (hay varios alojamientos de calidad sin vistas y más baratos), porque existen miradores suficientes para contemplar el tajo desde perspectivas muy diferentes a cualquier hora del día o de la noche. En realidad, se trataba de un capricho. La primera opción que barajé fue la del Parador Nacional, que cuenta con una ubicación privilegiada junto a Puente Nuevo. Soy usuaria habitual de los Paradores e incluso tengo su tarjeta de amigos, pero en este caso el precio de una habitación estándar (sin desayuno ni vistas) era de 180 euros, lo cual me pareció una pasada y desistí al momento.

El Parador de Turismo.

Mirando en internet, encontré la opción del Hotel Don Miguel, de tres estrellas, que está en la Plaza de España, justo enfrente del Parador. Cuenta con dos edificios, uno más moderno que no da al Tajo, y otro más antiguo, que sí. Aunque muchos comentarios señalaban que el interior del edificio antiguo necesita una modernización urgente, lo cierto es que la habitación que reservamos, en la penúltima última planta, con dos balcones y una terraza que mostraban unas espectaculares vistas al Tajo (hay que fijarse bien en este detalle al hacer la reserva para no quedar decepcionados posteriormente), aunque de decoración sencilla era cómoda, espaciosa y estaba perfectamente acondicionada, incluso con bañera de hidromasaje. El precio fue de 83 euros sin desayuno, con lo cual el capricho no salió tan caro.

Nuestro alojamiento, arriba a la izquierda, los balcones sobre un tejadillo marrón.

Vertiginosas vistas desde la habitación.

Desde el balcón del cuarto de baño se contemplaba una magnífica panorámica de la Plaza de España, con el Parador de Turismo, que ocupa el edificio del antiguo mercado de abastos, que fue también el primitivo ayuntamiento, y del que se ha respetado la fachada original.


Otro aspecto esencial al ir a Ronda es el aparcamiento porque el coche es el peor amigo una vez allí. Para no tener problemas, decidimos dejar nuestro vehículo en un parking subterráneo en la Plaza del Socorro, a unos 100 metros del hotel, lo cual nos evitaba tener que estar pendientes de horarios y demás rollos. Sale algo más caro, pero en ciertos sitios merece la pena un pequeño gasto extra a cambio de la tranquilidad que proporciona, al menos para nosotros.

Plaza del Socorro de noche.

Llegamos a Ronda a media tarde, todavía con tiempo suficiente de dar una vuelta antes de que se pusiera el sol. Y, pese a ser un lunes de febrero, la estupenda temperatura hacía que hubiese bastante concurrencia, sobre todo muchos estudiantes españoles y turistas extranjeros de todas las edades. Ni me imagino cómo puede estar este sitio los fines de semana o en primavera y verano. En el hotel nos dieron un plano turístico que nos vino muy bien para planificar el orden de los sitios que queríamos visitar, algo muy conveniente porque en Ronda hay mucho que ver, si bien la mayor parte de los lugares interesantes no están muy lejos unos de otros. Por supuesto, se va caminando a todos ellos.

Plano turístico que nos entregaron en el hotel.

Dada la ubicación del hotel, nuestro punto de partida fue el Puente Nuevo, lugar esencial por las vistas y también de referencia porque une los dos cascos históricos, el más antiguo, que coincide con lo que fue la medina árabe y donde se concentran la mayoría de edificios históricos, con otro más nuevo, plagado de tiendas, restaurantes, bodegas, bares y cafeterías. Algo más alejada queda la ciudad moderna, sin especial interés turístico. Por cierto que la Oficina de Turismo se encuentra en el Paseo Blas Infante s/n, muy cerca de la Plaza de Toros.

Panel turístico informativo municipal con los principales lugares para visitar.

Un poquito de historia.

Al igual que muchas otras comarcas andaluzas, por los hallazgos arqueológicos (pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta) se sabe que el entorno de Ronda estuvo poblado desde el neolítico, aunque los orígenes más remotos de núcleos urbanos se remontan a Arunda, fundada por los celtas en el siglo VI a.C., y a la aldea fenicia de Acinipo. Sin embargo, se cree que fueron los romanos quienes fundaron Ronda como tal en el siglo III a.C., cuando, en el curso de sus campañas contra los cartagineses, construyeron una fortificación en torno a la cual se unieron Arunda y Acinipo, a cuyos habitantes se les concedió el estatus de ciudadanos romanos. Por cierto que las ruinas de Acinipo se pueden visitar, en especial el teatro romano del siglo I a.C., que conserva el frente de la escena de sillería y gran parte de las gradas (cavea), talladas en la roca aprovechando el desnivel del terreno. Lamentablemente, aunque pasamos por la misma puerta, no pudimos ver los restos de esta antigua ciudad porque cierra los lunes, precisamente el único día que lo hubiésemos podido visitar. Con lo que me gustan las piedras antiguas... En fin, otra vez será.

El pasado remoto de Ronda en el Museo Municipal sito en el Palacio de Mondragón.

Después de los romanos llegaron otros pueblos (suevos, imperio bizantino, visigodos), pero fueron los musulmanes los que encumbraron Ronda, primero integrada en el Califato de Córdoba y, luego, con los Reinos de Taifas, cuando llegó a convertirse en reino independiente, época de la cual datan los principales monumentos de su casco histórico. Los Reyes Católicos la conquistaron en 1485 tras un largo asedio. A lo largo del siglo XVI y XVII la ciudad se extendió, se reconstruyeron las construcciones árabes y se erigieron nuevos barrios, adquiriendo en gran parte el aspecto que conserva hoy en día.

Ronda en 1382 según un grabado que fotografié en la Casa del Gigante.

Mientras que el siglo XVIII trajo nuevas edificaciones, como el Puente Nuevo y la Plaza de Toros, el siglo XIX labró buena parte de su leyenda romántica con el desarrollo del bandolerismo como consecuencia de la especial virulencia que adquirieron en la Serranía las luchas de la Guerra de la Independencia, con la formación de partidas de salteadores organizados en guerrillas que al tiempo que combatían se dedicaban al asalto de caminos y el contrabando. Sin embargo, aparte de que la lucha contra el invasor convirtiese a muchos salteadores en héroes, aunque no lo fueran, el fenómeno existía (y no solo en Andalucía, recordemos a Luis Candelas en Madrid) desde finales del siglo XVIII y se prolongó hasta el primer tercio del siglo XX. El bandolero andaluz más conocido es José María Inojosa, “El Tempranillo”, (1805-1833), en quien concurren hechos reales y leyendas; en la propia Serranía de Ronda se movió José María Mingolla, “Pasos Largos” (1873-1934”, considerado el último bandolero español. Quienes estén interesados en este tema pueden visitar el Museo del Bandolero, en la calle Armiñán, 65. No era nuestro caso, así que no fuimos. Por lo tanto no puedo opinar.

El casco antiguo de Ronda.


Todas estas andanzas constituyeron una prolija materia que emplearon algunos escritores para difundir en sus novelas una imagen mítica del bandolero, que podía ser tanto benefactor de los pobres frente a los poderosos como despiadado criminal, que atrajo a muchos viajeros, sobre todo de otros países, alimentando y difundiendo un folclore que no siempre respondía a la realidad. No obstante, el mito ha colaborado a que Ronda sea conocida en todo el mundo, con la consiguiente explosión turística de la que se ha beneficiado su economía. Y como reconocimiento a los “viajeros románticos”, el ayuntamiento rondeño ha instalado en la entrada a la ciudad antigua, en la calle Armiñán, un gran mosaico de azulejos que representa los cascos históricos separados por el Tajo y con citas de personajes como Washington Irving, Benjamin Disraeli, el Marqués de Custine, Antoine de Latours o Prospere Mérimee.


Lugares para visitar.

Tomando como inevitable referencia el Tajo y el Puente Nuevo, junto a la Plaza de España, los más importantes son los siguientes:

En el casco histórico nuevo, antes de llegar al Puente Nuevo: la Plaza de Toros, el Convento de la Merced y la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro.


El casco antiguo, cruzando el Puente Nuevo hacia la Calle Armiñán: el Convento de Santo Domingo, la Iglesia de la Virgen de la Paz, la Casa de Don Bosco, el Museo de Joaquín Peinado, la Casa del Gigante, el Palacio de Mondragón, la Iglesia de Santa María la Mayor, el Convento de las Clarisas, el Ayuntamiento, la Puerta de Almocábar, la Iglesia del Espíritu Santo, las Murallas del Carmen y el Minarete de San Sebastián.

Casco antiguo

En las proximidades del Puente Viejo: la Fuente de los Ocho Caños, la Iglesia del Padre Jesús, el Puente Árabe o de las Curtidurías, los Baños Árabes, el Arco de Felipe V, el Palacio de Salvatierra y la Casa del Rey Moro.


Del Puente Nuevo al Puente Viejo se puede por el interior del casco antiguo o por los Jardines de Cuenca, que ofrecen unas vistas fantásticas del Tajo de Ronda.



En cuanto a miradores imprescindibles, los ya mencionados del propio Puente Nuevo y los Jardines de Cuenca, el del Paseo Kazimori Yamahuchi (paralelo al Parador de Turismo), el Mirador de la Aldehuela, el Mirador de los Viajeros Románticos, el Mirador de la Sevillana, el Mirador hacia el Puente Nuevo (se contempla el puente desde el sendero que desciendo al lecho del río), Mirador de la Plaza de María Auxiliadora, etcétera. Estos son los principales que tienen nombre, pero hay muchos otros lugares desde los que se contemplan unas perspectivas espléndidas.

Jardines de Cuenca a la izquierda y Mirador de la Aldhuela a la derecha.

Vista del Puente Nuevo desde el sendero que baja a los Molinos.

El barrio antiguo desde el Paseo Kazimori Yamahuchi.

Mi recorrido por Ronda.

Tarde de paseo por Ronda.

Por la tarde, nada más salir del hotel, la primera perspectiva de Ronda y su Tajo la tuvimos desde el Puente Nuevo, actualmente convertido en el símbolo de la ciudad, su imagen más conocida, y que cuenta con un Centro de Interpretación. Situado junto a la Plaza de España y construido a finales del siglo XVIII, se trata de una imponente obra de ingeniería de Martín de Aldehuela, que, salvando el Tajo, comunica la ciudad nueva con la antigua medina árabe, un barrio también conocido como La Ciudad.


Alcanza 98 metros de altura y consta de un arco central sobre el que se asienta otro de enormes proporciones, flanqueado por otros dos más pequeños a modo de balcones, a una altura un poco superior. También se utilizó como cárcel. Sí ya en sí mismo el puente resulta impresionante, no lo son menos las vistas que se contemplan desde su propio suelo empedrado y desde los lugares cercanos. Casi siempre se encuentra abarrotado de gente, y no es “un” lugar imprescindible en Ronda, sino “el” lugar imprescindible para ver en Ronda, el que todo el mundo visita y donde se reúne todo el mundo.


Dependiendo de la luz de la jornada, cada hora presenta una estampa distinta pero siempre bella, no hay más que buscar el ángulo adecuado porque se puede contemplar prácticamente desde todas las perspectivas.


Entre la gente que se agolpaba en las barandillas para hacerse las típicas fotos, cruzamos al otro lado, hasta el Mirador de la Aldehuela, al que se accede pasando una verja, con lo cual supongo que tiene un horario establecido, aunque debe ser muy amplio. Desde este privilegiado balcón se ve la Plaza de España, el Parador, el Tajo, los Jardines de Cuenca, la Casa del Rey Moro, el Puente Viejo, las sierras al fondo… Tampoco hay que perdérselo.




Como todavía no teníamos intención de visitar la parte antigua, volvimos a cruzar el puente y en la Plaza de España giramos por la primera calle de la derecha, la Calle del Rosario, y luego, de nuevo a la derecha, tomamos la Calle Virgen de los Remedios, que nos llevó hasta los Jardines de la Mina o Jardines de Cuenca, cuyo nombre actual se debe a que Ronda se encuentra hermanada con la ciudad de Cuenca.


Estos jardines, creados en 1975 aunque modificados en 2010 y 2016, van desde el Puente Viejo al Puente Nuevo (no hay acceso directo desde aquí), están situados en la Calle Escollera de Ronda, en la misma cornisa del Tajo, y presentan varias terrazas prácticamente colgadas sobre las escarpaduras a distinto nivel que ofrecen unas vistas fabulosas de ambos puentes, del Tajo, con el río incluido, y de la antigua medina, lo que, en mi opinión, merece mucho más la pena que los jardines en sí mismos. El acceso es gratuito y constituyen una estupenda opción para convertir en circular el itinerario entre la ciudad nueva y la vieja. Totalmente recomendables. Se toman unas fotos estupendas y están mucho menos concurridos que los alrededores del Puente Nuevo.




Aunque el sol estaba ya bajo y la luz comenzaba a escasear, decidí continuar hasta el Puente Viejo, lo crucé tras sacar un montón de fotos y, a través del Arco de Felipe V, accedí al casco antiguo, por donde di un tranquilo paseo, sin otro objeto que identificar sitios para visitar al día siguiente, puesto que la mayor parte de los lugares de interés cierran en torno a las seis en invierno, salvo la Casa del Rey Moro, que se demora hasta cerca de las ocho, aunque me pareció que no tenía mucho sentido entrar de noche. Por lo que vi finalmente, quizás estaba equivocada, pero no me arrepiento de haber hecho la visita por la mañana.


Esta zona estaba mucho más tranquila que la de los alrededores del Puente Nuevo, más que eso diría que solitaria, ya que apenas me crucé con una docena de personas mientras recorría callejuelas y plazas, descubriendo en sus fachadas el Palacio de Salvatierra, la Casa del Rey Moro, el Ayuntamiento, la Iglesia de Santa María la Mayor, el Palacio de Mondragón, la Casa del Gigante… Por el momento, voy a poner algunas fotos del itinerario y dejo para más adelante las explicaciones de cada sitio, según los fui visitando al día siguiente.




Me gustó mucho la Plaza de María Auxiliadora, donde localicé otro mirador con nuevas vistas espléndidas pese a que la poca luz que había ya. De ahí sale el sendero que baja al río que mencionaré más adelante.




Volví al hotel para reunirme con mi marido porque ya era hora de cenar. Dimos una vuelta entre el gentío que se entremezclaba en las calles que rodean la Plaza del Socorro, en particular la calle Nueva y la calle Espinel, repletas de bares y restaurantes, incluso con mesas abarrotadas en las terrazas pese a estar en febrero, lo cual se notaba mucho más de noche que de día, pues la temperatura caía que daba gusto, diez grados al menos, de 23 a 13. Por eso decidimos tapear a cubierto y entramos en un mesón de la Calle Molino, junto a la Plaza del Socorro, no por nada especial, sino porque había una mesa libre. No recuerdo lo que cenamos, pero sí que nos atendieron fenomenal, todo estaba rico y no fue caro. Como anécdota curiosa, diré que no se paraba de hablar del aluvión de casos que se estaban dando en Italia por el coronavirus y lo mal que pintaba allí la situación. En la mesa de al lado se sentaron cuatro jóvenes turistas italianos y mi marido y yo cruzamos una mirada, contándonos el típico chiste malo. No podíamos ni imaginar que una semana después en España estaríamos inmersos en una pesadilla similar. No me gusta bromear con esto, pero parece que no aprendemos que “cuando las barbas de tu vecino…”


Ronda de noche.

Después de cenar volvimos al Puente Nuevo y a la parte antigua, donde saqué algunas fotos nocturnas. Todos los monumentos, incluidos el Puente Viejo, el Puente Nuevo y el propio Tajo están iluminados, así que merece mucho la pena verlos. Es otra perspectiva, fascinante también. Además, las calles estaban solitarias en contraste con la zona del otro lado del Puente Nuevo, sobre todo en torno a la Plaza del Socorro. Dejo algunas fotos de ese recorrido.






Mi recorrido por Ronda con visitas incluidas.

Nos levantamos temprano. Desde los balcones de la habitación Ronda estaba muy tranquila, sin coches en la Plaza de España y con algún que otro turista despistado. Un par de horas después la situación cambió completamente. No teníamos desayuno en el Hotel, que cuenta con bar y restaurante con unas vistas de escalofrío, por cierto, así que fuimos a una churrería que nos había llamado la atención la tarde anterior. Creo recordar que se llama Churrería Alba, en la calle Espinel. Pedimos churros, un bocata de jamón, zumo de naranja y dos cafés con leche. Todo muy rico. Por cierto que en estos lares, los churros están enroscados y tienen el grosor de las porras madrileñas. Menos mal que la camarera tuvo piedad de mí y cuando le pedí cuatro churros me trajo una unidad, y no me la pude ni terminar. Después, dejamos el hotel, llevamos la bolsa de viaje al coche, que seguía en el aparcamiento de la Plaza del Socorro, y comenzamos cada uno nuestra respectiva visita turística, si bien hicimos juntos la primera parte de un recorrido que nos llevaría desde lo más alto a lo más bajo del Tajo de Ronda.



La Plaza del Socorro es una de las más concurridas de Ronda. Allí se encuentra la Iglesia de Santa María del Socorro, de fachada muy llamativa por su gran tamaño, aunque data es de nueva planta porque la anterior fue incendiada en 1936 y quedó completamente destruida.

Iglesia y Plaza del Socorro.

Pasamos por delante del Monumento al Toro y de la Plaza de Toros, que se puede visitar. Nosotros no somos aficionados, así que fuimos directamente hacia los Jardines del Paseo Blas Infante, donde se encuentra la escultura dedicada a Ernst Hemingway y el quiosco del Mirador de Ronda, también conocido como la Sevillana, donde se ha acondicionado una plataforma colgante que ofrece unas bonitas vistas de la garganta y las montañas, si bien el sol a esas horas no favorecía la toma de algunas fotos.


Nos hizo gracia que justamente cuando nos íbamos de allí, aparecieron los viajeros de una excursión organizada y se plantaron todos a la vez sobre el vertiginoso mirador. Seguramente ellos no fueron conscientes y también desconozco cuál será el peso que puede soportar el artilugio (supongo que mucho), pero desde la distancia, la verdad es que impresionaba ver la plataforma colgando y, sobre ella, toda aquella gente allí apelotonada.


Continuamos hacia el Puente Nuevo por el Paseo de Kazunori Yamahuchi, que va rodeando el edificio del Parador de Turismo y ofrece unas vistas espectaculares de las sierras y los campos adyacentes, así como del Arco del Cristo y las Murallas de Alcabara, ya en descenso hacia el fondo del Tajo, adonde queríamos dirigirnos nosotros, por cierto.




Tras cruzar el Puente Nuevo y asomarnos al Mirador de los Viajeros Románticos, giramos a la derecha por la Calle Tenorio, contemplando sus bellas casas blancas con zócalos rojos, hasta salir a la Plaza de María Auxiliadora, un bonito jardín, cuyo Mirador ofrece una nueva y preciosa vista panorámica.

Miradores de María Auxiliadora y de los Viajeros Románticos.


De la propia plaza sale el Sendero SL-A38 que baja a los Molinos del Tajo. Nos quedamos un tanto chafados al ver un cartel de obras prohibiendo el paso. Sin embargo, la verja metálica estaba abierta por un lado y la gente pasaba. Nos asomamos y el camino empedrado parecía estar en perfectas condiciones, como si ya hubiese sido reparado (al parecer se lo llevó una de las riadas que se produjeron en otoño) y solamente le faltase instalar la iluminación que no hacía falta al ser de día. De modo que continuamos adelante.




El sendero desciende que da gusto en pocas docenas de metros. Llegamos a una bifurcación, en la que seguimos hacia la derecha, tomando un sendero mucho más estrecho que, entre una espesa vegetación, nos condujo a un pequeño claro desde el que vislumbramos una estampa fantástica del Puente Nuevo y el Tajo, con las cascadas y pozas que forma el río Guadalevín en su discurrir hasta el valle. Aquí se obtiene una panorámica espectacular que si bien no resulta demasiado peligrosa, sí que requiere llevar algo de cuidado.





Todavía anduvimos un poco más por el sendero que pongo en la foto, avanzando hacia la base del Puente Nuevo hasta que ya prácticamente debajo de sus muros no pudimos avanzar más: las vistas eran extraordinarias. Con el tiempo seco, el sendero es asequible salvo para quien tenga vértigo; si ha llovido, me lo pensaría muy mucho.





Retrocedimos hasta que, a la derecha, vimos otro sendero que conduce a una pequeña explanada donde se encuentra el Mirador del Puente Nuevo de Ronda, ideal para quienes quieran sacar una foto espectacular de Ronda y enseñarla a sus amigos, ya que no es la típica que hace todo el mundo desde arriba.


Quisimos seguir descendiendo hasta el Mirador del Viento, el Arco del Cristo, las Murallas de Albacara y los Molinos, pero en un recodo ya si que nos encontramos el paso cortado del todo, con lo cual no pudimos hacer el sendero circular que teníamos previsto y volvimos a la Plaza de María Auxiliadora, superando una buena cuesta. Allí nos separamos y cada uno hizo el recorrido según sus gustos. Y yo sabía muy bien lo que quería visitar.


Hay unos bonos para acceder a varios lugares con un descuento, pero no me interesaban algunos de ellos, así que no me traía a cuenta y pagué entradas individuales. Mi primera parada fue en el Palacio de Mondragón o Palacio del Marqués de Villasierra, en la Plaza del mismo nombre, junto a la calle Sor Ángela de la Cruz. En el interior se encuentra el Museo Municipal, con una interesante colección sobre la historia y el patrimonio artístico de la ciudad y su entorno. Sin embargo, pese a su indudable interés, lo que más me atraía era el edificio en sí, considerado como el monumento civil más importante de Ronda, y su interior, pues había oído hablar sobre la belleza de unos patios que luego en absoluto me defraudaron
.


Según cuenta una leyenda, tiene su origen en la residencia que mandó construir el rey Abomalic en el siglo XIV, y en él residieron los Reyes Católicos tras la conquista de la ciudad en 1485. Aunque los jardines y las fuentes mantienen cierta reminiscencia, poco queda de su pasado musulmán pues casi todo lo que se conserva corresponde a obras realizadas por los cristianos. Entremezcla tres estilos, correspondientes a diferentes épocas, reflejadas en sus patios: mudéjar, gótico tardío y renacentista; el cuerpo principal corresponde al siglo XVI, si bien se realizaron importantes reformas en el siglo XVIII, cuando se realizó la fachada exterior en sillería y se añadió la portada barroca.Del interior destaca el Salón Noble con artesonado mudéjar.


Primero visité el museo, que cuenta con varias salas y numerosos paneles informativos, si bien no me entretuve demasiado porque no me sobraba el tiempo. El palacio se articula en torno a tres patios. El Patio de la Entrada o del Pozo es del siglo XVIII y cuenta con una galería con arcos de medio punto.


El segundo es el Patio Mudéjar, del siglo XVI, aunque también juega con elementos góticos y renacentistas. Sin duda, el más bonito. Un arco de herradura con puerta mudéjar da salida al jardín.




El tercer patio es de estilo gótico tardío.


Los Jardines son una auténtica preciosidad, como también lo son las vistas que se contemplan desde ellos.




En resumen, un lugar no muy conocido, pero que me encantó. Y, además, poco concurrido, por lo menos la mañana en que yo lo visité.


Al salir, me dirigí a la bonita Plaza de la Duquesa de Parcent, donde se encuentran el Ayuntamiento, el Convento de las Clarisas, el Convento de la Caridad y la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor, cuyo interior visité a continuación.

La Plaza de la Duquesa de Parcent con la Iglesia de Sta. María la Mayor. Abajo el Ayuntamiento.


La construcción de la Iglesia de Santa María la Mayor se inició en el siglo XV, sobre la antigua mezquita, de la que se conservan restos del mihrab, labrado con decorados de yesería que datan de finales del siglo XIII o principios del XIV y que se pueden contemplar en el mismo acceso, junto a la taquilla. Por lo demás, es una mezcla de estilos que representan las distintas etapas en que se edificó a lo largo de dos siglos, desde el gótico inicial hasta el manierista.




El exterior es muy llamativo, destacando la torre del siglo XVI y la amplísima galería que se le añadió en el siglo XVII a modo de palco para contemplar los festejos que se celebraban en la plaza. En el Altar Mayor hay un retablo de madera del siglo XVIII.




Después de recorrer la planta del templo, por una intrincada escalera de caracol subí a la terraza superior (incluido en el precio de entrada), que recorre las cuatro fachadas y que presenta unas vistas imponentes del interior de la Iglesia desde las alturas y, ya en el exterior, de Ronda y su entorno. Esta visita me gustó mucho más de lo que había previsto. Además, estuve casi sola dentro y no digamos arriba. Se puede tomar fotos libremente. La entrada normal de adulto me costó 4,5 euros, incluyendo audio-guía.




La tercera visita de pago de la jornada me llevó a la Casa del Gigante, una muestra interesante de la arquitectura civil árabe, a la que se accede desde la Plaza de Vicente Espinel, enfrente del Museo Joaquín Peinado, y cuyo nombre se debe a las dos figuras ciclópeas que en tiempos adornaban sus muros. Este lugar me llamó la atención cuando leí que se trata de la reconstrucción de una típica residencia nazarí de los siglos XIV y XV, articulada en torno a un patio, como era habitual, utilizando algunos elementos originales (como cuatro columnas primitivas) después de una cuidadosa restauración. Antes de visitar la casa, se accede a un museo y a un audiovisual explicativo.




A continuación subí por la calle Armiñán y en la Plaza Abul Beka me encontré con el Alminar de San Sebastián, una pequeña torre, que data del siglo XIV, que formaba parte de una mezquita y que se utilizó posteriormente como campanario de la desaparecida Iglesia de San Sebastián.


Llegué a la Cuesta de Santo Domingo y bajé hasta la Casa del Rey Moro, de la cual no sabía muy bien qué esperar, aunque me habían recomendado muy especialmente que la visitara porque “conociéndome, me iba a gustar”. La Casa se encuentra al borde del Tajo y representa una imagen de lo más romántico desde el otro lado; la mejor perspectiva del conjunto de sus tres elementos se obtiene desde los Jardines de Cuenca, a los que conviene acudir después de visitar el sitio para fijarse en lo que, posiblemente, se nos haya pasado por alto de haber estado en los Jardines anteriormente.

La Casa Neomudéjar y sus jardines desde los Jardines de Cuenca.

Uno de los logos de este pintoresco lugar, en alusión a su leyenda, es “la Grieta que derribó un Reino”. ¿Y eso? Bueno, luego lo cuento. La entrada creo recordar que me costó 7 euros. Respecto a los horarios, es mejor consultar antes, si bien suele tener una franja más amplia que el resto de lugares de interés en Ronda.

El conjunto monumental consta de tres elementos: la casa, los jardines y la mina.




La Casa fue mandada construir por la Duquesa de Parcent a principios del siglo XX, es de estilo neomudéjar y su interior no se puede visitar actualmente porque se encuentra en restauración.


La duquesa encargó la realización de los jardines al paisajista francés Jean Nicolas Forestier en 192, que proyectó un jardín de corte mediterráneo, en el que se combina el estilo hispanoárabe con el diseño geométrico francés, en un espacio estrecho y de gran desnivel, ya que se asoma al Tajo. Allí encontré fuentes unidas por un canal central, adornos de azulejos, una gran variedad de árboles, arbustos y flores, así como tres miradores en terrazas unidos por escalinatas desde los que se vislumbran excelentes vistas del Tajo, de la Sierra de las Nieves, de los Jardines de Cuenca y del Mirador de la Aldehuela. Un jardín no excesivamente grande pero muy bonito.


Sin embargo, lo más espectacular y sorprendente es la Mina de Agua de la época musulmana, una de las que mejor se conservan en España. Se construyó en el siglo XIV para uso militar, aprovechando una grieta natural abierta en la pared del Tajo.

Casa sobre las rocas, por dentro va la mina; detalle.

La visita consiste la galería que desciende por el interior de las rocas hasta el lecho del río Guadalevín en un emocionante recorrido de 60 metros que se salvan mediante decenas de escalones, que se bajan a la ida y se suben a la vuelta. Naturalmente, esto hay que tenerlo en cuenta y así lo advierten al principio de la bajada en un panel informativo, pues es una actividad desaconsejada para personas con problemas respiratorios, cardiacos y mujeres embarazadas. Aparte del esfuerzo que requiere por el gran número de escaleras, y que puede provocar claustrofobia a algunas personas, el itinerario no resulta peligroso, pero hay zonas resbaladizas por el constante flujo de agua, por lo tanto se debe caminar con cuidado.

Galería y escaleras.

Además del atractivo natural de la galería, parece increíble la obra de ingeniería que se realizó en aquellos tiempos, excavando el interior de la roca, en la que se construyeron escalones, bóvedas y hasta una torre fortificada, con el fin de hacer albergar una gigantesca noria que aseguraba el abastecimiento de agua a la población que no contaba con aljibes internos, algo esencial en tiempos de asedio. Como por las características del acceso resultaba imposible llevar animales, eran esclavos cristianos los que hacían mover la noria y quienes cargaban y transportaban el agua al exterior.


Entre la realidad y la leyenda, crónicas de la época relatan que la hasta entonces inexpugnable Ronda cayó en 1485 por la traición de un moro que rebeló a los cristianos el secreto de la noria oculta en el interior de la pared rocosa, con lo cual las tropas del Marqués de Cádiz accedieron a la noria, la inhabilitaron y, sin suministro de agua, Ronda se rindió en cuestión de días, lo que facilitó la caída definitiva de Granada y del Reino Nazarí unos pocos años después.


La galería que facilita el acceso cuenta con una iluminación muy tenue y al recorrerla se van descubriendo los reposaderos para apoyar los zaques de agua, la Sala de la Noria, la Sala de Armas, donde se guardaban los pertrechos, se alojaba la guarnición y se repelían los ataques con flechas o líquidos hirviendo, la Sala de los Secretos con un curioso efecto sonoro producido por su techo abovedado, hasta llegar al punto final, que nos conduce a una puerta que servía para la huida y al cruzar la cual me llevé una sorpresa, debo ser un poco tonta, pero no me lo esperaba Avergonzado . No la voy a contar, ni siquiera pondré aquí las fotos de lo que vi, aunque están entre las que ilustran esta etapa.




Dejando aparte las escaleras, cuyo ascenso hay que tomarse con calma, me gustó mucho este sitio, sobre todo porque se trata de un sitio sumamente peculiar. En caso de personas que no tengan intención de bajar a la mina, no sé si compensaría el precio de la entrada para contemplar simplemente el jardín, aunque sea muy bonito y las vistas preciosas.


A continuación, seguí bajando por la Cuesta de Santo Domingo, hasta alcanzar el Palacio del Marqués de Salvatierra, cuyo origen se remonta a una casa señorial del siglo XV. Restaurado en el siglo XVIII, cuenta con una espléndida fachada barroca en sillería de piedra con portada adintelada, columnas corintias y gran balcón con reja de forja. Resultan muy curiosas las esculturas del frontón quebrado que remata la fachada y que representan cuatro figuras de personas desnudas de influencia indiana, con los hombres sacando la lengua y las mujeres cubriéndose con las manos sus partes pudendas. Es de propiedad particular y no se puede visitar. Las fotos son de la tarde anterior, por esos están más oscuras.




Después de asomarme a otro mirador, llegué hasta el Arco de Felipe V, que data del siglo XVIII. Junto a la puerta se conserva un asiento de piedra conocido como el Sillón del Rey Moro. Desde aquí se contemplan unas buenas vistas del Puente Viejo, la Fuente de los Ocho Caños y la Iglesia del Padre Jesús, que ya había visto la noche anterior.




Desde el camino empedrado que baja desde el Arco de Felipe V hasta el Puente Viejo, se divisa muy bien las Murallas del Carmen y la Iglesia del Espíritu Santo, de estilo gótico-renacentista y cuya construcción fue ordenada por los Reyes Católicos poco después de conquistar la ciudad.Desde este punto sale un camino que va hasta los Baños Árabes, de los que asegura que son los mejor conservados de la península. Datan de finales del siglo XIII o principios del XIV y se pueden visitar los restos de tres salas. Lamentablemente, no me dio tiempo a verlos. Quedan para la próxima vez.


Aunque hay algunas dudas sobre el verdadero origen del Puente Viejo, parece que fue erigido por los árabes y reconstruido después por los cristianos. Ofrece fantásticas vistas del Tajo y también permite ver el Puente Árabe o de las Curtidurías.




Desde este punto sale un camino que va hasta los Baños Árabes, de los que asegura que son los mejor conservados de la península. Datan de finales del siglo XIII o principios del XIV y se pueden visitar los restos de tres salas. Lamentablemente, no me dio tiempo a verlos. Quedan para la próxima vez.


A la hora de comer, en vez de volver a los aledaños de la Plaza del Socorro, preferimos la opción más tranquila del casco antiguo, donde apenas había gente. La verdad es que no acertamos porque el restaurante que escogimos tenía una terraza con vistas excelentes a las murallas y la sierra, pero que a la hora de la verdad no tenía disponibles muchos de los platos que anunciaban en la carta y tampoco café porque, al parecer, se les había estropeado la cafetera. Menos mal que, por lo menos, no fue caro. Como ignoro si se trató de un hecho puntual, no voy a mencionar el nombre del restaurante.



Y esto es lo que puedo contar de nuestro segundo paso por Ronda que nos cundió mucho más que el primero y espero que no sea el último porque todavía se nos quedaron algunas cosillas pendientes y, sobre todo, conocer los alrededores y hacer senderismo por la Serranía. ¡Hasta la vista, Ronda!


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  Últimos comentarios al diario:  DE VIAJE POR ESPAÑA
Total comentarios 219  Visualizar todos los comentarios

Sandy_su81  sandy_su81  27/04/2020 16:01   
Gracias por tanta información! Quedo a la espera de las etapas de la cueva del agua de tiscar y de Ronda, me encantan tus fotos!

Artemisa23  artemisa23  27/04/2020 16:35   
Muchas gracias por tu comentario sandy_su81. Espero que te sirva el diario para futuras escapadas por España. Hay lugares espectaculares que apenas nos imaginamos. Llevo unos días un poco vaga, pero pronto subiré más etapas.

LANENA69  LANENA69  15/06/2020 10:17   
Comentario sobre la etapa: VALLE DE RICOTE (MURCIA). NORIAS DE ABARÁN. BLANCA. OJÓS. BALNEARIO DE ARCHENA.
Anda!!!, que ilusión me ha hecho ver una ruta por mí pueblo (Ulea) en el Valle de Ricote, una zona muy desconocida y muy bonita y fácil de hacer.Últimamente estoy viendo bastante gente que se anima hacer rutas por esta zona, en Instagram he visto a varias personas, Murcia es una provincia muy desconocida y tiene millones de cosas por ver.Yo estoy haciendo un diario para darla a conocer un poquito, tampoco demasiado que no quiero que se masifique, jajajajaja, que ya está todo demasiado masificado y en algunos sitios da un "poquito de asco" visitarlo porque no puedes ni andar, aunque yo afortunadamente suelo ir en temporadas bajas o medias y suelo pasearlo prácticamente sola o con poca gente, pero ya no sabes para donde tirar y no ver tanta gente, sin ir más lejos, este sábado fuí a un pueblo de Madrid que descubrí por casualidad en Google y vi que tenía muchas esculturas y como el arte urbano me encanta pues decidí visitarlo, ya que no lo conocía ni de nombre ni nada, pensé que íbamos a estar solos y la leche que de peña por todos sitios, menos mal que la mayoría de la gente se quedan en los bares y vimos todo prácticamente solos, jajajajaja.

Artemisa23  artemisa23  15/06/2020 12:12   
Hola, LANENA69. Pues sí, ahora toca Murcia. Tu tierra es muy bonita. Es que el tramo entre Blanca, Ojós y Ulea me pareció espectacular. Era marzo, eso sí. Voy a aprovechar para incluir etapas de sitios que hemos visitado últimamente en Murcia, algunos no muy conocidos, pero que nos gustaron mucho. Lo mejor para evitar la masificación es huir de festivos, fines de semana y el mes de agosto. Resulta fácil decirlo, claro, pero hacerlo no tanto, jeje. Y más ahora, que nos vamos a quedar todos por aquí. Gracias por comentar, guapa. Saludos.

LANENA69  LANENA69  17/06/2020 21:25   
Comentario sobre la etapa: BARRANCOS DE GEBAS (MURCIA) Y SU SORPRENDENTE PAISAJE LUNAR.
Así es, las Gebas también las conozco aunque yo no me hice una ruta, fuimos al mirador y poco más porque me llevó una amiga que vive en Alhama de Murcia, no lo conocía y me encantó, cada vez me gusta más mi tierra, sobre todo porque todavía no está tan masificada como otras provincias, cuando pueda volver tengo pendiente más lugares para visitar.Me alegro que te haya gustado.Saludos guapa.

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artemisa23
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Indiana Jones
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Fecha: Mie Feb 12, 2020 10:19 am    Título: Re: Consejos sobre Ronda (Málaga)

Hola. ¿Me podéis aconsejar alguna ruta de senderismo cortita en Ronda? Más que nada se trata de dar un paseo con vistas bonitas, por el fondo del Tajo a ser posible. Solo vamos a estar dos días y no completos a finales de febrero, así que no tenemos tiempo de caminatas muy largas. He visto varias en internet pero no sé cuál me vendría mejor.
Muchas gracias. Saludos.
Nathanian83
Nathanian83
Moderador Asia
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Fecha: Mie Feb 12, 2020 10:25 am    Título: Re: Consejos sobre Ronda (Málaga)



Hola Artemisa.

Yo hice la ruta Asa de la Caldera:

www.diariosur.es/sende... 39-nt.html

A mi me pareció interesante y tienes buenas vistas del Tajo y al ciudad.

Saludos!
artemisa23
Artemisa23
Indiana Jones
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Jul 04, 2012
Mensajes: 1527

Fecha: Mie Feb 12, 2020 12:00 pm    Título: Re: Consejos sobre Ronda (Málaga)

Muchas gracias, Nathanian. Era una de las que había visto. Si las has hecho, ya tengo una referencia de primera mano. Saludos!
wanderlust
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Willy Fog
Willy Fog
Ago 23, 2011
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Fecha: Dom Feb 16, 2020 12:10 pm    Título: Senderismo, rutas, paseos en Ronda (Málaga)

esto seguro que ya lo has visto

www.turismoderonda.es/... a-de-ronda

www.malaga.es/es/turis... -fluviales

www.rutasdesenderismo.... -de-ronda/
artemisa23
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Indiana Jones
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Jul 04, 2012
Mensajes: 1527

Fecha: Dom Feb 16, 2020 02:38 pm    Título: Re: Consejos sobre Ronda (Málaga)

Hola, Wanderlust.
Gracias por los apuntes. En efecto, ya había visto los enlaces. Por eso he pedido consejo para hacer una ruta y cortita (dos o tres horas como mucho) porque anochece temprano y no nos dará tiempo de mucho más; aparte queremos visitar lo más destacado de Ronda, donde solo estaremos dos días y no completos.
Ya he visto tus estupendas fotos. A ver cómo me salen a mí.
Saludos!
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