Al levantarnos, nos dirigimos a Cayo Guillermo con el objetivo de pasar el día en Playa Pilar.
En el camino, tuvimos la oportunidad de recoger a cinco cubanos diferentes que estaban "haciendo botella" (autostop) en el Terraplén. Fue una experiencia maravillosa porque cada uno de ellos nos explicaba cosas distintas sobre su vida, sus experiencias y sensaciones. A ellos les encantaba hablar y a nosotros nos encantaba escuchar.
Finalmente, llegamos a Playa Pilar y estacionamos el coche en un aparcamiento vigilado por 2 CUC por día. Nos instalamos en unas hamacas en la playa donde había un grupo de policías y militares vigilando... ¡a un macro-crucero turístico estadounidense que estaba anclado en alta mar!
Fue todo un espectáculo ver la misión que tenían los militares y policías. Durante todo el día, solo tenían que controlar al crucero y asegurarse de que no desembarcara ningún americano "peligroso" en tierras cubanas.


(El peligroso crucero americano!
Una nota negativa que pudimos observar es que, por desgracia, algunos cubanos no cuidan el ecosistema. Vimos a algunas personas bebiendo dentro del mar y arrojando las botellas de cristal y las latas al agua. Incluso, presenciamos a algunos haciendo sus necesidades en medio de la playa. Es una lástima que algunas personas no sean conscientes de la importancia de cuidar y proteger el medio ambiente.
Además, aquel día tuvimos mala suerte con el clima, ya que había mucho viento y la mar estaba algo agitada, lo que no nos permitió disfrutar tanto del baño y de la playa. Aun así, Playa Pilar es un paraje espectacular que merece la pena visitar y disfrutar.
Durante el día, no hicimos mucho más aparte de tomar el sol, bañarnos y observar el crucero "yanki" desde la playa. Pero así son los paraísos, no hace falta hacer mucho para disfrutarlos.

Por la noche repetimos la experiencia de cenar en casa de Mirtha.

