Esta primavera, al regreso de nuestro viaje a Bretaña, pasamos nuestra última noche, camino ya de casa, en Carcassonne, un lugar que siempre nos ha fascinado.
En esa visita, vimos cómo había cambiado todo desde noviembre de 2006, cuando la visitamos juntos por última vez. Y rápidamente supimos que era un lugar que debíamos de volver a descubrir con una pareja de amigos, Luisa y Jordi, con los que cada verano hacemos una escapadita por Castilla y León y que este año, por distintos motivos, no pudo ser.
Y sí, llegó el 11 de octubre, con unas ganas locas de que llegara el final de la jornada laboral para ir a buscar a nuestros amigos y dirigirnos hacia el país vecino.
Al igual que nosotros, media Barcelona había decidido salir a disfrutar del fin de semana largo que nos regalaba El Pilar, lo que hizo que la salida de la ciudad se hiciera un poco pesada. Pero, afortunadamente, pronto la autopista se despejó y, tras una parada en el área de Figueres para reponer fuerzas, atravesamos la frontera y nos dirigimos hacia Carcassonne.
Y por fin llegamos al Campanile Carcassonne Est - La Cité, el hotel donde pasaremos la próximas tres noches. Es el mismo hotel en el que nos alojamos en mayo y como quedamos muy contentos, decidimos repetir. Este Campanile es una maravilla, aunque sin excesos: moderno y muy limpio. Está situado a 5 minutos de la Cité en coche y unos 20 minutos caminando. Además, está junto a un centro comercial, con dos supermercados (Leader Price y Geant Casino), que nos van de cine para las cenas. Nosotros, salvo excepciones, solemos cenar en el hotel, ya que, después de la paliza del día y de una buena ducha, no nos quedan muchas ganas de salir.
Bueno, pues tras el check in y la visita al supermercado para comprar agua y la cena, nos dirigimos a la Cité para estirar las piernas, que el viaje ha sido largo.
La vista de Carcassonne por la noche es impresionante. Aunque estamos a las puertas de un puente y muy cerca de la frontera con España, todavía no hay muchos turistas, por lo que se puede pasear tranquilamente, disfrutando de los rincones que habitualmente están atestados de gente.


Carcassonne, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997 y para conmemorar el 20 aniversario de esta inscripción por la UNESCO, el artista suizo Ticino Felice Varini ha realizado la obra "Círculos concéntricos excéntricos”, que imprime a la Cité un aire distinto. La verdad es que llama la atención, pero lo encuentro un poco “pegote” no lo voy a negar.

Por cierto, que es desde la Puerta de Aude desde donde mejor se ve esta obra.
Y ahora sí que nos retiramos a nuestros aposentos: la ducha, la cena y la cama nos esperan.