Lo primero al ir en coche fue elegir el método de pago de los peajes automáticos. Como entramos por Braganza la mejor opción fue comprar una tarjeta pre-pago, puesto que en la frontera no hay Easy toll. En esta página está toda la información: www.portugaltolls.com/ ...agens/home
En dicha página se puede calcular cuanto será el coste, a nosotros nos iba a salir por más de 15€, por lo que compramos una de 20€. Al final nos sobró, pero preferíamos ir tranquilos. Los cargos, que puedes seguirlos por Internet, no son inmediatos, tardan 2 ó 3 días.
Hicimos una parada rápida para tomar algo en Zamora. Un lunes de agosto la mayoría de los bares de la calle de los Herreros estaban cerrados. Y nos tomamos unos pinchos en el Canela en Rama. A destacar la tosta de solomillo, muy tierna y rica.

Llenamos el depósito en Zamora, puesto que en Portugal está más cara y nos fuimos para Braganza. Tras una hora y cuarto estábamos en el castillo de Braganza. Se puede aparcar en la misma plaza del castillo.

Nos lo encontramos cerrado, visitamos el núcleo interior de las murallas que tiene unas calles muy chulas. Visitamos el Domus Municipalis y la iglesia de Santa María.

Después nos tomamos algo en una de las terrazas que hay en la puerta y aunque hacía calor, allí se estaba de lujo.
Tras una hora y tres cuartos, bajamos en coche a la Catedral, pero estaban asfaltando y el navegador nos hizo dar dos vueltas. Paramos un momento para verla y seguimos para Guimaraes.

Tras unas dos horas estábamos en nuestro hotel, Hotel de Guimaraes. Buena atención en la recepción, nos explicaron que era el último día de fiestas de la ciudad y que habría una cabalgata. Nos recomendaron unos cuantos restaurantes y nos fuimos rápidamente, porque a las 22h cierran los restaurantes. Como había fiestas muchos sitios estaban llenos y al final encontramos una mesa libre en la primera planta del Restaurante Café Oriental. Buen sitio para comer, lo mejor el pulpo al horno. El bacalhao de la casa estaba un poco seco para mi gusto. Albariño muy rico de quinta da raza. Todo el personal encantador te ayuda a la hora de elegir.
Cuando empezó a pasar la cabalgata, todo el mundo se levantó y se fue a los balcones para verla. Cuando íbamos buscando restaurante vimos mucha gente con sillas de playa en las aceras, pues a esa hora estaban sentados en primera fila. La verdad que no le vimos la gracia a la cabalgata, unas cuantas carrozas representando diversas cosas, banda de tambores y poco más. Pero la gente estaba encantada, sobre todo con las cosas que iban regalando.

