Como de costumbre amanecimos muy temprano y después de un excelente desayuno, muy sano por cierto, nos dirigimos en taxi al Templo de Lingyin. En Hangzhou los taxis son muy baratos, y por el equivalente a 5 euros podéis recorrer distancias bastante largas, es por eso que nos decidimos en tomar varios, aunque nosotros nunca hayamos sido de taxi.
El Templo en sí es uno de los más importantes en China, un centro de peregrinaje de gente que llega de todo el país, y el entorno en el cual se sitúa es increíblemente bonito y frondoso, rodeado de campos de té (en Hangzhou es donde se cultiva el famoso té de Longjing). La visita al recinto es muy bonita, nosotros empezamos por una zona donde hay budas esculpidos en la piedra. Llama mucho la atención el trabajon que tienen algunos de ellos teniendo en cuenta que están esculpidos directamente en la roca de la montaña. Igualmente, después de visitar esta zonita y el templo en sí, recomiendo que salgáis un poco de esta zona y caminéis por los caminos que suben montaña arriba y que os permitirán conocer otros edificios religiosos un poco más alejados de donde todo el mundo está.
Sobre el tiempo que le dedicamos...una mañana entera, ya que verlo todo requiere mucho rato. Para mi es una visita ineludible en Hangzhou, igualmente importante que el Lago del Oeste. En este punto quiero volver a recalcar que Hangzhou merece más que una excursión de un día desde Shanghai.
Como ya he mencionado el enclave del templo es muy bonito, y a mi me hacía ilusión ver campos de té porque nunca había visto. Así que el volver caminando hasta la ciudad hizo que el día saliera redondo.
Os dejo algunas fotos:
Como ya he explicado, dedicamos el resto de la tarde a visitar la ciudad y dar otro paseo más alrededor del Lago del Oeste. Aprovechamos para hacer pequeñas compras (abanicos, etc) y llegamos al hotel tan tarde que el chico creía que nos habíamos perdido.