Día 1
El vuelo salió bastante temprano en la mañana, como era directo desde Barcelona en dos horas y media aterrizamos en Copenhague, en esta ocasión no llevábamos maleta facturada, así que rápidamente salimos del aeropuerto hacia la estación de tren, compramos el billete en uno de los cajeros automáticos, tiene un precio al cambio de unos 5€, en pocos minutos llegó el tren que nos llevaría al centro en un cuarto de hora aproximadamente, tan solo hay unos 8 kilómetros hasta el centro.

La estación que estaba más cerca del hotel es la Estación Central de Copenhague, tan solo a diez minutos andando, fue otra de la razones para elegir el Danhostel, el hotel es sencillo, pero muy correcto y limpio, totalmente recomendable.
Una vez dejamos las maletas en el hotel salimos a recorrer la ciudad, pero pensamos que seria buena idea ir hasta Malmö (Suecia) a pasar el resto del día.

Así que regresamos a la estación central para coger el tren que cruza a través del famoso Puente de Øresund hacia el país vecino, la distancia entre la dos ciudades es de apenas 49 kilómetros, no llega ni a una hora el tiempo de viaje en tren.
Una vez en Malmö, lo primero que hicimos fue entrar en un bar a comer algo, ya que se nos había hecho un poco tarde y empezábamos a tener hambre.

Iniciamos la visita de la ciudad desde la estación central de tren de Malmö construida íntegramente en ladrillo rojo, frente a la estación, se sitúa el palacio de congresos o Malmö Börshus.
Una vez llegamos al puente que cruza el canal nos encontramos con varios edificios monumentales destinados a hoteles y centros comerciales que dan acceso a la zona del casco histórico o Gamla staden.

En la plaza Stortorget, se reúnen varios de los edificios más pintorescos de Gamla staden, casi todos son edificios administrativos, incluido el del ayuntamiento de la ciudad que es uno de los más bonitos, en la parte central de la plaza se encuentra una estatua del Rey Carlos X Gustavo de Suecia a caballo.



Siguiendo la calle Kyrkogatan llegamos a la Iglesia de San Pedro o St, Petri Kyrka, de estilo gótico, construida en el siglo XIV también con ladrillo rojo, que por suerte estaba abierta y pudimos visitar su interior.



Todas la calles de este barrio son una preciosidad, lo que dio lugar a decenas de fotografías, paseamos por la calle adoquinada Kalendegatan hasta llegar a la plaza Gustav Adolfs torg, donde coincidimos con una alguna festividad ya que estaba ocupada por puestos de comidas tradicionales de varios países diferentes, incluida la paella Española claro.



En el puente de Skorna på Davidshallsbron o de los zapatos de Davidshallsbron hay diecinueve zapatos de bronce hechos por varios artistas representando diferentes profesiones.

A un lado del canal habian varias fuentes que desembocaban el agua al canal, es una zona muy relajante para sentarse a disfrutar del entorno. Cruzamos el canal siguiendo por la calle Södra Förstadsgatan dando una vuelta para regresar al puente de los zapatos ya que queríamos ir al Cementerio histórico o Gamla kyrkogården.


En el camino de regreso a la estación pasamos por la calle Jakob Nilsgatan con sus casas de alegres colores, seguimos hasta cruzar el pequeño puente de Bagers Bro para llegar al Faro histórico o Malmö Inre fyr, que era la salida del antiguo puerto de Malmö, donde estuvimos paseando hasta que llegó la hora de regresar a la estación para coger el tren hacia Copenhague.

Una vez en Copenhague, decidimos ir a pasear por el parque de atracciones de Tivoli, compramos la entrada de dos días, pues pensamos que como lo teníamos muy cerca del hotel podíamos venir a cenar las dos noches al parque.
Al ser la hora del atardecer se fueron iluminando todas las atracciones dando una imagen de parque de atracciones del siglo pasado pero con mucho encanto.



Vimos algunos de los espectáculos que hacían en los jardines del parque, en mi caso, el que más me gustó fue uno de unas bailarinas junto con unos clowns.
Al llegar la hora de cenar, como nos apetecía una pizza, elegimos el restaurante italiano Mazzoli’s donde cenamos muy bien. En el parque de Tivoli hay cerca de cincuenta restaurantes, así que seguro que todo el mundo encuentra alguno que le encaje.


Seguimos paseando por el encantador parque de atracciones aunque ya era de noche, pero es una zona muy agradable con sus lagos y jardines rodeados de luces de colores, al cabo de un rato iniciaron un concierto de música rock en uno de los escenarios. Ya el cansancio de todo el día de viaje, visitas y demás iba haciendo mella en nosotros por lo que regresamos al hotel a descansar.