DÍA 5. VIERNES 4 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Día de museos. Por la mañana, Historia Natural. Por la tarde, Moma. Entre medias, ligera incursión en Central Park.
Museo de Historia Natural. Aprovechando el “pay as you wish”, pero siendo un poco coherentes y poco ruines (que los hay a patadas aprovechando esta política), entramos en uno de los mejores museos del mundo. Un paseo entre dinosaurios y animales de todas clases (fundamentalmente del continente americano y africano), te hacen pensar que estás en un zoo en lugar de en un museo. Está tan bien recreado que a veces se confunde. Sé que los huesos de dinosaurios son de verdad, pero me queda la duda de si los animales serán disecados… prefiero quedarme con la duda, la verdad. Mención aparte merece la manada de elefantes africanos y la ballena azul a tamaño natural. Además, recreación de las formas de vida de multitud de tribus, zona del universo y de la tierra (volcanes, etc.)… de todo.

Moma. Buffffffffff… definir lo que hay aquí es complicado. A mí lo que me parece es que hay mucho morro por ahí. Mira, que te guste un cuadro no lo pongo en duda. Pero de ahí a que me hagan creer que cierto cuadro refleja vaya usted a saber qué… vamos, que busco la cámara oculta y creo que se están riendo de mi. Me pasa lo mismo en ARCO (la feria del IFEMA, en Madrid). Creo que hay gente que fuma muchos estupefacientes y luego tiene el morro de vender su “arte”. Pero es como todo, si hay quien compra… Lo mejor, saber que mi nombre está escrito en una de las paredes del museo gracias a una iniciativa que hace que lo escriban dos tipos en una pared, a la altura que corresponda tu estatura.

Por cierto, en la calle superior a la de la entrada del Moma, entramos a comer en una de las mejores hamburgueserías de la ciudad. Five Guys. Regentada por latinos y con paredes cubiertas por premios y felicitaciones, este estrecho local que regala cacahuetes para que los tomes mientras esperas, despacha unas hamburguesas excepcionales. Eliges tamaño y tipo de carne. Y le pones los toppings que quieras por el mismo precio. Eliges tamaño de patatas fritas, nada de congeladas, peladas a manita y riquísimas. Además, no penséis que son ratas… te meten el cuenco de patatas en una bolsa de papel y luego te llenan la bolsa hasta arriba de patatas. Impresionante. Recomendable por encima de cualquier restaurante. Y el precio, como una hamburguesería normal.
Y por la noche… ¡¡a ver El Rey León a Broadway!! Si pensáis que podéis llegar y sacar entradas en taquilla, chungo, chungo. Caras y separadas. Las sacamos con bastante tiempo desde España. Sí, son caras, pero merece la pena. Es el mejor musical que he visto en mi vida. Si nunca vais a ir a verlo, buscad en youtube algún video de cómo es. Si por el contrario cabe la posibilidad de verlo, no busquéis nada ni dejéis que nadie os cuenta nada. Es realmente sorprendente, sobre todo el inicio. Súper recomendable al 100%.
Si llegáis y no tenéis entradas para nada, en Times Sq. os podéis acercar por TKTS. Es una de tienda de entradas de última hora, rebajadas de precio, que sale bastante bien si no tienes preferencia ninguna. Suele haber cola, por lo que conviene informarse de los horarios de atención. Por la mañana no había nadie pero por la tarde-noche… inviable pillar entradas.
DÍA 6. SÁBADO 5 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Hoy toca descanso en Central Park. Para ello fuimos a la altura del Museo de Historia Natural y entramos en el parque por esa zona. Si el objetivo es patear, podéis coger algún itinerario propuesto por la Lonely Planet, por ejemplo, visitando el monumento a John Lennon (realmente es una placa en el suelo que pone “Imagine”), el Belvedere Castle, la gran pradera (la típica que aparece en las películas y series de televisión), el zoo y el lago Jaqueline Onassis. Si no es vuestra intención caminar mucho sino dar un paseo, tomad cualquiera de las vías y tumbaros en cualquier sitio que os apetezca.

Nosotros nos dimos una buena vuelta, descansamos cuando nos apeteció, salimos hacia la 5ª avenida para ver la zona del Upper East Side (la zona más pija y residencial), comprobando que los pijos no comen, pues no encontramos un sitio donde comer en un buen rato. Llegamos a la esquina inferior derecha del parque, pillamos algo en puestos callejeros y volvimos a entrar para comer y echarnos la siesta a la sombra.
Por cierto que en el margen izquierdo del parque (5ª avenida), a la altura del Metropolitan Museum ponen un mercadillo bastante interesante, donde se pueden comprar fotografías, lienzos y cositas originales como recuerdo diferente al típico imán para el frigorífico.

Mientas unos se fueron a comprar una maleta para llevar de vuelta a España todas las compras del outlet, otros nos fuimos a dar una vuelta. Volviendo hacia el hotel descubrimos un mercadillo en una de las calles entre la 55 y la 45 (no recuerdo el número exacto), puesto entre la 5ª y la 7ª avenidas (dos tramos de avenida). Comida, bebida, bolsos, gafas, ropa… de todo. Muy colorido.
Por la noche decidimos ir a cenar en un sitio decente, a ser posible con algo de música. Lo mejor para escuchar jazz es acercarte a Harlem. Hay un montón de sitios mucho mejores, más auténticos y mucho más baratos que el típico Blue Note de Manhattan y para nada son inseguros, salvo que vayas llamando la atención, la armes tú o te pierdas por alguna calle extraña. Lo mejor es buscarlo desde aquí, reservar una mesa o un hueco en la barra y que te lleven y traigan en taxi. Sin embargo, nosotros no fuimos allí (cosas de ir en grupo) y nos decantamos por otro en la zona de Times Sq (igual que antes, a ver si encuentro el ticket para subir el nombre). La cena no dejó de ser normalita, al precio de allí, caro para lo que hubiese sido en España. Había jazz que se escuchaba, pero no se veía (porque el salón para cenar estaba en una estancia diferente) y que al final, como vas a cenar, te olvidas de él. La verdad es que resultó una cena agradable, sin más. Eso sí, el trato de los camareros, impecable.
También teníamos medio planificado salir de marcha, pero al final no nos pusimos de acuerdo, así que no salimos. Un sitio genial es Fifth 230, una terraza de moda en la que se pueden tomar copas o cenar. Eso sí, conviene llegar antes de las 22:00.
DÍA 7. DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Antes de volvernos a España no podíamos irnos sin escuchar una misa gospel. Para ello, lo mejor es Harlem.
Existen varias iglesias en las que se puede escuchar buen gospel. La típica es la Abyssinian Baptist Church, pero para entrar, hay que madrugar y estar pronto haciendo cola. Existen otras opciones como la Metropolitan Baptist Church.
Nosotros fuimos a la segunda, pensando que no habría cola y que estaría mejor masificada. Acertamos y al llegar, sobre las 9:30, no había nadie, viendo que el servicio comenzaba a las 11:00. Así que nos fuimos a dar una vuelta a conocer el teatro Apollo, que nos pareció bastante cutre. Al volver, sobre las 10:00, había como unas 10 personas. Le preguntamos a un abuelote que estaba allí organizando cosas en la puerta y nos dijo que ese domingo sólo se daba la comunión, que no había gospel. Así que corriendo nos fuimos a la Abyssinian. Claro, petada de gente, la cola daba la vuelta a la manzana.
Desilusionados, preguntamos a un tío medio loco que encontramos y nos dijo que buscásemos por ahí, que él no iba a la iglesia pero que en la mayoría había gospel. Al final nos metimos en una que estaba en la misma calle que la Abyssinian, con mucha menos gente. La verdad es que el tema estuvo bien, pero no era el gospel que esperábamos. Desde luego, la movida no fue como en las pelis con todo el coro vestido de gala y tal. Al final, como en la Abyssinian no cabía más gente, ésta se llenó.

De todos modos, varia cosas. En primer lugar, es un sitio de culto, así que ojito con las fotos. Te dicen que no se permiten, así que no saquéis la cámara de estrangis, porque se enteran de todo, aunque no lo parezca, y te acaban echando la bronca. En segundo lugar, hay que tener un mínimo de respeto. Si te vas a estar descojonando y tal, no entres. Y en tercer lugar, disfruta. Si te lo tomas como un espectáculo, aplaude cuando lo haga la gente, sonríe cuando así lo esperen y calla el resto del tiempo.
De aquí, al hotel, búsqueda de un taxi y al aeropuerto. Como el taxi nos salía igual que una limusina que había a la puerta del hotel, pillamos ésta y volvimos como estrellas de cine (o como paletos).