En Figueira da Foz aparqué en el sitio para autocaravanas que está al lado de la playa. Son 8 euros por 24 horas y tiene para vaciar y llenar, muy bien por estos portugueses que nos miman! hay que buscar sitio para comer y me voy al Caçarola 1, donde me como mi racioncita de percebes y unas sardinas asadas muy ricas. Toca dar un largo paseo hasta la otra punta de la playa viendo el atardecer y vuelta, que parece que no, pero ya te tiras una buena caminata, pero es bonito el paseo. Termino cenando en una tasquita enfrente del casino un bacalao a bras, como el primer día, pero en esta ocasión el bacalao era asomado, sólo de muestra, terminando con mi quesito y un pastel de Belén con el café (no sé cómo hacen un café tan delicioso estos lusitanos). Charanga incluída pasando por delante, ambiente festivo, sin mascarillas en la calle, sólo en los bares, parece el 2019...A dormir que mañana será otro día.
Si leísteis mi diario del año pasado, conocí a una galegiña el primer día que aparqué en Portugal y trabamos una bonita amistad, por lo que tenía que llamarle para decirle que andaba cerca suyo, así que me convenció para que fuera a Bayona, donde se encontraba ella con su furgo y, como soy chica fácil, quedé en ir.
Salí de Figueira con la intención de parar en alguna playita e ir ya a la tarde a Galiza. Buscaba una que me gustó mucho el año pasado pero no me acordaba del nombre, y, busca que te busca, entra y sale de autovías, al final perdí tiempo para ir a parar a La Amorosa, una playa con un nombre precioso pero que tenía un desagüe que no sé, no sé...no invitaba al baño, y yo, como no tengo olfato (y no es del covid, es una tara anterior) pues no sé si olía a cacas o no, pero no se bañaba nadie, aunque sí había gente tomando el sol...me quedé con mi sillita y mi librito tan ricamente. Comí en el Magma café una ensalada de oreja y unos mejillones regados ambos con una cerveza de trigo, todo muy bueno, pero clavadón al canto. 23 euros! que eran mejillones, que en Galicia te ponen eso de tapa con tu albariño, gratis, joeeeeeeeee!!
Tras un descansito ya me voy dirigiendo pal norte y es entonces cuando veo la playa a la que me dirigía, que yo estaba obcecada en que estaba al sur de Viana do Castelho y noooooo, estaba al norte. Ni modo, ya no tenía tiempo para parar. Dory me esperaba.
A las 8 llegué a Bayona, donde me esperaba mi amiga, la cual había movido Roma con Santiago para que pudiera aparcar en la playa al lado de ella pues ese sitio está muy solicitado, sólo hay sitio para 4 o 5 autocaravanas, delante del mar y claro, es muy goloso. Aparco y vamos paseando al sitio que había reservado, Tapería a Madorra, una tasca muy agradable, nos comimos un cuartito de percebes, unos chipirones y un entrecot que se te va la pinza! y claro, dos botellas de vino blanco (Viñaredo) y de postre coulant, café y los típicos licores de orujo cortesía de la casa. Un rato muy agradable que terminamos en mi furgo tomando unas cervecitas hasta las 5 de la mañana.
Dormir y por la mañanita baño mañanero que resucita a un muerto y que quita la resaca al más borracho. Desayuno en la furgo de Dory y mercadillo, empanadas y fin de la visita galega.
Si leísteis mi diario del año pasado, conocí a una galegiña el primer día que aparqué en Portugal y trabamos una bonita amistad, por lo que tenía que llamarle para decirle que andaba cerca suyo, así que me convenció para que fuera a Bayona, donde se encontraba ella con su furgo y, como soy chica fácil, quedé en ir.
Salí de Figueira con la intención de parar en alguna playita e ir ya a la tarde a Galiza. Buscaba una que me gustó mucho el año pasado pero no me acordaba del nombre, y, busca que te busca, entra y sale de autovías, al final perdí tiempo para ir a parar a La Amorosa, una playa con un nombre precioso pero que tenía un desagüe que no sé, no sé...no invitaba al baño, y yo, como no tengo olfato (y no es del covid, es una tara anterior) pues no sé si olía a cacas o no, pero no se bañaba nadie, aunque sí había gente tomando el sol...me quedé con mi sillita y mi librito tan ricamente. Comí en el Magma café una ensalada de oreja y unos mejillones regados ambos con una cerveza de trigo, todo muy bueno, pero clavadón al canto. 23 euros! que eran mejillones, que en Galicia te ponen eso de tapa con tu albariño, gratis, joeeeeeeeee!!
Tras un descansito ya me voy dirigiendo pal norte y es entonces cuando veo la playa a la que me dirigía, que yo estaba obcecada en que estaba al sur de Viana do Castelho y noooooo, estaba al norte. Ni modo, ya no tenía tiempo para parar. Dory me esperaba.
A las 8 llegué a Bayona, donde me esperaba mi amiga, la cual había movido Roma con Santiago para que pudiera aparcar en la playa al lado de ella pues ese sitio está muy solicitado, sólo hay sitio para 4 o 5 autocaravanas, delante del mar y claro, es muy goloso. Aparco y vamos paseando al sitio que había reservado, Tapería a Madorra, una tasca muy agradable, nos comimos un cuartito de percebes, unos chipirones y un entrecot que se te va la pinza! y claro, dos botellas de vino blanco (Viñaredo) y de postre coulant, café y los típicos licores de orujo cortesía de la casa. Un rato muy agradable que terminamos en mi furgo tomando unas cervecitas hasta las 5 de la mañana.
Dormir y por la mañanita baño mañanero que resucita a un muerto y que quita la resaca al más borracho. Desayuno en la furgo de Dory y mercadillo, empanadas y fin de la visita galega.