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Ashila II - Playa ūüß≠ Diarios de Viajes de Marruecos
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Diario: Relatos de Turquia, Marruecos  -  Localizaci√≥n:  Global  Global
Descripci√≥n: miscelanea de relatos de Turquia, Marruecos
Autor: Juliomad   Fecha creaci√≥n: 
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√ćndice del Diario: Relatos de Turquia, Marruecos


Etapa:  Ashila II - Playa  -  Localizaci√≥n:  Marruecos Marruecos
Descripci√≥n: Un d√≠a de playa en Ashila
Juliomad  Autor:    Fecha creaci√≥n:   
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Reconozco que cuando uno hace un viaje, entre las expectativas que tiene nunca est√° la de andar detr√°s de una mula, empujando un carromato, mientras el animal sufre de flatulencias.

La pregunta que imagino que ya os habéis planteado es, que hacia yo perdido en medio de la nada empujando un carro.

Todo empez√≥ cuando decidimos ir a las playas que est√°n a las afueras de Ashila. La cosa es que podr√≠amos haber cogido un taxi para que nos llevar√° a las playas que est√°n distantes unos cinco km, del centro de la medina, aunque claro eso ser√≠a lo sencillo, pero no es lo suficientemente ex√≥tico y autentico, se lo que sea que signifiquen esos adjetivos sin olvidar qu√© por mucha medina, mucho arco de media luna, mucho almu√©dano, estamos exagerando a 200 Km de Espa√Īa. As√≠ que Gloria con la autoridad que da decir que ella hab√≠a le√≠do que lo t√≠pico era ir a la plaza, contratar all√≠ un carromato, montarnos en el y que nos llevase a las playas decidi√≥ nuestro destino.
La plaza es un hervidero de gente andando, comprando o simplemente charlando entre los diversos puestos, llegamos a la zona de los carromatos. Co√Īo, es verdad, hay carros esperando pienso. Nos acercamos a uno de ellos y sin saber muy bien c√≥mo, nuestro √°rabe es inexistente y el franc√©s del due√Īo del carro se acerca mucho a nuestro nivel de √°rabe, conseguimos que por 250 dirhams nos lleva a nuestro destino.

Montamos en el carro y nos disponemos a comenzar nuestro viaje. Reconozco que llamarlo carro quizás sea un pelín exagerado. Dos neumáticos, unidos por un eje y sobre ellos seis tablones de madera, atravesados por otra madera que los sujeta por medio de clavos, delante a la izquierda un cojín, que deja ver su relleno y que es donde se sienta nuestro guía, elevado por unas horas a la categoría de cochero y por delante de todos, sujeta por unos arneses la mula. Mas exotismo imposible.

Nuestro mayoral, nos lleva por lo que ser√≠a una visita guiada por las mejores zonas de Ashila: feos bloques de pisos de cuatro o cinco plantas, zonas comerciales semiabandonas y llenas de edificios derruidos y para terminar de darnos un ba√Īo de realidad cruzamos por el basurero municipal, donde aparte de tener que cubrirnos nuestra nariz con las toallas, s√≠ vamos a la playa, vemos a grupos de personas rebuscando entre la basura. Si eso no es autenticidad yo ya no comprendo nada.

Por fin llegamos a la carretera, y comenzamos nuestro viaje por el arc√©n. Reconozco que me invade una mezcla de miedo y algo de verg√ľenza. Mercedes viejos nos adelantan a toda velocidad tocando el claxon. Intento recordar si alguna vez he le√≠do alguna noticia sobre turistas que mueran en un accidente de tr√°fico en una carreta. No. Eso me tranquiliza hasta que el siguiente coche pasa peligrosamente cerca de nosotros. Algunos coches moderan su velocidad y nos saludan con la mano. Nosotros devolvemos el saludo como si ver a cinco turistas en ba√Īador encima de un carromato en una carretera fuera la cosa m√°s normal de mundo. Luego los exc√©ntricos son los ingleses.

En un momento dado dejamos la carretera y nos introducimos por un camino de tierra. Avanzamos lentamente, pero todos respiramos m√°s tranquilos, y podemos charlar entre nosotros. Todos reconocemos que hemos pasado miedo. Gloria sonr√≠e entre culpable y se disculpa diciendo que en su gu√≠a no dec√≠a nada de la carretera. Larga vida a lonely planet y a quien sigue sus consejos. El paisaje es mon√≥tono, aburrido y porque no decirlo feo. Una tierra √°rida, seca, plagada de peque√Īos matorrales de color gris√°ceo y sin hojas. Comenzamos a subir un peque√Īo repecho.
Tchich, tchich, oigo al conductor, mientras a la vez tira y sacude las riendas. Pero la mula haciendo honor a su especie es tozuda y ha decido que hasta ah√≠ hemos llegado. Por gestos el hombre nos dice que somos mucho para que la mula pueda tirar de nosotros y que debemos bajarnos. Solo Alba y el se√Īor siguen en el carro. La mula liberada del peso, decide que ya est√° bien y reanuda su marcha. Ascendemos andando lentamente detr√°s de ella. Aunque re√≠mos y comentamos divertidos, las miradas que le dirigimos a Gloria han dejado de ser simp√°ticas. Ella haci√©ndose la loca enciende un cigarrillo. Pese a ser mediados de septiembre hace calor y la playa me parece m√°s lejana que nunca. Y de repente sin previo aviso, un olor nauseabundo inundo nuestra nariz. Es en esos momentos que te das cuenta cuan d√©bil es el barniz civilizatorio que nos cubre, que d√©biles los lazos parentales. Los cuatros adultos miramos reprobatoriamente a Alba, dispuestos a hacer que pague su crimen que baje del carro y camine detr√°s de nosotros. La cr√≠a se ha cubierto la nariz y niega con la cabeza.

De repente o√≠mos otra pedorreta y a continuaci√≥n, nos llega de nuevo una oleada de aire f√©tido. Creo que cuando la gente dice eso de los olores ex√≥ticos, se refiere exactamente a eso, al olor a hierba podrida que emite una vieja mula. Durante los siguientes cuatro o cinco minutos la mula no hace m√°s que tirarse pedos. Por un momento estoy seguro que el hombre, que en ning√ļn momento ha abandonado su adelantada posici√≥n, sonr√≠e. Todos, salvo el hombre, andamos ahora unos metros por detr√°s del carro, dejando espacio entre nosotros y la f√°brica de ventosidades que es el est√≥mago de la mula. Despu√©s de ascender un √ļltimo repecho, el hombre para y nos indica que ya podemos subir, que todo es cuesta abajo. Efectivamente al final del camino se ve ya la playa. Miguel y yo decidimos seguir andando. Poco despu√©s nos cruzamos con el hombre y el carro que est√°n de vuelta.

La playa es inmensa, kil√≥metros de arena blanca rodeada de tierra virgen. Imagino que as√≠ deb√≠an ser las costas espa√Īolas antes de la sobreexplotaci√≥n tur√≠stica. Las olas rompen en la orilla con espuma blanca. Si yo fuera turismo de marruecos, elegir√≠a esta paya como motivo de alguna campa√Īa. Tendemos nuestras toallas y descansamos un rato. Poco despu√©s estamos disfrutando del atl√°ntico. El agua esta deliciosamente fresca y las olas invitan al juego. Durante la siguiente media hora nos dejamos llevar por el ritmo de las olas y disfrutamos como cr√≠os. Como resultado acabamos con arena hasta en los lugares m√°s insospechados. Salimos del agua y nos tumbamos para secarnos. Poco despu√©s Shadeek y Montse y su peque√Īa hija Lua se unen a nosotros.
La playa quiz√°s debido a su enormidad da la sensaci√≥n de estar vac√≠a. Algunos turistas, pocos, tirados en la playa, un hombre obviamente marroqu√≠ que se gana la vida paseando a los turistas con tres camellos y poco m√°s. Un poco a nuestra derecha unos adolescentes, seis o siete, juegan al f√ļtbol, de vez en cuando el partido se para y los chicos se van al agua. Poco despu√©s llega una familia marroqu√≠. Parece la t√≠pica sacada de un juego de cartas. El pap√°, la mam√°, y tres hijas. Se colocan a nuestra izquierda. Nada m√°s llegar el hombre, quiz√°s en sus cincuenta, barriga y barba se quita la chilaba y se queda en ba√Īador. Sin dudarlo se mete al agua. Disfruta de ella, como hab√≠amos hecho nosotros unos minutos antes. Cuando termina su ba√Īo es el turno de la mujer, ella se levanta el borde de su caft√°n y descalz√°ndose se acerca a la orilla y t√≠midamente se moja los pies. Las tres j√≥venes, adolescentes, sin quitarse su chador pasan corriendo al lado de su madre y se meten al agua, est√°n un rato jugando entre ellas. Cuando salen del agua, nos proporcionan el espect√°culo m√°s sensual, que quiz√°s yo haya tenido ocasi√≥n de ver en mi vida. La tela del chador se ha pegado a su cuerpo de tal forma que m√°s que ocultar revela todo el cuerpo de las j√≥venes, ellas pasan delante del grupo de adolescentes y se tumban en sus toallas. No han terminado de sentarse en sus toallas, cuando los chicos dejan el f√ļtbol y empiezan a hacer toda una serie de cabriolas y saltos gimn√°sticos intentando mando llamar su atenci√≥n. Y pensar que hay antrop√≥logos que se van a pasar penalidades durante a√Īos en medio de la selva para estudiar los ritos de iniciaci√≥n y flirteo entre remotas tribus.

Es la hora de comer y Shadeek, nos lleva a un chiringo, que llevan unos amigos suyos. Es el √ļnico sitio que hay en la playa y est√° medio oculto entre las dunas. Es muy b√°sico, cuatro palos, un techo de ca√Īizo para protegerse del sol, tres mesas, unos bancos y una cocina que es poco m√°s que un fuego en el suelo y lo mejor de todo, quiz√°s el mejor taj√≠n de pescado que yo vaya probar en m√≠ vida. Durante la comida Shadeek, nos comenta que lo que hemos visto en la playa es la forma que los j√≥venes han encontrado para burlar las r√≠gidas normas que imperan en sectores tradicionales de la sociedad marroqu√≠.
Dejamos que la tarde discurra pl√°cidamente en la playa, esperando la hora en que hemos quedado para que vuelva a recogernos nuestro ‚Äúveh√≠culo‚ÄĚ. Poco antes de las cinco vemos al carro aparecer por el camino. Miguel, Adri y yo decidimos intentar volver andando. Le preguntamos a nuestro amigo si es posible volver paseando a la ciudad. Nos comenta que s√≠ y nos indica el camino a la vez que se ofrece a acompa√Īarnos.

Hace una tarde estupenda para pasear, el sol de finales de verano ya no molesta mientras comienza a hundirse perezosamente en el oc√©ano. El camino es un peque√Īo sendero de tierra y guijarros que transcurre entre acantilados y un infinito mar de matorrales y arbustos chaparros y secos que se pierden Sahara adentro. A nuestro paso salen peque√Īos saltamontes que brincan y se posan unos cent√≠metros m√°s all√°. No se oye nada m√°s que el sonido de las olas rompiendo unos metros m√°s abajo y de vez en cuando el canto de alg√ļn p√°jaro. Del sendero principal salen peque√Īos caminos que descienden a calas o playas escondidas. Curiosamente o quiz√°s no tanto a un centenar de metros de cada una de estas bifurcaciones hay un peque√Īo puesto de la gendarmer√≠a marroqu√≠. En cada puesto vemos no m√°s de una decena de soldados y polic√≠as. Son puestos simples, no m√°s all√° de una casamata hecha de bloques de hormig√≥n y una antena de radio, construidos con el dinero de la cooperaci√≥n espa√Īola y su √ļnica funci√≥n es la de evitar la partida de pateras con destino a Espa√Īa. Vemos como en uno de los puestos los militares se arrodillan y comienzan a orar.

Una hora y media despu√©s, llegamos a los arrabales e Ashila, notamos como el peque√Īo sendero se agranda y los guijarros y piedrecillas dejan paso a un camino m√°s amplio de tierra apisonada, que a su vez al poco se transforma ahora si en una calle de cemento con sus obligatorias aceras. La soledad de unos minutos antes, deja paso a una multitud de hombres y mujeres que charlan, camina presurosos o termina de hacer la compra. Cruzamos por el mismo mercado de la ma√Īana. Me paro a observar como unos hombres sentados en el suelo reparan las redes de los barcos pesqueros. Llegamos a la puerta de la Medina y es aqu√≠ nos despedimos de Shadeek. Andamos entre las estrechas calles de la medina hasta llegar a la casa. Gloria y Alba ya est√°n esper√°ndonos.
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  √öltimos comentarios al diario:  Relatos de Turquia, Marruecos
Total comentarios 3  Visualizar todos los comentarios

Burriac  Burriac  06/08/2019 19:12
¡Qué bien leer algo tan bien escrito! Te transporta directamente a Estambul.
Felicidades por hacer so√Īar.

Kuiyibo  kuiyibo  07/08/2019 01:20   
Unas fotillos no estarían mal.

ANINIES  ANINIES  15/08/2019 06:04
Qué bien escribes! y gracias por compartir tu punto de vista.

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HAYATI
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Indiana Jones
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Jun 28, 2007
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Fecha: Mar Ago 04, 2020 09:21 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

Hola Fani,

Te voy a contestar más por intuición que por conocimiento. Si es legal, vas a tener que soltar una cuantas propinas para conseguir el correspondiente permiso, y si no lo es (que es lo que me temo) vas a tener que soltar muchas más para que no te lleven a la comisaría.

Por si te sirve el dato: voy a Marrakech desde hace veinte a√Īos (tengo casa all√≠) y, salvo en la Plaza de Jemma El Fna, nunca he visto all√≠ un m√ļsico callejero (ni local ni extranjero).
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Willy Fog
Willy Fog
Abr 20, 2013
Mensajes: 14817

Fecha: Mar Ago 04, 2020 09:52 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

Y probablemente en Jemma el Fna los artistas tendran que sacar algun permiso...
Jo-se
Jo-se
Silver Traveller
Silver Traveller
Ene 19, 2019
Mensajes: 15

Fecha: Jue Dic 31, 2020 08:41 pm    T√≠tulo: Re: Consejos para Marruecos

Yo diria que no se puede, a no ser que sea durante alg√ļn festival como por ejemplo el que se celebra cada a√Īo en Essaouira : Festival de musica Gnaoua

Durante estos festivales, se ven algunos m√ļsicos ajenos al festival tocando por las calles.
Llevo a√Īos pateandome el pais con una furgo y la verdad es que aparte de festivales como este, he visto a poquisima gente.
Contacta con alguna oficina de información y turismo y lo comentas..
Jo-se
Jo-se
Silver Traveller
Silver Traveller
Ene 19, 2019
Mensajes: 15

Fecha: Jue Dic 31, 2020 09:10 pm    T√≠tulo: Re: Consejos para Marruecos

Yo diria que no se puede, a no ser que sea durante alg√ļn festival como por ejemplo el que se celebra cada a√Īo en Essaouira : Festival de musica Gnaoua

Durante estos festivales, se ven algunos m√ļsicos ajenos al festival tocando por las calles.
Llevo a√Īos pateandome el pais con una furgo y la verdad es que aparte de festivales como este, he visto a poquisima gente tocando por la calle.
Contacta con alguna oficina de información y turismo y lo comentas..
jotaatar
Jotaatar
Indiana Jones
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Jun 08, 2011
Mensajes: 1337

Fecha: Vie Ene 01, 2021 01:49 pm    T√≠tulo: Re: Consejos para Marruecos

Se puede preguntar directamente en el.vonsulado marroqu√≠ en Espa√Īa. Hay varios
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