Después de días de planificación, renovar pasaportes (ya obligatorio en el Reino Unido) y preparar maletones con toda la ropa de abrigo y de lluvia que se supone íbamos a necesitar, por fin llegó el momento. Vuelo directo desde Málaga a Edimburgo a las 11:55 h, con llegada sin incidencias a las 14:15 hora británica, una hora menos que en la España peninsular. Pasamos el control de pasaportes bastante rápido (primer sitio donde vemos que se realiza el trámite a través de una máquina). Recogida de maletas y vamos en busca de la oficina de Budget, la casa de alquiler con la que habíamos hecho la reserva del coche. Desde que llegamos y en ese corto trayecto ya pudimos observar varios carteles con unas de las imágenes más repetidas durante todo el viaje: esquelas de la Reina Isabel II fallecida unos días antes.
En principio, el coche que habíamos elegido era un Volskwagen Polo o similar automático. Prefería uno pequeño por ser más parecido a los que suelo usar (Golf y Seat Ibiza) y automático porque no veía claro lo de que la palanca de cambios estuviera al lado contrario y tener que manejarla con la mano izquierda; pues bien, ya nos encontramos con el primer inconveniente... tenían poca disponibilidad de coches automáticos, por lo que si queríamos uno de ellos debía ser un coche bastante más amplio (Mercedes Clase A). Así que ahí que nos vimos con un coche mucho más grande de lo que yo estaba acostumbrado a conducir y dispuestos a salir directamente al tráfico intenso (e inverso) y a los distintos distintos cruces de carreteras que suelen haber en torno a los aeropuertos.
Precio del coche de alquiler: 8 días por 594 euros incluida la cobertura Premium de Rentalcars.
Como se hizo tarde después de todas las gestiones, paramos a comer en un Mcdonald´s a escasos 2-3 km del aeropuerto. Ahí ya pudimos confirmar nuestra teoría sobre el idioma que empezamos a sospechar en el aeropuerto: ¡¡el inglés de Escocia no se entiende!!
Después de recargar energías iniciamos nuestro viaje hacia Luss. Aquí cometimos un error que veo importante señalar para que no sea repetido. Desde el aeropuerto de Edimburgo a Luss se puede ir básicamente por dos caminos tardando el mismo tiempo aproximado, según Google Maps. Se puede llegar pasando por Glasgow (opción que descartamos para no tener que enfrentarnos al tráfico que rodea a una gran urbe), mientras que la segunda opción es ir por Stirling. Esta fue la que escogimos y pienso que incorrecta, ya que durante la mayor parte del trayecto la vía era de doble sentido, carriles bastantes estrechos y muchísimo tráfico, combinación mortal para una persona que está conduciendo por primera vez por la izquierda y, para más inri, con un coche bastante más ancho de lo que está acostumbrado. Hay que tener en cuenta que el volante se encuentra en el lado derecho, lo que hace que cambien todas las perspectivas y medidas que tenemos ya interiorizadas. Este aspecto me costó muchísimo más que la circulación por el lado izquierdo per sé, de tal forma que mi tendencia era siempre pegarme demasiado al lado izquierdo, hasta tal punto que una vez metí las ruedas en la cuneta con el posterior balanceo del coche...un pequeño susto que hizo que los dos primeros días fuéramos un poco intranquilos por la carretera
No obstante, pienso que haber ido por Glasgow siendo todo autovía hubiera supuesto una mejor decisión (carriles más anchos y todos en el mismo sentido).
Al fin, después de todo el estrés, llegamos sobre las 19:00 h a nuestro primer destino: Luss, un encantador pueblo situado en la orilla oeste del Loch Lomond.
Alojamiento: The Lodge On Loch Lomond Hotel (129 libras la noche). 100% recomendable. Habitaciones amplias, cómodas y limpias, con vistas impresionantes hacia el lago. Muy buen desayuno, el típico desayuno escocés que explicábamos al principio y, además, buffet de tostadas, cereales, zumos...

Tras soltar las maletas y contemplar las vistas desde la habitación, salimos a dar un paseo. El hotel tiene una pequeña playa privada que da hacia el lago, muy pintoresca.

Siguiendo un camino paralelo se llega en 5 minutos al centro del pueblo, donde destaca una calle principal con casitas muy monas que hacen de comercios (la mayoría de souvenirs), aunque ya a esa hora estaban cerrados.

Cabe señalar también la pequeña iglesia (en obras) y su cementerio anexo

Detrás de ellos, un sendero que cruza un pequeño puente hasta llegar a una cruz que simboliza la hermandad entre diferentes pueblos.

De vuelta al hotel paramos en unas pasarelas de madera sobre el lago, ideal para una buena foto del pueblo o del hotel; desde ella algunos locales se lanzaban al agua que, por sus reacciones, ¡¡debía de estar helada!!

Cuando caía la noche volvimos al hotel, sólo pudimos cenar el par de galletas que nos dejaron de cortesía en la habitación, ya que a esa hora (a partir de las 20:00) estaba todo cerrado en el pueblo. Teníamos la opción de cenar en el restaurante del hotel, pero estábamos bastantes cansados.