Sábado 08/04/23
Nuestro vuelo de regreso a casa sale a media tarde, así que nos queda toda la mañana para seguir turisteando.
Y como buenos turistas, no podemos pasar de largo del otro icono nacional (siendo el primero el niñito meón), el Atomium.
París tiene la Torre Eiffel, y Bruselas, el Atomium.
Las comparaciones son odiosas pero esta estructura metálica que tampoco estaba destinada a sobrevivir la duración de la Exposición Universal para la que se construyó (1958 la de Bruselas, 1889 la de París) es más resultona de lo que esperábamos.
Está en medio de una explanada desangelada en medio de una autovía.
Ha llovido y el suelo está fangoso, y el cielo está gris, y quizás esto le quita encanto, o quizás le da más aire de reliquia retro futurista distópica.
Se puede visitar el interior y subir a varias de las bolas pero nos parece caro (17€) y no nos hace mucha ilusión así que sólo lo rodeamos desde la calle.
De regreso al centro bajamos del metro en la Porte de Hal, una de las puertas medievales de la muralla que rodeaba la ciudad.
Y proseguimos hacia el Palacio de Justicia, enfrente del cual hay un mirador de la ciudad pero las vistas no son nada del otro mundo.
Descendemos las empinadas callejuelas del barrio de Sablon, con bonitos bares y restaurantes que hoy al ser sábado, están a reventar.
Y con esto diríamos que ya hemos visitado casi todo lo de interés en la ciudad, así que cuando regresamos al hotel a por las maletas estamos satisfechos del tiempo que le hemos dedicado a Bruselas.
A nuestro parecer, merece el mismo que Gante o Brujas, aún siendo estas dos ciudades más pequeñas.
Y aquí se acaba nuestro viaje de Semana Santa de este año. Espero que este diario haya sido de interés del lector y como siempre, dar las gracias a Roger por las fotos.