Ya empezábamos a dirigirnos hacia el suroeste. El programa de la jornada incluía las visitas de los Monasterios de Sucevita y Moldovita, el paso del desfiladero de Borgo y la llegada a la ciudad de Bistrita, donde nos alojábamos esa noche. Unos 192 kilómetros en total, con el siguiente perfil en Google Maps.

A unos 6 kilómetros de Radauti paramos en Marginea, un pueblo conocido por los descubrimientos arqueológicos de cerámica negra que datan de la Edad del Bronce. Actualmente, se sigue esa tradición y en sus talleres se trabaja dicha cerámica, que más que negra me pareció de un color metálico oscuro que, según nos contaron, va oscureciéndose con el paso de los años. Así que, aprovechando una parada técnica para repostar, entramos en una de las tiendas a echar un vistazo. En cualquier caso, una visita sin mayor historia.

Prosiguiendo el camino, no faltaron algunos lugares interesantes, como varias iglesias, y otros bastante curiosos, como lo que parece una ermita.



MONASTERIO DE SUCEVITA.
Situado a 18 kilómetros de Radauti, en el pueblo y junto al río del mismo nombre, el monasterio se fundó en 1583, aunque no se terminó hasta 1601, pues fue uno de los últimos monasterios en pintarse. El entorno natural en que se encuentra es magnífico.

Su arquitectura guarda similitud con el resto de iglesias moldavas, predominando los elementos bizantinos y góticos, y sus muros exteriores e interiores aparecen totalmente revestidos de pinturas, tanto de un lado como de otro.


Lujosa residencia en sus buenos tiempos, se encuentra en un recinto fortificado, ocupando el interior de un patio casi cuadrado de 100 metros de lado, rodeado de murallas de seis metros de altura y con cuatro torres, una en cada esquina. Por sí mismo, ya merecería una visita. En la parte exterior, hay otra iglesia y un cementerio.




Detalles en la entrada.



El color de pintura que domina en este Monasterio es el verde, lo que se puede apreciar perfectamente si nos acercamos lo suficiente.


Además de volver a quedarme con los ojos a cuadros al ver cada detalle de los muros pintados, como escenas más destacadas se citan los Milagros de Jesús y, sobre todo, la Escalera de las Virtudes, una de las obras cumbres de las imágenes pintadas de Bucovina.


Quienes aspiren a llegar al paraíso deberán superar sus 32 peldaños y,al margen de su condición, los que no sean dignos de ascender al escalón final (el Cielo) terminarán cayendo al vacío, es decir, al infierno. Todo muy gráfico y expresivo para las gentes del Medievo.



Y dando la vuelta, por el otro lado de la iglesia, las escenas de las pinturas tampoco tienen desperdicio, incluidas las de los dos pórticos.




Se considera que las pinturas exteriores de Sucevita son que mejor se conservan de todas las iglesias de Bucovina. Cierto o no, la verdad es que son una maravilla. Y colabora a tan grata impresión el bello entorno en que se encuentran.




Dentro de esta Iglesia se puede hacer fotos, aunque solamente en (o mejor dicho, desde) el primer pórtico, lo que permite apuntar un poco más hacia el interior a fin de captar lo que se pueda.





Ni que decir tiene que, al igual que las del exterior, los muros interiores presentaban un aspecto espléndido, tanto que apabulla al encontrarnos en unos especios reducidos y con bastante gente.



También visitamos el museo, que alberga una buena colección de objetos de arte, tapices, bordados, vajillas, libros y manuscritos ilustrados de varias épocas. No estaba permitido hacer fotos.

En fin, una verdadera maravilla que demuestra que ver estos monasterios pintados ya vale la pena viajar a Rumanía.



