Con todo el dolor de nuestro corazón, tocaba despedirse de nuestra querida isla de Ometepe.

Sobre las 12:00 del mediodía, ya estábamos en Granada, bajo un calor intenso. Caminamos hasta el hostal, viendo las casas bajas, con sus tejados de tejas, que tanto me recordaban a mi querida región, La Mancha. El hostal de esta vez, era una casa señorial, que pillamos a muy buen precio, con una habitación que parecía una nave industrial. Totalmente recomendable, El Arca de Noé.
Ya instalados, nos vamos a ver la Catedral de la Asunción y la animada plaza, en la que probamos el famoso Vigorón, en el kiosko El Gordito. Lo del gordito lo pondrían cuando el dueño hizo la comunión, porque ahora estaba como un contenedor de aceite de oliva.

Recorrimos la famosa calle Calzada, mientras buscábamos algún sitio para alquilar una moto para el día siguiente y poder ir a ver uno de mis imperdibles, el activo volcán Masaya. No fue fácil, pero al final encontramos una chica que nos alquiló una trail de 250 cc por 25 dólares.


Ya con eso amarrado para el día siguiente, visitamos diferentes iglesias, como la iglesia de La Merced.
Calle Calzada para arriba, calle Calzada para abajo, hasta llegar al Malecón, lugar muy visitado por los locales.

