Nos despertamos con un biruji que no habíamos sentido desde que salimos de España. Cuando llegamos,ya lo preveíamos, circulando por una pista de tierra, en mitad de una niebla casi londinense.
Pero allí, en las tierras altas, el clima es así. Pillamos el hostal, bueno,pero algo caro para nuestra costumbre, a unos 600 metros de la entrada del parque, así que nos vamos andando hasta la entrada.
Remarcar que para pasar a este parque, se debe reservar con antelación por Internet, en una página que se llama SINAC. Éste es bastante asequible, unos 13 dólares y su mejor reclamo, la cascada y el río Celeste .

Tardas algo menos de tres horas en recorrerlo. El camino es lineal, así que lo que ves a la ida lo ves a la vuelta. Al poco de empezar,hay una bifurcación, a la derecha, hacia la cascada, que recomiendo hacerla la primera y a la izquierda, el río y los borbollones.
La cascada es una pasada, se ve precioso el color azul. El color es por unos pigmentos que hay bajo el agua, pero yo me quedo mejor, con la romántica hipótesis, de que ese color tan azul se debe a qué cuando Dios pintó el cielo, limpió sus pinceles en las aguas del Río Celeste.


En Monteverde nos alojamos dos noches en un sitio de mochileros, que era cojonudo. Hostel Cattleya, con habitaciones compartidas y privadas, cocina y todo el café que te quieras tomar gratis. Si os gusta el café como a mí, el ahorro que te das allí,es palpable.

