Nuestra mañana comenzó visitando desde fuera la Forteresse de Montbazon. No entramos, pero por la información que recabamos antes, lo lleva una asociación que, además, hacía talleres y recreaciones durante el horario de apertura. Estaba muy enfocado a las familias. Desde fuera se puede ver algo, la entrada está en la misma muralla del castillo, pero para llegar hasta ella se recorre un tramo del camino de ronda. También desde abajo, desde el pueblo, se ve algo.
Después, nos fuimos a Chédigny, el pueblo calificado como jardín remarcable. Fue una buena idea para cambiar la temática de castillos y aprovechar para mover las piernas. Todo el pueblo rebosaba flores, tranquilidad y encanto.

Siguiente parada: Loches. Tiene varias cosas para ver y merece la pena: el Hôtel de Ville y su placita, la calle que sube desde dicha plaza a la parte alta del pueblo donde se encuentran la Colegiata de Saint-Ours, el torreón y, descendiendo por sus cucas calles, encontramos el Jardin Public, bañado por el río Indre, y en el que encontramos un merendero con sombra para hacer picnic, un parque para los niños y unas preciosas vistas en altura de los edificios históricos de la ciudad. Muy recomendable.

Y de pueblo a bonito a pueblo aún más bonito: Montrésor. Si ya el nombre lo dice todo. Parece el pueblo de Bella en "La Bella y la Bestia". Lo bonito aquí es descubrir sus calles hasta llegar subir al castillo (muy bucólica su entrada ruinosa) y así, ir descubriendo sus casas de piedra, las flores que asoman en cualquier recoveco y, aún más original, el paseo por la ribera del río Indrois: los Balcons de l'Indrois, con puentencitos y esculturas de materiales reciclados.

La siguiente parada fue el Château de Montpoupon, que se ve perfectamente desde fuera.

Y por fin llegamos a Amboise, nuestro campamento base por dos noches seguidas. ¡Toda una novedad!
Fuimos hasta el río (en este caso, el Loira) y cruzamos el Puente del Mariscal Leclerc hasta la isla d'Or. Luego volvimos, y paseamos hasta el atardecer.

