Aunque la noche empezó con mucho bochorno, al final ha refrescado y, de los que estábamos en la habitación, creo que el único que ha roncado he sido yo. A las 8:30 nos han recogido para hacer el tour de las ruinas de Lamanai. Voy con un italiano, que habla español perfecto, dos estadounidenses y dos jamaiquinos. El tour me ha costado bien caro, pero al menos ha estado bonito.
Para llegar a las ruinas se va en barca recorriendo un río importante de Belice. En el camino hemos visto cocodrilos, iguanas, tortugas y una culebrilla nadando. A medio camino se pasa por un poblado menonita. Se ven las casas, que parecen sacadas de una película americana, sus campos de maíz, su ganado y a lo lejos algunos de ellos trabajando en el campo. Nos hemos cruzado con una pareja de menonitas en barca remando con un tablón.
Los menonitas llegaron a Belice en 1958, buscando libertad religiosa y tierras fértiles. Se trasladaron desde México, donde se habían asentado tras emigrar de Canadá debido a restricciones educativas. En Belice, formaron comunidades donde se han asentado hasta ahora. Viven de manera sencilla, enfocándose en la agricultura y la ganadería, y limitando el uso de tecnología moderna. Limitan el uso de tecnología moderna, prefiriendo métodos tradicionales en agricultura y transporte, como carros tirados por caballos. Evitan la electricidad y los electrodomésticos en sus hogares, se comunican por cartas y confeccionan su propia ropa, vistíendo de forma homogenéa y muy característica. Preservan su idioma, el Plautdietsch un dialecto del alemán, y sus costumbres, no siendo educados en la cultura Beliceña y generando algún problema de integración según nos cuenta el guía.
Después de una hora de navegación, llegamos a la zona de las ruinas. El paisaje es selvático como en Tikal, con sus monos aulladores incluidos. La zona de desembarco la tienen curiosa con una especie de jardín botánico en el que se puede ver la orquídea negra en flor, la flor nacional de Belice.
Las ruinas son mucho más pequeñas que las de Tikal, pero están bien cuidadas, algunas incluso mejor conservadas que en Tikal, con máscaras y dibujos reconocibles. El guía nos ha ido contando la historia del juego de la pelota, las diferentes pirámides y al final nos ha estado hablando del idioma que hablan ellos, el kriol. Es una lengua criolla basada en el inglés, con influencias del español, lenguas indígenas y africanas, entre otras.
Después de visitar las ruinas, hemos comido en el embarcadero y vuelta a la barca. La verdad es que, aunque me hayan clavado con el tour, me ha gustado. Hemos llegado a Orange Walk a las 15. Tenía pensado ir a Sarteneja mañana, pero los ingleses de anoche me hablaron de la fiesta nacional Garífuna que se hace este domingo y tiene buena pinta. Me quedo hoy en Orange Walk y mañana voy a primera hora hacia el pueblo donde se hace la fiesta. Es un pueblo costero, así que echo el día en la playa y al día siguiente veo las fiestas. Se supone que hay dos campings, así que espero tengan hueco.
Por la tarde, he vuelto al restaurante del río. Me he echado unas cervezas Belikin con un cocodrilo tomando el sol, a escasos dos metros de mí, y pajarillos varios. El sitio está especial. Ya atardeciendo, poco más, me he acercado a una zona donde estaban practicando Garífunas con tambores y bailes, he comido maíz con cosas y fin de la cita.
Mañana tengo pensado madrugar mucho y estoy solo en la habitación, así que voy a marear un poco y a dormirme temprano.