Ayer me dijeron que el primer bus a Belice City era a las 5. He llegado a la estación de bus a las 4:45 justo cuando llegaba el bus a Belice. Ha sido llegar, montarme e irse el bus. Si llego a ir a las 5, me quedo esperando una hora.
El bus hasta Belice ha sido un buen despertar. Iba a tope. Me ha tocado ir de pie en el medio, estrujado entre la gente. Una hora y media, con la discografía de Chayanne a todo lo que da. A las 5 de la mañana y escuchando "Hay que ser torero" a 250 decibelios. La gente que está sentada increíblemente duerme. Ni con 20 pastillas me dormiría yo. Al menos los buses aquí no van loquísimos como en Guatemala.
A las 6:30 hemos llegado a Belice city. El bus a Hopkins sale a las 7:15. He desayunado unos pasteles de carne típicos y 10 minutos antes de la hora hemos salido. El único país donde se adelantan los buses.
El bus hacia Hopkins ha sido, de lejos, el más curioso. Llega hasta Belmopan para luego tomar una carretera bastante escénica, Hummingbird Road. Esta carretera sería una maravilla poder recorrerla con coche alquilado. El paisaje es precioso y hemos parado en un pueblo menonita y se ha subido una familia con 6 hijos, dos chavales jóvenes y una mujer. Verlos es como cuando ves por primera vez judíos ortodoxos. Es un choque. Las mujeres parecen sacadas del cuento de la criada, van todas con un vestido azul y una especie de cofia negra. Todas rubias con ojos azules y verdes. Los hombres no son menos curiosos, van todos con una especie de uniforme de granjero. Barba, sombrero de paja y tirantes. Al lado mío se ha sentado un niño menonita que me miraba fijamente, se me ponían los pelos de punta. Viendo el panorama del autobús, todo garífunas, unos pocos latinos y yo, imagino que el crío no entendería por qué yo, siendo tan blanco, no visto como un menonita. Yo al crío le sonreía y él me devolvía la sonrisa, pero el padre tenía cara de pocos amigos.
El bus han sido 4 horas hasta "Hopkins", lo pongo entre comillas porque el bus me ha bajado en un cruce a 11 km de Hopkins. Yo ya me olía que iba a pasar eso. Hopkins es una comunidad Garífuna muy mal comunicada, buses hasta el pueblo hay como dos al día. Bajo un soletón del demonio y con cara de circunstancia he ido hacia la carretera, recordando los días de frío de Guatemala y Ecuador. La primera furgoneta que ha pasado le he levantado el dedo y me ha parado. Me he subido detrás del remolque donde iban dos rastas. Hemos chocado puñitos y nos han dejado en Hopkins.
El pueblo no se puede decir que no sea auténtico. Es 100% Garífuna. Los garífuna son descendientes de africanos que escaparon de naufragios de barcos esclavistas en el siglo XVIII, encontraron refugio en la isla de San Vicente antes de ser exiliados a lo largo de la costa centroamericana, incluyendo Belice. Llegaron a Belice en el siglo XIX, huyendo de la persecución en Honduras y Guatemala. Establecieron comunidades en lugares como Dangriga, Hopkins y Punta Gorda y tienen un identidad cultural muy marcada y orgullosamente mostrada.
Hopkins son casitas como prefabricadas sueltas por la costa y rodeando una carretera principal, llena de puestecitos de comida y algún hotel. Están preparando las fiestas de mañana y se ve buen ambiente. La gente me saluda en inglés, cada uno acompañando con un gesto random de las manos. Muy rastafari.
El camping resulta estar al sur del pueblo, a las afueras. "Castillos beach". Tras media hora andando llego a un parche de playa que es el camping, donde dos mujeres están despellejando un pollo. Me indican que puedo acampar en la orilla por 4€ la noche. El sitio es idílico. Ni un alma. La playa limpia, pelícanos y fragatas volando, cocoteros y el agua calentita. He montado la tienda y me he pegado un baño. Al rato ha aparecido una mujer mayor de Michigan, lleva 7 años viviendo en una cabaña en el camping. Hay gente para todo, dice que si uno es humilde es una vida cómoda. Le acompaña un perro hiper sociable que tiene aprendido pedir caricias poniéndote el culo entre las piernas y dando empujones con él. Precioso. He estado un rato hablando con la mujer, mientras le rascaba el culo al perro insistente, en cuanto paraba me daba culazos para que siguiera. Me dice que las fiestas Garífunas en Hopkins son más auténticas que en Dangriga. Allí son más multitudinarias y hay mucho alcohol, aquí son más culturales y más recogidas. Voy a hacerle caso a la mujer, que lleva aquí 7 años, y me ahorro ir mañana a Dangriga quedándome aquí a ver la fiesta. Así por la tarde aprovecho la playa.
Después de hablar con la mujer me he ido por la playa hasta el centro del pueblo. Mucha música y paisanos bañándose y engalanando las casas con banderas Garífunas y demás. He tomado algo mientras unos críos jugaban a la pelota en el agua. El idioma que hablan es incomprensible, garífuna, escuchándolo no se pilla absolutamente ni una palabra.
Para cenar me he metido en un bar local y me he pedido lo que se supone que es típico en estas fiestas. Hudut. Una especie de sopa de coco con leche y un pescado frito, acompañado de una pasta de coco, plátano y maíz. Increíblemente no sabe nada a coco. Bastante bueno.
Después de cenar me he acercado a tomar otra Belikin a la zona de la playa. Un grupo toca los tambores pero menos gente de la que me imaginaba. Imagino que es pronto porque se supone esta gente está tocando los tambores hasta mañana al amanecer. Yo a las 9 he puesto rumbo para el gusano y fin del día con las olas.