Nos dijeron que a las 6:30 estuviéramos preparados, pero la cosa hasta las 7:30 no ha empezado. He desayunado tranquilamente y ahí he conocido a los españoles que hay. Una pareja que viene tres meses a hacer el divemaster, una chica que viaja sola, un hombre de cincuenta y pico que también viaja solo, y un chaval de Valencia que ha venido a hacer el Open Water.
El barco no está mal y los equipos son decentes. Al primer punto de buceo hemos ido al norte de la isla, navegando unos 45 minutos. El segundo buceo ha sido más cerca del centro. Los dos buceos han sido parecidos. Nos tiramos en una plataforma de coral y se baja a una pared; se avanza hacia una dirección y se vuelve. El buceo cumple. Es tremendamente parecido a Cuba. La visibilidad es total, mucho coral blando tipo gorgonias y esponjas tubulares. Se ven peces tropicales como cirujanos, damiselas, ángeles o mariposas. Peces cofre y algún globo, pero nada más grande que un palmo. En el primer buceo hemos visto dos tortugas y en el segundo una tembladera. La gente sale diciendo que le ha encantado, pero creo que tienen pocos buceos detrás. Si es de las primeras veces que buceas, entiendo que maraville, pero, aunque hay mucho coral, hay poca variedad y sobre todo muy poca vida. Es un buceo bonito, pero si hubiera llevado la cámara habría grabado poco. Lo de bucear sin cámara es como estar en un bar sin cerveza; no sabía dónde poner las manos.
Hemos vuelto de los buceos a las 12. He endulzado, he cogido la ropa sucia y he ido a buscar lavandería. Aquí en el centro cobran como 8 euros y me parece demasiado. He encontrado al final a un tío súper peculiar, vestido de mujer, con las uñas pintadas, hablando una especie de espanglish, que me lava la ropa por 2,5€. A saber cómo queda.
Mientras se ha puesto a diluviar, me he metido en el mismo sitio que cené ayer baleadas. La verdad que están buenas, pero llevo ya tres días de baleadas; voy a tener que ir cambiando. En el bar se juntan los mismos turistas de ayer. Cómo somos los turistas: si un sitio sale bueno, nos aferramos a él a muerte. Ya comido, he preguntado en una tienda por transporte a unos cayos y me dicen que el viernes podría ser. Afortunadamente, la predicción de tiempo es mala para hoy y mañana, y parece que el viernes relaja.
Justo antes del diluvio universal he llegado al hostal y, mientras llovía, he estado de charleta con el hombre español. Resulta ser de Ciudad Real y está de viaje un mes por esta zona. Bien majo. Cuando ha parado de llover, me he cogido un tuktuk para una zona que se llama Coral View. Hay un bar sobre un muelle en el que me he echado una cerveza hablando con la camarera sobre Costa Rica y España. Dice que le gustaría ir a España, pero que allí hay mucho racismo. Lo de que en España hay racismo no es la primera vez que me lo han dicho en el viaje. Ven el racismo fuera, pero les cuesta ver el propio. En Ecuador a los venezolanos los tratan como apestados y a los indígenas los tienen de bárbaros. En Guatemala los mestizos y los negros no se juntan. En Honduras dicen que las de Guatemala son más feas por estar indiadas, si eres blanco te llaman Chele y blancos y negros tampoco se relacionan y, durante todo el viaje, me han intentado hacer pagar más por ser demasiado blanco, llamándome gringo... Hay racismo en España evidentemente pero no mas que en Honduras. Hablando se entiende la gente y al final hemos terminado sacando una conclusión parecida. Buena mujer la camarera.
Una vez que ha dejado de llover, me he metido al agua. El snorkel me ha parecido sobresaliente, prácticamente he visto lo mismo que buceando, y eso no es que hable mal del buceo, sino muy bien del snorkel. Mucho pez tropical, un ballesta enorme y una especie de centollo de metro de ancho. Es que, encima, a medio snorkel me ha salido el sol incluso.
Después del snorkel, ya de noche, me he pegado una ducha y baleadas otra vez. Aquí me ha tocado socializar a lo backpacker. El chico de Valencia me ha dicho que si me voy con él a ver un ensayo de un grupo de uno de los chavales que trabaja de monitor de buceo, y nos hemos ido a la casa de un hondureño donde estaban cuatro tíos tocando y cantando. Hemos echado unas cervezas y muy bien; se sabían canciones de Los Delincuentes. Han tocado Molotov, Los Piojos, Calamaro... Es increíble cómo, siendo de países tan alejados, tengamos tan en común la música. Es que básicamente tocaban las mismas que cuando me junto con mis amigos. Hemos pasado un rato buenísimo. Con la tontería, me he cascado un litro de cerveza y me he acostado más para allá que para acá.