Al igual que hicimos en Viena con Melk, este día tenía preparada una excursión fuera de la ciudad. Estuvimos dudando entre Szentrendre y Esztergorm, pero este primero está más cerca y parece más facil llegar hasta allí, así que elegimos este pueblo. Se puede ir en tren por poco dinero, unos 2 € y tarda menos de una hora. El problema fue que el tren era muy antiguo y no tenía aire acondicionado, así que un día más pasamos muchísimo calor. Szentrendre es un pueblo bastante pequeño, pero con casitas de colores, iglesias, miles de tiendas y es muy agradable para dar una vuelta.


Entramos en algunas tienditas, bajamos hasta la orilla del Danubio y sobre la 1 buscamos un sitio para comer. Miramos la carta de un par de sitios y al final fuimos a un restaurante que esté en la placita más céntrica del pueblo, pero comimos fenomenal y bien de precio. Los dueños eran una pareja muy amable que chapurreaban un poco español. Aquí probamos todos los platos típicos húngaros: sopa de gulash, pollo con paprika, carne de cerdo con verduras, carne de gulash ... Despues buscamos una heladería para comer el postre, aunqeu también había bastantes cafeterías para comer tartas con muy buena pinta.
Yo había visto que en este pueblo había una "playa" para bañarse en el Danubio y cogí bañadores, pero a mi familia no le apetecía el plan, así que después de comer cogimos el tren de vuelta a Budapest. Yo pensaba que esto era una excursión de un día, pero para las 3 estábamos otra vez descansando en el apartamento. En definitiva, si vais varios días me parece una excursión bonita y fácil de hacer por tu cuenta para una mañana y también un buen sitio para probar platos típicos, porque fue donde mejor comimos en todo el viaje, pero tampoco es imprescindible,
Después de la siesta y cuando ya había bajado el calor, tocaba hacer planes para adolescentes. A mi hija (15 años) le encanta la ropa y las tiendas de segunda mano, así que busqué varias en google por el barrio judio e hicimos una ruta explorando este barrio y aprovechando para entrar en algunas tiendas. Yo tenía apuntado que en la calle Kiraly nº 15 había un trozo de muro del gueto judío. Fuimos para allá y resulta que es un edificio privado, pero unas chicas abrieron el portal para entrar y nos colamos. No es gran cosa, sólo un muro, pero estremece pensar lo que significa, que miles de judios fueron confinados en ese sitio.

Pasamos por la sinagoga de la calle Rumbach (enfrente hay un edificio con un mural dedicado a Sisi) y tambien por la Gran Sinagoga, pero no entramos porque faltaba poco para cerrar y nos pareció excesivamente cara (casi 100 € los 4). En la calle Dob nº 4 hay un mural dedicado a Angel Sanz Britz, el embajador español que salvó a miles de judios. Si no conoceis esta historia buscarla en Google, porque es muy interesante. El barrio judio bien se merece una tarde para callejear viendo sus murales, entrar en alguna tienda y ver las sinagogas aunque sea sólo por fuera. Es muy buena zona para alojarse y también para salir a comer o cenar.

Terminamos la ruta por el barrio judio acercándonos al famoso café New York, pero debían ser las 7 o así, la hora de merendar para nosotros pero tal vez ya la de cenar para otras personas, y había muchísima cola. Mi marido miró los precios por internet y vio que es carísimo, así que decidimos no hacer cola y repetimos en el café de la Opera, que tiene dos vitrinas llenas de tartas. Probamos la tarta dobos que es típica y otra que no recuerdo, pero estaban buenísimas.
Y ahora tocaba el plan que llevaba mi hijo (17 años) pidiendo desde que lo vio en un folleto que nos habían dejado en el apartamento: El "museo" del pinball. Cogimos el autobús y nos fuimos para allí. Por fuera es como un antro, con una puerta negra que te lleva a un sótano, pero cuando entras... está lleno de máqunas de pinball y otras máquinitas, algunas más antiguas de los años 80 o 90 y otras más nuevas y hay bastante gente, familias con niños, muchos turistas, vamos que no es tan horrible como suena
Te mando estrellitas.