Tras un rápido desayuno, nos ponemos en contacto con la agencia de alquiler de coches para que nos informen de dónde debemos llevar el vehículo. Se trata de un taller a las afueras de la ciudad. Cuando llegamos no sabían nada.... empezamos mal. Tras un par de llamadas, llegó un chico muy simpático que nos llevó al centro del pueblo y nos dijo que en un par de horas nos volvería a recoger. Como era muy pronto, estaba todo cerrado y sólo nos quedaba la Gasolinera N1, que la verdad estaba bastante bien. Tiene tienda de regalos y un mapa gigante de Islandia donde puedes ver todas las carreteras y atracciones. Además por el precio de un café puedes repetir tantas veces como gustes. Aún así las 2 horas y media de espera se nos hicieron eternas, pero finalmente pudimos seguir nuestro camino con el coche en perfectas condiciones. Sólo habíamos perdido 3 horas, podía haber sido peor.

En este día también teníamos muchos kilómetros de carretera sin paradas, pero antes nos detuvimos para apreciar la fantástica cascada de Rjúkandafoss , una de las más altas del país (93 metros de altura). La cascada Rjukandi debe su nombre al término islandés “rjuka”, que significa “vapor o viento”. El nombre es apropiado, ya que la cascada tiene mucha niebla que parece humo debido a la espectacular caída de las frías aguas. El parking es gratuito y está junto a la carretera 1, con lo que podrás verla en poco tiempo.
Conforme iban pasando kilómetros, el paisaje empezó a cambiar por momentos, y cada vez se veía más desértico, sin montañas ni vegetación. Había comenzada a llover de forma intermitente y disfrutábamos como niños con lo que estábamos viendo. Decidimos parar en un mirador muy recomendable para apreciar este paisaje tan inhóspito, el White Chair parking . Eso sí , debéis tener cuidado con el viento al abrir las puertas, es muy fuerte.
Conforme iban pasando kilómetros, el paisaje empezó a cambiar por momentos, y cada vez se veía más desértico, sin montañas ni vegetación. Había comenzada a llover de forma intermitente y disfrutábamos como niños con lo que estábamos viendo. Decidimos parar en un mirador muy recomendable para apreciar este paisaje tan inhóspito, el White Chair parking . Eso sí , debéis tener cuidado con el viento al abrir las puertas, es muy fuerte.

Tras casi dos horas de camino nos desviamos por la carretera 862 hacia las cascadas de Detifoss y Gulfoss. La carretera está perfectamente asfaltada, aunque la encontramos cubierta por la niebla, y llega hasta un parking (de pago) donde tienes servicios gratuitos. Tras seguir un sendero de unos 500 metros, se llega a la gran cascada. Detifoss es la cascada más caudalosa de Europa y esa particularidad la hace tremendamente poderosa y bella. La cascada se creó cuando, hace millones de años, una placa basáltica se rompió, lo que creó una falla de donde salió la cascada. Esta falla forma parte de la dorsal atlàntica que divide Islandia en dos partes, cada una perteneciente a placas y continentes diferentes (Americana y Euroasiática). Con sus 100 metros de anchura y 45 de altura el volumen de agua llega a los 200 metros cúbicos por segundo, una auténtica salvajada. De verdad que ver esta cascada bajo la lluvia fue un auténtico subidón, te mojabas estuvieses donde estuvieses, ya que te podía llegar una ducha inesperada en cualquier momento. La cascada de Gulfoss es bastante más modesta, se encuentra a escasos 300 metros de su hermana mayor y tiene su encanto pero no llega por mucho a la belleza y fuerza de Detifoss.

Como no dejaba de llover decidimos preparar la comida y comer en el coche en el mismo parking de la cascada. Se nos había hecho bastante tarde y no teníamos demasiado tiempo si queríamos cumplir con el programa previsto. Tras reponer fuerzas seguimos nuestro camino bajo la lluvia, que tampoco era demasiado intensa.
Poco a poco nos acercábamos al lago Myvathn, una de los zonas geotermales más activas del país. Llegando ya al lago, encontramos un cruce, a la izquierda se accedia directamente a la zona geotermal de Hverir y la derecha se subía por la carretera 863 hacia el crater Viti y Leirhnjúkur, otra zona geotermal. Nos decantamos por girar primero hacia la derecha. Tras pasar junto a la curiosa ducha (en medio de la nada), donde comprobamos que efectivamente sale agua caliente, llegamos a Kröflustöd, la mayor planta geotérmica de Islandia. Junto a ella bajaban ríos de agua humeante de color azul. Llovía y la niebla empezó a cubrirlo todo. Así que cuando llegamos al parking del Víti, no se veía absolutamente nada...
Una pena... este crater se formó en 1724 por una erupción masiva en parte de la región volcánica de Krafla. Este evento duró, en su totalidad, cinco años, y se denominó los Fuegos de Myvatn. Se dice que los chorros de lava que salían disparados hacia el cielo eran visibles desde la Costa Sur. El diámetro del cráter es de unos 300 m; sin embargo, es mucho más conocido por el agua azul aguamarina que alberga durante todo el año. Esta viva coloración se debe a elementos procedentes de la actividad geotérmica de la zona.. El Krafla volvió a expulsar lava en diciembre de 1975. A lo largo de casi nueve años hubo otras tantas erupciones consecutivas, creando un campo de lava de 36 kilómetros cuadrados. El episodio es conocido como los Fuegos del Krafla y está considerado como uno de los fenómenos volcánicos de mayor importancia en la época moderna de Islandia.
Poco a poco nos acercábamos al lago Myvathn, una de los zonas geotermales más activas del país. Llegando ya al lago, encontramos un cruce, a la izquierda se accedia directamente a la zona geotermal de Hverir y la derecha se subía por la carretera 863 hacia el crater Viti y Leirhnjúkur, otra zona geotermal. Nos decantamos por girar primero hacia la derecha. Tras pasar junto a la curiosa ducha (en medio de la nada), donde comprobamos que efectivamente sale agua caliente, llegamos a Kröflustöd, la mayor planta geotérmica de Islandia. Junto a ella bajaban ríos de agua humeante de color azul. Llovía y la niebla empezó a cubrirlo todo. Así que cuando llegamos al parking del Víti, no se veía absolutamente nada...
Una pena... este crater se formó en 1724 por una erupción masiva en parte de la región volcánica de Krafla. Este evento duró, en su totalidad, cinco años, y se denominó los Fuegos de Myvatn. Se dice que los chorros de lava que salían disparados hacia el cielo eran visibles desde la Costa Sur. El diámetro del cráter es de unos 300 m; sin embargo, es mucho más conocido por el agua azul aguamarina que alberga durante todo el año. Esta viva coloración se debe a elementos procedentes de la actividad geotérmica de la zona.. El Krafla volvió a expulsar lava en diciembre de 1975. A lo largo de casi nueve años hubo otras tantas erupciones consecutivas, creando un campo de lava de 36 kilómetros cuadrados. El episodio es conocido como los Fuegos del Krafla y está considerado como uno de los fenómenos volcánicos de mayor importancia en la época moderna de Islandia.
Conforme bajamos la niebla y la lluvia fueron desapareciendo, aunque el frío se intensificaba por momentos, así que nos dirigimos hacia Hverir, otra de las zonas geotermales más activas de toda Islandia. El parking es de pago y está a escasos metros de la zona termal. También conocida como Hverarönd, esta región destaca por el color ocre de sus paisajes y, principalmente, por las numerosas fumarolas y pozas de lodo hirviendo que de distribuyen a lo largo de varios kilómetros, donde verás diferentes lugares con fisuras por las cuales se expulsa a presión y constantemente el vapor de agua y ácido sulfhídrico. Aunque quizás menos fotogénicas que las fumarolas, también hay varias pozas y charcos de algo que podría denominarse barro sulfuroso de diferentes densidades, hirviendo y burbujeando sin tregua.
Además de presentar diferentes tonalidades y colores que te hacen recordar una y otra vez que parece que estés en otro planeta. A pesar del intenso olor a azufre, la curiosa actividad geotermal invita a todos los visitantes a recorrer sus senderos y admirar las maravillas que nos brinda el interior de la Tierra. Debido al enorme calor del subsuelo de Hverir, es muy importante no salirse de los senderos delimitados, tanto para preservar esta joya como para evitar quemarse con el vapor de las fumarolas o meter el pie en alguno de los lodazales en ebullición.
Además de presentar diferentes tonalidades y colores que te hacen recordar una y otra vez que parece que estés en otro planeta. A pesar del intenso olor a azufre, la curiosa actividad geotermal invita a todos los visitantes a recorrer sus senderos y admirar las maravillas que nos brinda el interior de la Tierra. Debido al enorme calor del subsuelo de Hverir, es muy importante no salirse de los senderos delimitados, tanto para preservar esta joya como para evitar quemarse con el vapor de las fumarolas o meter el pie en alguno de los lodazales en ebullición.


Tras un día con algunos nervios al principio, decidimos improvisar, nos merecemos un momento de relax, así que nos dirigimos a los cercanos Baños termales. Los baños naturales Myvatn se ubican en la colina Jardbadshólark, un lugar propicio para este tipo de piscinas termales ya que se ubica, al igual que el resto del Lago Myvatn, en una zona con una actividad geotermal altísima. El agua de las dos piscinas se encuentra a unos 41°C, y proviene de manantiales naturales ubicados bajo el balneario. Es por ello que, además de relajante, el agua de los baños naturales Myvatn posee propiedades beneficiosas para la piel y la salud… además de un ligero olor a azufre, característico de las regiones volcánicas. Uno de los principales atractivos de estas termas son sus estupendas vistas panorámicas de la región del Lago Myvatn, completamente visibles desde cualquier punto. Que mejor broche que acabar el día en un buen baño caliente bajo la lluvia!

Con la sensación del deber cumplido nos dirigimos hacia nuestro alojamiento, que se encontraba a poco más de 40 km. Continuaba la lluvia débil cuando llegamos al CJA Ghesthouse , una bonita casa de huéspedes. La casa y la habitación genial, pero la cocina era muy pequeña. El desayuno estaba incluido, aunque no pudimos prepararnos la comida de mediodía, ya que el propietario estaba allí vigilando cual vikingo cabreado... ]
