Confirmando las poco halagüeñas previsiones meteorológicas que nos obligaron a cambiar de rumbo por la mañana, conforme circulábamos hacia el noreste por la A8 comenzamos a ver una poco prometedora masa de nubes negras en lontananza que nada tenía que ver con el sol y el calorcito que traíamos de la zona ferrolana. Y, de pronto, como en una representación antológica de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde en versión paisajística, aparecieron la bruma y una fuerte lluvia, al tiempo que notábamos una radical caída de la temperatura. Ya nos había pasado algo similar hacía unos años, de camino hacia Ribadeo desde la Ribeira Sacra, y es que en esa autovía suelen aparecer de forma súbita espesos bancos de niebla que han provocado numerosos y graves accidentes de tráfico. Así que mucho ojo y atención.

Llegamos a Mondoñedo sobre las siete de la tarde y el panorama no mejoró: llovía bastante, casi hacía frío y apenas se veía una casa a cinco metros, así que nos vimos obligados a suspender el paseo que teníamos previsto por el casco antiguo.
Esa noche nos alojamos en el Hotel Montero, de una estrella, situado en la carretera, aunque a cinco minutos caminando del centro. Es un establecimiento sencillo, que se utiliza también como albergue de peregrinos, donde pasamos la noche perfectamente y con una atención estupenda. Además, cenamos muy bien: un par de tazones de caldo gallego casero, una ración de pulpo y una porción de la tradicional tarta (o torta) de Mondoñedo. Nos costó 105 euros, incluyendo alojamiento, cena y desayuno. También tuvieron el detalle de encender la televisión en el comedor para que pudiésemos ver mientras cenábamos uno de los partidos de tenis de nuestros queridos "Nadalcaraz".

La mañana siguiente amaneció muy nublada, pero ya no llovía y tampoco había niebla. Nuestro programa del día incluía la visita de Mondoñedo, la Fervenza de Santo Estevo de Ermo y Foz, para luego dirigirnos a Lugo capital, donde nos alojaríamos la última noche de nuestro periplo gallego. En total, unos 145 kilómetros, con el siguiente itinerario sugerido por Google Maps, si bien tuvimos que “coaccionarle”, desechando la ruta absurda que nos proponía en un principio y que añadía casi cuarenta kilómetros al recorrido.

Después de desayunar en la cafetería del hotel, fuimos a dar una vuelta por Mondoñedo, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1985. También figura inscrito en la Asoción de los Pueblos Más Bonitos de España.

Situado a 61 kilómetros de Lugo, en la comarca de la Mariña, cuenta con una población actual de unos 3.500 habitantes. Fue capital de una de las siete provincias históricas gallegas y comparte sede episcopal con El Ferrol, ciudad en la que el obispo tiene su residencia. El municipio incluye zonas de montaña, por lo que su altitud va desde los 833 metros a los 40, a orillas del río Mesma, encontrándose el casco antiguo a 141 metros. Pese a que su primera mención escrita data de 1112, en sus inmediaciones hubo asentamientos humanos desde el neolítico, prueba de lo cual son los restos arqueológicos que se conservan, como petroglifos, castros... Asimismo, es final y principio de etapa en el Camino de Santiago del Norte.


Recorriendo el casco viejo.
Aparte de la Catedral, a la que me referiré más adelante, entre los principales lugares para visitar están el Seminario de Santa Catalina, del siglo XVII, que cuenta con una impresionante biblioteca, el Palacio Episcopal, las murallas medievales, de las que solo subsiste un pequeño tramo, la Capilla de San Roque, el Cementerio Viejo y la Iglesia de Santiago, que recibe el nombre de “Iglesia Nueva”, debido a construcción posterior al resto de monumentos, ya que se finalizó en el año 1900.



También me pareció muy pintoresca la Fonte Vella (Fuente Vieja), construida en 1548 por el obispo Diego de Soto, en ella figuran los escudos del propio obispo y de Carlos V.



El espacio más visitado y donde confluyen todas las calles es la Plaza de la Catedral, mirando a la cual se encuentra la escultura de Álvaro Cunqueiro sentado en un banco, así como su casa natal, convertida en museo y restaurante. Cuenta con casas porticadas, en cuyos soportales vimos varias terrazas de bares y restaurantes, que ofrecían platos y menús del día interesantes y a buen precio. Toda una novedad.


Adquirimos algunos productos locales en una de las tiendas y luego fuimos a la cafetería O Rei Das Tartas, donde, además de poder degustarlas con un café, venden las típicas Tartas de Mondoñedo, perfectamente empaquetadas. Pese a que este dulce se popularizó a mediados del siglo XX, parece que la primitiva receta se remonta al siglo XII y ya la tomaban los peregrinos medievales del Camino de Santiago. Se elabora al horno, con bizcocho, almíbar, almendras crudas, hojaldre, cabello de ángel, y también puede llevar alguna fruta, generalmente cerezas o higos. Está buena, pero es sumamente contundente, por lo que resulta mejor en el desayuno que como postre después de almorzar.
Catedral de Mondoñedo.
Por la mañana, quise entrar a ver la Catedral, que cerraba a las 12:00 al ser domingo; pero a las 11:15 no me dejaron pasar, porque el acceso del público lo cortan cuarenta y cinco minutos antes. Me comentaron que abrirían de nuevo a las tres, así que decidí volver después.

Nos marchamos de Mondoñedo para visitar otros sitios, pero paramos un rato por la tarde, antes de seguir hacia Lugo, para visitar el interior de la Catedral. Me costó 5,50 euros la entrada senior con audio-guía y pude hacer fotos sin problemas.

La Catedral Basílica de la Virgen de la Asunción se empezó a construir a principios del siglo XII, si bien se fue reformando a lo largo de los tiempos, lo que se refleja en la mezcla de estilos arquitectónicos (románico, gótico y barroco) que hoy presenta. Está catalogada como Monumento histórico-artístico desde 1905 y forma parte como bien individual del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2005, cuando se produjo la ampliación del ya catalogado Camino de Santiago.

En su exterior, el templo destaca por sus armoniosas proporciones y se pueden apreciar tres grandes ojivas que se corresponden con las naves interiores. En la central, hay un gran rosetón del siglo XIV con vidrieras policromadas y está flanqueada por dos torres barrocas con motivos heráldicos, que se añadieron en el siglo XVIII. La de la derecha alberga un reloj, está hueca y es un poco más alta que la izquierda, que cobija en su interior la antigua torre medieval.

En el interior, se conserva el estilo románico en la portada principal, en la nave mayor y en los capiteles; el gótico aparece en el crucero, la sacristía, la sillería del coro, el rosetón de la portada principal, así como en las pinturas murales de la nave central, que antes estaban en los muros exteriores del coro y que son de los siglos XV y XVI. Las reformas barrocas son visibles, sobre todo, en fachada exterior.



En cuanto a las vidrieras, el rosetón conserva el círculo central original del anterior rosetón románico con la figura del Salvador, las demás se recolocaron en el siglo XIX siguiendo antiguos modelos medievales. El resto de vidrieras son del siglo XX. Por su parte, los órganos actuales se instalaron en el siglo XVIII.

La Capilla Mayor mantiene su arquitectura original con cinco ventanales, mientras que el imponente retablo del presbiterio es de estilo rococó. Los murales de la bóveda del Maestro Terán están considerados como los más importantes del siglo XVIII en la provincia de Lugo.


El primitivo coro de piedra fue sustituido por el actual, hecho en madera de nogal en el siglo XVI. De la misma época es la Sacristía, de estilo gótico, si bien contiene un retablo barroco, óleos italianos del siglo XVII, cajonerías rococós y cuadros en cobre del taller de Rubens. Asimismo, recorrí las distintas Capillas de la Girola.

El Museo Catedralicio y Diocesano resultó ser más interesante de lo que me imaginaba al principio. Entre lo que mucho que se conserva en sus tres salas, destaca la colección de zapatos episcopales bordados con sedas y oro, los relieves policromados de alabastro al óleo, las representaciones bíblicas de alabastro policromado al agua y una Cruz procesional de bronce fundido, todos del siglo XV. En la tercera sala, se exhiben varias tallas y objetos litúrgicos de los siglos XVI y XVII.


Para terminar, recorrí el claustro, reformado en el siglo XVII en estilo clásico, en el centro del cual se encuentra un cruceiro gótico que seguramente pertenecía al claustro primitivo.


Me entretuve mucho tiempo en el interior de la Catedral, incluso escuché casi todo el contenido de la audio-guía, algo que, confieso, no suelo hacer. Seguramente, influyó que me gustaba lo que veía, que había muy poca gente dentro y podía moverme con tranquilidad y que, en el exterior, llovía de nuevo con bastante intensidad.

Y esa lluvia alteró nuestros planes, que en principio pasaban por hacer la ruta a pie, de unos tres kilómetros, que recorre el Barrio de Muiños y llega hasta el río y la cascada del Salto del Coro. Pero el tiempo no estaba para eso, así que lo dejamos para otra oportunidad y emprendimos viaje hacia Lugo, donde nos alojamos esa noche. Pero antes, en la siguiente etapa, voy a contar los lugares que habíamos visitado por la mañana.
Te mando estrellitas. Abrazos.