Alojamiento entre lotos en Sukhothai.
Había anochecido por completo cuando llegamos a nuestro alojamiento de la jornada, el hotel Le Charme Sukhothai Historical Park, que, haciendo honor a su nombre, nos encantó en cuanto le echamos el primer vistazo. Nos gustó hasta tal punto que le voy a dedicar un comentario más completo de lo habitual.

Situado al borde de un lago, se compone de cabañas individuales comunicadas por pasarelas que recorren una serie de estanques totalmente cubiertos de nenúfares, que forman junto a la frondosa vegetación autóctona y las plantas de jardín un precioso entorno tropical. Idílico, la verdad.



Mi cabaña constaba de habitación con dos camas, baño con ducha separada y una zona de vestidor y estudio. En el exterior, con vistas al lago, tenía sillas, mesa y tumbona, aunque no utilicé este mobiliario, ni tampoco la piscina, rodeada de pequeñas estatuas de elefantes. Por fortuna, pese a mis pesimistas augurios, no tuvimos noticias de los mosquitos.


Situado al borde de la carretera, a un par de kilómetros del Parque Arqueológico, que visitaríamos al día siguiente, de noche no había mucho que ver ni adonde ir, ya que la ciudad nueva está a unos doce kilómetros y tampoco tiene demasiado interés. De haber sido sábado, seguramente nos hubiésemos acercado al parque para ver los templos iluminados, pero como no era el caso, nos dedicamos a dar un largo paseo por el resort, que nos dejó un grato sabor de boca por lo bonito que es. Hicimos mil fotos.

El bufet de la cena fue variado y de calidad. Por la mañana, acordé con mi amiga levantarnos media hora antes para desayunar en cuanto abrieran el bufet (a la seis), y así aprovechar los minutos que iban desde el amanecer hasta nuestra marcha para pasear de día por el complejo, que nos pareció tan encantador o incluso más que por la noche.





Parque Histórico y Arqueológico de Sukhothai.
Aunque el horario varía según la zona, el recinto principal abre de 06:30 a 18:00. Cuando entramos, a las siete y media, aún había muy pocos visitantes. El día se presentaba espléndido y con buena temperatura. Las calles del pueblo estaban muy animadas. La vida cotidiana empieza muy temprano en Tailandia.

El entorno del parque, rodeado de canales, es muy bonito y está perfectamente cuidado. El precio de la entrada varía según lo que se desee visitar, entre 100 y 300 tahbs. De nuevo, volvimos a cruzarnos con numerosos perros callejeros por el parque que no representaron ningún problema.
Mapa y panel informativo.


Sukhothai está situada a 427 kilómetros al norte de Bangkok y en su Parque Histórico y Arqueológico se conservan las ruinas de la capital más antigua de Siam, que floreció del siglo XIII al XV. Cuenta con la catalogación de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1991.


Las antiguas murallas forman un rectángulo, de 2 km de este a oeste y de 1,6 km de norte a sur. Las ruinas están distribuidas por zonas y se pueden recorrer a pie o en bicicleta. Los templos más destacados son Wat Mahathat, Wat Tra Phang Ngoen, Wat Si Sawai y Wat Sa Si, en la zona central; Wat Sri Chum y Wat Phra Phai Luang, en la zona norte; Wat Saphan Hin, en la zona oeste; y Wat Chang Lom en la zona este. Tampoco resulta imprescindible visitarlos todos. A gusto de cada cual.



Wat Mahathat, el templo de la Gran Reliquia.
Se trata del templo más importante y está situado en la parte central del parque, rodeado por un foso. Fundado por Sri Indraditya, el primer rey de Sukhothai, en el siglo XIII, comenzó siendo un templo pequeño pero fue ampliándose paulatinamente, lo que explica que contenga estilos arquitectónicos diferentes.

El chedi principal está sobre una plataforma cuadrada rodeada por chedis más pequeños. La base está decorada con 168 esculturas de peregrinos y monjes caminando. En la parte superior hay relieves y figuras de estuco que cuentan la vida de Buda.


Del viharn principal se conservan la base y varias filas de pilares. Una imagen de Buda hallada aquí fue trasladada al Wat Suthat en Bangkok. Dos mondops junto al chedi principal contienen sendas estatuas de Buda, una de pie, de 12 metros de altura, y otra, sentado en un pedestal. En fin, no voy a ponerme pesada. Hay que descubrirlo poco a poco.




En cualquier caso, la visión del conjunto resulta espectacular. Y si te explican los detalles, todavía más. Es posible moverse libremente por todo el entorno. En un día claro, merece la pena disfrutarlo tranquilamente. Las fotos salen muy bonitas.


Wat Sa Si.
Caminando unos cientos de metros junto a otras ruinas, vislumbrando canales y cruzando puentes, llegamos a este templo del siglo XIV, que se encuentra en una pequeña isla en medio del estanque Tra Phang Tra Kuan y sus flores de loto, que le proporcionan un romántico trasfondo.

Es un templo pequeño que consta de un chedi principal, otro más pequeño, un viharn, un ubosot y una imagen de Buda caminando, en posición de enseñanza y debate. El chedi principal se construyó para albergar las cenizas de uno de los reyes de Sukhothai.



Del viharn o sala de reuniones se conservan la base, varias filas de pilares y un imponente Buda de piedra estucada sentado sobre un pedestal. Su color blanco forma un estupendo contraste con el tono marrón del chedi que tiene detrás.

Wat Sri Chum, el templo del árbol Bodhi.
Seguimos a pie, contemplando de paso varios templos, hasta que llegamos a Wat Sri Chum, que se halla en la zona norte, fuera de la ciudad amurallada. Construido en el siglo XIII, su nombre se refiere al árbol bajo el cual meditaba Buda cuando recibió la iluminación. Consta de mondop, que solo conserva la base y los pilares, y un viharn, que se encuentra enfrente. En una estructura lateral, se puede ver un buda dentro de un cubículo.


El mondop no tiene techo y en su interior se halla el Buda más grande de Sukhothai, que mide 15 metros de alto por 11 de ancho. Ocupa todo el ancho del edificio y resulta bastante difícil hacerle una foto completa de lado a lado desde la puerta. Yo solo lo logré con la cámara panorámica del móvil. Muy cerca hay un árbol (mango) sagrado, de 200 años de antigüedad, 6 metros de perímetro y 20 de altura.

Desde el exterior, la estampa resulta igualmente impresionante al vislumbrarlo a través de la abertura, que va disminuyendo hacia la parte superior. A este Buda se le conoce con el nombre de Phra Achana, que significa “el que no tiene miedo”. Su mano derecha está cubierta con pan de oro.

Ni que decir tiene que, dado mi gusto por las "piedras", acabé encantada con esta visita.


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