Después de llegar muy tarde la noche anterior tras nuestro viaje a Dubrovnik, nos tomamos la mañana con mucha calma. Desayunamos tranquilamente en Budva, paseamos por su casco antiguo y decidimos ir al Parque Nacional Lovćen.

El camino dentro del Parque Nacional Lovćen ya es todo un espectáculo: las carreteras son un poco empinadas y con muchas curvas, así que hay que conducir con cuidado y despacio. Pero las vistas son increíbles. Al entrar, nos pararon para comprar las entradas, que cuestan 2 euros por persona y solo aceptan efectivo. Ojo con esto, porque sería una lástima tener que volver atrás por no llevar dinero en efectivo.

Nuestro objetivo era llegar al Mausoleo de Njegoš, uno de los puntos más famosos del parque, pero por alguna razón (o tal vez esa era la ruta correcta), Waze nos llevó por un camino que nuestro Volkswagen Touran de alquiler no pudo manejar: - la carretera no tenía asfalto y era bastante empinada y complicada para conducir.
Por suerte, durante el recorrido descubrimos Monte1350bar, un bar escondido con unas vistas impresionantes que nos dejaron sin palabras. Es un lugar pequeñito y súper acogedor, con una terraza que mira directamente hacia la bahía de Kotor y las montañas alrededor. Este bar se convirtió en uno de nuestros rincones favoritos del viaje. Eso sí, un consejo: lleva repelente porque hay muchos mosquitos y bichos por la zona. Pero aún con eso, la panorámica vale totalmente la pena y es una parada perfecta antes o después de visitar Kotor o recorrer la famosa serpentina de Kotor.

Justo al lado del bar puedes alquilar una bici para dar un paseo por el parque o incluso tomar el teleférico que baja hacia Kotor, una experiencia que seguro vale la pena si tienes tiempo (y no te dan miedo las alturas). Nosotros preferimos quedarnos tranquilamente con un café disfrutando de las vistas (aunque, siendo sinceros, el café en Montenegro no fue nuestro favorito en ningún lado). Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo, pero los mosquitos nos convencieron de seguir nuestro camino.

De vuelta a Budva, hicimos una parada en Olivine Restaurant para ver el atardecer. No teníamos mucha hambre aún, así que solo pedimos unas frutas y algo para beber mientras disfrutábamos el atardecer. El restaurante tiene una terraza con vistas al mar (e incluso una piscina), un lugar perfecto para relajarse y cerrar un día lleno de aventuras.
