Día 2: Herceg Novi y Dubrovnik – Entre atascos, sorpresas y calles con historia
El segundo día decidimos ir a los lugares más alejados de Budva: Herceg Novi y Dubrovnik. Salimos tranquilos, alrededor de las 10 de la mañana, pero desde el principio Waze ya nos marcaba unas 3 horas de camino hasta Dubrovnik. Nos pareció raro, porque recordábamos que hace unos años el trayecto fue mucho más corto.
Después de unos 20 minutos de viaje, entendimos por qué: la carretera principal estaba en obras. De hecho, el acceso hacia Tivat estaba completamente cerrado, así que no tuvimos más opción que rodear toda la bahía pasando por Kotor. Y por si fuera poco, nos tocó esperar una hora en un atasco justo antes de entrar a la ciudad. Así es viajar por carretera a veces: no siempre todo va según lo planeado.
A pesar de todo, seguimos hasta Herceg Novi, una parada que siempre hacemos cuando vamos hacia Dubrovnik. Es un lugar que nos gusta por su aire relajado y por las vistas bonitas desde el paseo marítimo. Esta vez no exploramos mucho, pero sí almorzamos en una de las pocas callecitas con restaurantes y dimos un paseo por el centro.

Luego pusimos rumbo a Croacia. Como Waze mostraba tráfico en el cruce fronterizo principal, decidimos probar con un paso alternativo. Al llegar, vimos que no había fila y pensamos que habíamos tenido suerte… hasta que nos dimos cuenta de que el sistema de los guardias fronterizos se había caído. Tuvimos que dar la vuelta, volver al cruce principal y, como no, esperar una hora más para cruzar la frontera.

Finalmente llegamos a Dubrovnik, una de nuestras ciudades favoritas. Ya la conocíamos, así que esta vez nos dedicamos a disfrutarla sin prisas: callejear, redescubrir rincones escondidos, y tomar fotos de sus calles empedradas que tanto nos gustan. Paseamos por algunos de nuestros sitios favoritos, cenamos, y cuando cayó la noche, iniciamos el camino de vuelta a Budva.



Por suerte, el regreso fue mucho más rápido: sin colas en la frontera ni atascos en la carretera. Ya era bastante tarde, así que llegamos a Budva después de un par de horas de conducción tranquila. A pesar de los imprevistos, fue un día lleno de anécdotas… de esos que hacen que los viajes valgan aún más la pena.