IV
Así es, después de Buzios me encuentro esperando un jugo de melón con un sándwich en una confitería a metros del departamento, después de un día de mar con temperaturas muy agradables de 22 y 23 grados y el cielo que se despejaba y a la vez se cubría de nubes, termino el día.
El ómnibus de la agencia me pasó a buscar alrededor de las 7:30, subieron otros pasajeros y partimos hacia Buzios, un balneario de 45.000 habitantes, muchos argentinos/as de clase media alta que se instalaron allí motivados por las sucesivas crisis, compraron terrenos e hicieron casas, pusieron negocios. En la actualidad es un destino próspero con todas las ofertas que espera cierto perfil de turista: navegación, snorkel, fotos en el barco, merchandising, almuerzo modalidad buffett y bastantes tiendas para comprar ropa y recuerdos.
Por suerte el guía que nos tocó no vendía humo y solo se encargó de organizarnos e indicarnos los tiempos de la excursión.
El paseo en barco duró aproximadamente 3 horas y toda la excursión duró 12 horas ya que Buzios está a 176 kilómetros de Río de Janeiro.
Si tenés tiempo y dinero te conviene quedarte en esta playa, es muy bonita y apacible, no tiene nada que ver con Río pero de lo contrario, podés conocerla mediante una excursión, es la opción más fácil porque tienen todo organizado.
Al principio la experiencia en el barco prometía aburrida, pero a medida que el volumen de la música fue subiendo, los tragos vendiendo y las fotos sacando se puso linda la cosa. En un momento en la cubierta estábamos muchos bailando y dándole de comer a unos gaviotines que pasaban por ahí.
El agua estaba helada y eso que habíamos varios del sur, igual nos bañamos navegando por diferentes islas. La primera vez 30 minutos y luego un poco menos. Por 40 reales podías usar salvavidas y snorkel, por otros 40 sacarte una foto con la bandera de tu país y la de Brasil y así.
Fue un día largo, lejos de la ciudad y en el mar. Mañana visitaré al Cristo! Ya les contaré!





