Hoy es nuestro último día en Tokio y tenemos pensado ver las partes más llamativas de lo que nos falta por conocer. Nos quedan los barrios de Roppongi, Ginza y Odaiba, y decidimos empezar por el primero, que es el que más nos apetece conocer, sobre todo por acercarnos a la famosa torre de Tokio.
Hoy es sábado y nuestro querido “Cofee Group” está cerrado, así que tenemos que buscar un lugar para desayunar. Encontramos una cadena de cafés de estilo europeo que después vemos en las diferentes ciudades de Japón, incluso en las estaciones de tren, y que nos gusta mucho:
-Doutor café: zumo de naranja, 2 cafés con leche y hielo, 2 tostadas con mantequilla. 10€.
Nos dirigimos en metro al barrio de Roppongi, por el que paseamos bien cerquita de la torre de Tokio, torre de comunicaciones inspirada en la Torre Eiffel, característica por sus colores rojo y blanco. Tiene un observatorio a 150 metros de altura, pero nosotras nos conformamos con verla por fuera. Paseamos por sus alrededores, y nos acercamos al parque de Shiba y al templo Zojoji, donde nos llaman muchísimo la atención la cantidad de jizos que hay. Se trata de una de las deidades más queridas de Japón, protectoras de los viajeros y los niños en la tradición budista.
En este barrio también está el complejo comercial Roppongi Hills y el mirador Tokio city View, que finalmente decidimos no visitar. También dudamos si ir a Ginza y Odaiba, pero finalmente decidimos que nos apetece más volver a los lugares icónicos de Tokio y más cercanos a nuestro hotel: el barrio de Shibuya y el de Shinjuku en su versión nocturna, que aún no hemos disfrutado.
Al llegar a Shubiya vamos directas a comer y decidimos hacerlo en un restaurante de una cadena famosa por sus monjayaki, una especie de crepe salado, muy popular en Tokio. Los ingredientes se cocinan en una plancha caliente y luego se mezclan con una masa ligera para crear un plato delicioso. El restaurante se llama Moheji y nació en 1871 de la mano de una pescadería al por mayor del antiguo mercado de Tsukiji. El restaurante es especialmente conocido por su delicioso y potente caldo dashi, que se elabora con casi una decena de mariscos diferentes.
-Moheji: tortilla japonesa (obligatorio pedirla y pagarla), moji tradicional con queso, verduras al grill con salsa especial. 25€.
Hoy hemos pagado la comida más cara de todo el viaje. Este restaurante es otro nivel al obligarte a pedir un plato por persona, además de la tortilla que te hacen en la plancha en la que comes, que es la misma en la que hacen el famoso monjayaki y en la que nos hacemos las verduras al grill. Sin duda es una comida especial y diferente, exclusiva de Japón y especialmente de Tokio y nos ha encantado comer aquí. Lo recomiendo totalmente.
Tras la comida, paseamos por el barrio de Shibuya y encontramos los santuarios Konno Hachimangu y Toyosaka Inari, pequeños y sencillos, pero igualmente encantadores y tranquilos. De allí nos dirigimos al cruce de Shibuya, que atravesamos una vez más y vemos la estatua de Hachiko, probablemente el perro más famoso de Japón.
De Shibuya nos dirigimos a Shinjuku, cuando comienza a caer la tarde y los neones comienzan a iluminar este icónico barrio de Tokio. En la estación más concurrida de la ciudad, compramos los tickets de tren para mañana a Kioto: 80€/persona, con reserva de asiento. De camino al hotel paseamos por las famosas calles iluminadas con luces de neón y llenas de ambiente, vemos el gato en 3D en el edificio Cross Shijuky Vision, y nos despedimos de la noche de Tokio.
Hoy cambiamos de supermercado y compramos la cena en el “Family mart”, otra cadena de konbini típica, con productos similares y estupenda. Al llegar al hotel,dejo escrita mi experiencia positiva en el árbol de la recepción; nos ha encantado este hotel. Tras cenar en nuestra pequeña habitación, nos despedimos del onsen con un baño largo.
Nos ha encantado esta experiencia, nos ha encantado esta ciudad. Nos da pena dejarla, pero nos espera la siguiente aventura: Kioto.