Viaje por Vietnam y Camboya durante las dos primeras semanas de diciembre del año pasado. En este diario, cuento nuestra estancia en Vietnam; el recorrido por Camboya queda para un próximo relato. Autor:Artemisa23Fecha creación:⭐ Puntos: 5 (12 Votos)
Como buena amante de las piedras y las civilizaciones antiguas, Angkor era un lugar que atraía mi atención desde hace mucho tiempo, aunque lo consideraba demasiado lejano y, como tal, un tanto utópico, al contrario que Egipto o Petra, que siempre estuvieron en mi punto de mira. Hasta que hace un par de años, cambió mi visión de las cosas y me propuse ir allí, combinándolo con Vietnam, otro de mis destinos favoritos. En esta ocasión, tres de las amigas con las que suelo viajar secundaron la idea y empezamos a sopesar opciones. Al tener cierta edad y algunos achaques, preferimos la comodidad de un viaje organizado que nos liberase de casar vuelos, alojamientos y, sobre todo, traslados, pues ya no estamos para ir por nuestra cuenta en transporte público cargando con maletas. Además, por motivos particulares, el viaje no podía superar las dos semanas, tiempo un tanto corto para un recorrido así; pero como era “eso” o “nada”, tuvo que ser “eso”. Debido a esos condicionantes, mi intención con este diario es relatar una experiencia personal sobre los destinos que he visitado por si les da una pista a otros viajeros, pero sin que pretenda dar recomendaciones, que no se me dan bien, ni hacer publicidad.
En principio, pensábamos apuntarnos a uno de los viajes para mayores que patrocina la Comunidad de Madrid y que hemos utilizado varias veces, pero Camboya solo se ofertaba como una extensión del viaje a Vietnam y nos fue imposible encontrar plazas libres para ese combinado en las fechas que nos interesaban (finales de noviembre o principios de diciembre). Así que, ya a mediados de mayo, decidimos buscar por otro lado, pues queríamos dejar el asunto solucionado cuanto antes. Por una recomendación, entramos en la página web de cierta mayorista y vimos que uno de sus itinerarios se ajustaba a lo que deseábamos, aunque en estos viajes más que de la mayorista española el resultado final depende de la receptora en destino. Tocaba cruzar los dedos. Tras elegir los vuelos y una categoría intermedia de hoteles, nos enviaron por correo electrónico un presupuesto que debíamos tramitar a través de una agencia de viajes. Acudimos a una que conocíamos, donde ultimamos la reserva con un interesante descuento al ser dos de mis amigas clientas de dicha agencia. Dimos una señal y contratamos únicamente el seguro de cancelación. El de viaje, incluyendo gastos médicos, me gusta hacerlo por mi cuenta, a pocos días de partir.
Esa misma noche nos comunicaron que la compañía aérea había cambiado el vuelo de salida, pues en vez de por la tarde sería por la noche. Dimos el Ok y a rezar para que no hubiese más variaciones.
Entretanto fuimos preparando algunas cosillas. Acompaño los diferentes apartados con cirtos detalles que vivimos in situ por si le sirven a alguien que se aburra y no siga leyendo el diario.
Documentación.
Para Vietnam, en estancias de hasta 45 días y con múltiples entradas, los españoles no necesitamos visado, pues es suficiente presentar el pasaporte con validez de al menos seis meses desde la fecha de la llegada al país. Lo había renovado recientemente, así que sin problemas.
En Camboya, el asunto es algo más complicado, pues se requiere la tramitación de un visado, que puede solicitarse online, con antelación, o directamente en el aeropuerto al ingresar en el país. También hace falta contar con una e-Arrival Card (tarjeta de llegada), expedida dentro de los siete días anteriores a la entrada. Además, el pasaporte debe tener una validez de al menos seis meses a contar desde la fecha de llegada al país. Pero eso lo explicaré con detalle en el diario que le dedico a nuestra estancia en Camboya.
Seguro de viaje.
Desde hace bastante tiempo, viajo con un seguro de viaje con amplias coberturas, sobre todo cuando me desplazo fuera de los países de la Unión Europea. Esta vez, contraté una categoría Premium con Heymondo (también suelo utilizar IATI), con gastos médicos ilimitados. Para los catorce días de viaje en Vietnam y Camboya me salió por 88 euros, con descuento por Black Friday. Normalmente, elijo una opción más normalita, pero teniendo en cuenta los países que eran y la diferencia de precio, preferí afinar más.
Vacunas y sanidad exterior.
En febrero pasado, fui a Sanidad Exterior del Ayuntamiento de Madrid (calle Montesa nº 22), donde siempre me han atendido muy bien, pese a no estar empadronada en la capital y ser de MUFACE. Eso sí, hay que pedir cita previa. Además de a Vietnam y Camboya, tenía previsto ir a Sudáfrica, así que me pusieron la primera dosis de la vacuna de la hepatitis A, me recetaron la vacuna de la fiebre tifoidea (tres pastillas en días alternos) y la profilaxis para la malaria (Malarone). En octubre, tras mi viaje a Sudáfrica, volví al centro, donde me atendió la misma doctora, que tenía toda mi ficha en su ordenador. Me puso la segunda dosis de la vacuna de la hepatitis A y las de la gripe y covid. Dado el tipo de viaje que iba a realizar, para Vietnam y Camboya, solo me aconsejó tener cuidado con el agua (beber exclusivamente agua embotellada), utilizar repelente de insectos para ambiente tropical, ponerme crema solar de alta protección y no tocar a los animales, en particular perros y monos, que pueden transmitir la rabia. En fin, lo normal en estos casos, si bien, me insistió en que no tomara alimentos crudos y que evitase en lo posible comer en puestos callejeros. Es algo que ya sé y que tengo muy en cuenta, pues tanto por edad como por mis molestias gástricas crónicas lo último que necesito son complicaciones intestinales. Por fortuna, seguí con mi buena racha en estos viajes y no tuve ningún problema de salud allí.
Fecha del viaje y clima.
Vietnam es un país muy alargado de norte a sur, por lo que sus zonas climatológicas no son uniformes. Como en España, es distinto ir al norte, al centro o al sur. Así que no resulta fácil hallar el momento perfecto para aunar el mejor clima en todas las zonas. No obstante, queríamos evitar el calor extremo, los tifones y la época de lluvias torrenciales. Nos pareció que diciembre era una buena opción. Y casi lo conseguimos.
El norte (Hanoi como referencia) es la única zona donde se dan las cuatro estaciones, si bien la primavera y el otoño son transitorias y muy cortas. Con clima subtropical, entre diciembre y marzo, el tiempo suele ser seco, con nieblas y frío, aunque no tanto como lo entendemos aquí, pues rara vez la temperatura baja de los siete grados. Entre abril y mayo, el clima es seco y relativamente cálido. De junio a septiembre, se producen lluvias abundantes y el calor es muy intenso; la peor época, por tanto. En julio, incluso se suspenden los cruceros por la Bahía de Halong. En octubre y noviembre, el tiempo suele ser soleado y seco.
La zona centro (Hué, Hoi An) es de tipo Sub-Clima Monzónica, con dos estaciones, la seca de diciembre a abril y la de lluvias, de mayo a noviembre, con tifones y frecuentes lluvias torrenciales e inundaciones. Por su parte, el sur (Ho Chi Minh como referencia) tiene clima tropical, con temperaturas altas y estables durante todo el año, pero con clima seco de diciembre a abril y lluvioso de mayo a noviembre.
Pese a que diciembre se presentaba como un buen mes para el viaje en conjunto, en noviembre, a menos de un mes de nuestro viaje, se produjeron lluvias torrenciales con numerosas muertes en el centro del país. Así, en Hoi An y Hué hubo inundaciones catastróficas con numerosas víctimas. Y las fuertes lluvias se repitieron apenas cinco días antes de que partiésemos, aunque la peor parte en esta ocasión se la llevaron las zonas playeras en torno a Nha Trang.
Para Camboya, el clima en diciembre se presupone cálido y seco. Y así fue.
Ropa en la maleta.
Bastante lío al respecto, pues leíamos y oíamos de todo: desde ropa de pleno verano a incluir abrigos para el norte, sobre todo en el crucero por la Bahía de Halong. Al final, llevé varias camisetas y pantalones anchos de algodón, dos paraguas, un par de chubasqueros, un parca ligero, un forro polar, camisetas de manga larga y tres o cuatro jerséis, si bien lo cierto fue que casi toda la ropa de “invierno español” regresó sin usar. Además, zapatillas deportivas y unas botas de senderismo.
Otra opción interesante es llevar la maleta casi vacía y comprar allí todo lo necesario. En Vietnam, hay oferta de ropa para aburrir, lo que hará las delicias tanto de los amantes de las prendas de mercadillo como los de las marcas más famosas y caras, de las que existen todo tipo de réplicas, imitaciones y falsificaciones; incluso se pueden comprar prendas originales más baratas que en España.
Mosquitos.
Como tengo por costumbre, humedecí mi ropa exterior con permetrina en spray, que me da un resultado excelente para evitar las picaduras de mosquitos. Además, utilicé Goibi Xtrem Forte, mi repelente preferido simplemente porque tolero mejor su perfume. De nuevo, fetén: ni una sola picadura. Lo cierto es que había pocos mosquitos. Donde más vimos fue en Siem Reap, por la noche.
Dinero: moneda y tarjetas de crédito.
En Vietnam, la moneda oficial es el Dong (VND) y en la fecha de nuestro viaje un euro equivalía a 30.000 dongs; una auténtica barbaridad. El dólar circula bastante, pero es aconsejable cambiar a moneda local. Yo llevaba euros; mis amigas, dólares. Todas cambiamos sin problemas. Mejor ir con efectivo y cambiar allí que sacar dinero con tarjeta. No existen monedas, al menos, yo no las vi.
Conviene llevar encima billetes de 10.000, 20.000 y 30.000 dongs. Los hay de menor valor, pero solo se utilizan para devolver cambio; ni ellos mismos los quieren. Ojo con las propinas, pues se ofenden si reciben menos de lo que esperan; en caso de duda, casi es mejor desentenderse y no dar nada. En algunos restaurantes, el servicio está incluido; en otros, no. Mejor comprobar los tickets antes de pagar.
En Camboya, la utilización del dólar en zonas turísticas está incluso más extendida que la moneda local, el riel (KHR), cuya unidad equivale a 0,00021 euros en la actualidad. Sin embargo, tiene su picaresca. Ya lo explicaré en el diario que le dedico a este país.
Como es lógico, merece la pena tener una tarjeta de viaje que no cargue comisiones. En los hoteles, restaurantes y supermercados suele aceptarse el pago con tarjeta, pero no está generalizado, así que interesa llevar efectivo. En Vietnam, a los vendedores de calle no les gustan las tarjetas de crédito porque les retienen un tanto por cada venta, de modo que los pocos que las admiten suelen cargar la diferencia al cliente, incrementando el precio total. Por lo tanto, aunque se utilice una tarjeta libre de comisiones, hay que fijarse bien en el importe que figura en el datafono antes de pagar.
Tarjetas de datos.
En los hoteles donde nos hospedamos, el wifi funcionó bien. Sin embargo, me gusta llevar mi propia tarjeta, que utilizo sobre todo para WhatsApp, información sobre sitios turísticos y Google Maps. Mi teléfono no admite e-sim, así que procuro adquirir una tarjeta de datos en destino, táctica que me suele resultar muy bien. En esta ocasión, lo mismo. Baratas y sin problemas de cobertura tanto en Vietnam como en Camboya.
Adaptadores.
En ninguno de estos dos países hace falta llevar adaptadores para los cargadores de teléfonos y pilas, pues casi todos los establecimientos hoteleros disponen de enchufes con varios tipos de clavijas, incluidas las nuestras. Al menos, así fue en nuestro caso.
Hora.
Tanto en Vietnam como en Camboya, en invierno hay que sumar seis horas al horario español; es decir, a las doce de la mañana aquí, allí son las seis de la tarde. En verano, se reduce a cinco horas (al menos hasta que los cambios horarios por temporadas se mantengan en Europa).
En diciembre, amanecía poco después de las seis de la mañana y anochecía unos minutos antes de las seis de la tarde. A las cinco, cerraban los monumentos, la mayor parte de los templos, los museos y otros sitios de interés. Por lo tanto, se imponía madrugar para aprovechar en lo posible las horas de luz.
Por la noche, la vida no para en Vietnam. Hay tiendas abiertas hasta las diez, restaurantes hasta las once y mercados nocturnos. Los fines de semana, sobre todo en las ciudades, suele haber zonas de ocio nocturno al estilo occidental que funcionan hasta pasada la media noche.
Itinerario.
Como suele ocurrir cuando viene dado, el que escogimos no era mi itinerario ideal; pero con eso ya contaba. Así que había que disfrutarlo sí o sí, tal cual. Y la verdad es que, considerando lo básico del recorrido por el poco tiempo disponible, no se presentaba mal. No obstante, la anulación unas horas antes de la salida por parte de Vietnam Airlines de un vuelo que teníamos de madrugada desde Hué a Hanoi nos fastidió la excursión prevista a Tam Com y Hoa Lu, pues nos recolocaron en otro posterior que descabaló la jornada entera. Toda una faena. Ya lo contaré. En fin, imponderables que surgen y que no se pueden evitar. El resto salió bien.
Además de los vuelos, alojamientos, excursiones y visitas, el viaje incluía todos los desayunos, ocho almuerzos y una cena con el siguiente itinerario final, una vez realizados los retoques a que nos obligó la anulación del dichoso vuelo.
- Ho Chi Minh
- Tour por el Delta del Mekong
- Túneles Cu Chi.
- Hoi An
- Puente de las Manos
- Montaña de Mármol
- Hué
- Hanoi
- Crucero por la Bahía de Halong
- Camboya: tres días completos, los dos primeros con la ruta programada (Angkor, Lago Tonle Sap y Siem Reap) y el tercero, contratado por nuestra cuenta, incluyendo excursión a Beng Mealea y Koh Ker.
En Google Maps, queda más o menos así:
Vuelos.
Los de larga distancia los hicimos con Emirates Airlines y escalas en Dubai tanto a la ida como a la vuelta. Los internos y el de Hanoi a Siem Reap eran de Vietnam Airlines. Excepto la anulación que he comentado, el resto de vuelos salieron en hora y sin incidencias.
Aunque cuando lo contratamos el viaje parecía muy lejano, el verano y el otoño pasaron deprisa y, al fin, llegó el día de partir hacia Vietnam. Las semanas anteriores estuve pendiente del tiempo, pues no cesaban las noticias sobre las graves inundaciones que asolaban el Sudeste Asiático, incluyendo el centro de Vietnam. Hué y Hoi An estaban literalmente bajo el agua a primeros de noviembre, aunque recuperaron la normalidad en unos días. Muy poco antes de salir, de nuevo las lluvias torrenciales anegaron algunas de esas zonas, si bien las peores consecuencias se dejaron sentir en torno a Nha Trang y sus playas. En cualquier caso, las previsiones meteorológicas que consulté antes de irnos no eran demasiado optimistas: supuestamente, llovería casi a diario, sobre todo durante la primera semana, tanto en el sur como en el centro del país. Por suerte, luego no fue para tanto.
Pero antes de preocuparnos por el tiempo meteorológico, tocaba lidiar con el tiempo que pasaríamos a bordo de los dos vuelos de Emirates Airlines. El primero, de Madrid a Dubai, iba hasta los topes, salió puntual y se desarrolló sin incidencias. Duró algo más de seis horas, casi todas, de noche. Era la primera vez que volaba con esta compañía. Confieso que estaba acostumbrada al “neceser” nocturno de Turkish Airlines, y lo eché de menos. Por lo demás, no faltaron el cojín, la manta, los auriculares de cabeza y un buen surtido de entretenimiento en español. Para la cena, pudimos elegir entre pollo y ternera de plato principal. Me decanté por la ternera. El servicio y la calidad me parecieron bastante aceptables teniendo en cuenta lo que hay por ahí actualmente.
La escala en Dubai fue de una hora y cincuenta minutos. Tenía mis reservas, pues el aeropuerto de Dubai es muy grande y si llegábamos con retraso la conexión se podía complicar pese a ser dos vuelos de la misma aerolínea (ya me ocurrió antes en Estambul). Afortunadamente, todo se desarrolló a la perfección, la terminal era la misma, las indicaciones resultaron muy claras y tuvimos tiempo de sobra.
Después nos aguardaban otras seis horas largas hasta Ho Chi Minh. Fue un vuelo inesperadamente confortable, ya que el avión solo iba ocupado en un tercio, lo que permitió a cada pasajero acomodarse en tres o cuatro asientos, estirándose a gusto para dormir a pierna suelta (quien consigue hacerlo, que no es mi caso lamentablemente). Para el menú principal, en esta ocasión escogí el pollo. Me resultó curioso que la tripulación repartiese bebidas y comida casi continuamente: zumos, refrescos, sándwiches, galletas, chocolatinas… No sé, quizás les sobraban vituallas con tan poca concurrencia. Terminamos casi agotadas de tanto comer y beber.
Lo primero que hice antes de aterrizar fue actualizar el reloj. En el trayecto, se nos habían perdido nada menos que seis horas que no recuperaríamos hasta el viaje de regreso, cuando ya no nos harían demasiada falta. Tal vez sean esa y la distancia las únicas desventajas de ir al Sudeste Asiático. Salimos de noche y llegamos de noche. Echamos de menos el vuelo que nos habían cambiado y que nos hubiera permitido llegar a Saigón a las tres en vez de a las siete.
Pese a la poca gente de nuestro avión, en el aeropuerto de Ho Chi Minh coincidimos con los pasajeros de otros vuelos, lo que originó una súbita marabunta en la zona de inmigración, colapsando el acceso a las numerosas cabinas de control de pasaportes. Nos regañaron porque no hacíamos correctamente las filas. Estuvimos una media hora en las colas por el gentío. El trámite real solo requirió tres o cuatro minutos: simplemente nos pidieron la tarjeta de embarque de la llegada y el pasaporte, en el cual estamparon un sello. Nada más, ni sobre el lugar de estancia ni sobre la fecha de salida. Acto seguido, las maletas ya nos aguardaban fuera de las cintas, colocadas ordenadamente a un lado, custodiadas por dos trabajadores para que nadie se apropiase de lo que no le pertenecía. Por cierto que antes y después del control de pasaportes vimos varias tiendas ofreciendo tarjetas telefónicas y de datos. Como no teníamos dinero local ni referencias, preferimos esperar a comentarlo con el guía.
A la salida, ya en la calle, notamos un súbito y pegajoso calor. Casi treinta grados, con un altísimo grado de humedad. El frío madrileño quedaba definitivamente atrás, o eso nos pareció. Fuera chaquetas y anoraks. En el exterior, nos esperaba un joven portando un cartel con nuestros nombres. Aunque solo hablaba inglés, se esforzaba en mostrarse simpático. Nos pasó el teléfono para dialogar con nuestro guía, quien nos explicó que el chico era el conductor que nos llevaría al hotel, donde nos recibiría él para darnos la charla de bienvenida. Pues muy bien.
Tras cargar las maletas en una van, nos dirigimos a nuestro alojamiento, el Harmony Hotel Saigón, perfectamente situado para recorrer incluso a pie el centro de la antigua capital de Vietnam del Sur, cuyo nombre tradicional continúan utilizando buena parte de sus habitantes pese a que en 1975, tras la ocupación de la ciudad por las tropas de Vietnam del Norte, su nombre pasó a ser Ho Chi Minh, honrando al presidente y líder norvietnamita, muerto en 1969.
En el hotel.
Nada más bajarnos del coche, los maleteros prácticamente se abalanzaron sobre la van para cogernos las maletas. En sus caras, una enorme sonrisa y efusivos gestos de saludo. Son muy amables y serviciales, tal como nos habían comentado. Además, aquí se estilan las propinas. Vale, entendido.
Tras mostrar los pasaportes en recepción, nos entregaron las tarjetas-llave de las habitaciones, pero antes de que pudiésemos localizar el ascensor, nos señalaron una mesa en el lobby, sobre la cual enseguida apareció una bandeja con cócteles (supusimos que sin alcohol), frutas y golosinas. Un bonito detalle. Al principio, nos dio algo de reparo tomar las bebidas por si habían añadido agua del grifo. No tenían hielo, y su aspecto era de lo más tentador, sobre todo con el calor que hacía. Así que sucumbimos. Que pasara lo que tuviera que pasar. No pasó nada.
Poco después, se presentó Tam Tam, que sería nuestro guía local. Tras los oportunos saludos, nos comentó que ya estaban allí el resto de compañeros del grupo, quienes llegaron por la tarde, justo en el vuelo que nos cambiaron a nosotras. Así que ellos dispusieron de varias horas más para recorrer Saigón. ¡Vaya gracia! La buena noticia era que, en total, seríamos siete. ¡Un grupo de siete personas, de las que cuatro éramos nosotras! ¡Estupendo! Tam Tam nos preguntó si queríamos cambiar dinero y si deseábamos tarjetas de datos. Cuando le dijimos que sí, se ofreció a proporcionarnos todo un rato después, tras instalarnos en las habitaciones, que nos parecieron grandes, muy confortables y con unas camas gigantescas, si bien el cuarto de baño carecía de plato de ducha y a la bañera había que acceder casi con pértiga. La habitación doble con desayuno se oferta en internet a partir de 80 euros. El establecimiento, como muchos otros lugares de la ciudad, sobre todo los turísticos, tenía una profusa decoración navideña.
Al cabo de un rato, de nuevo en el lobby, Tam Tam nos proporcionó el dinero que le habíamos pedido al tipo de cambio oficial. Aunque solamente cambié 150 euros, de pronto me convertí en millonaria, pues más de seis millones de dongs pasaron a engrosar mis bolsillos. ¡Qué cosas! También nos instaló en los móviles las tarjetas de datos. No recuerdo el precio, pero fueron baratas y funcionaron perfectamente durante todo el viaje.
Tam Tam nos ofreció para la noche siguiente una cena sorpresa con música y bailes tradicionales y las mejores vistas nocturnas de Saigón, una actividad que estaban realizando en ese momento los otros tres integrantes del grupo. Quizás se trataba de una turistada, pero al fin y al cabo estábamos allí para eso y teníamos que cenar. No nos pareció caro, en todo caso bastante más económico que las opciones similares de Civitatis y GetYourGuide. Así que aceptamos.
Primeros pasos nocturnos en Saigón.
Tras despedirnos de nuestro guía, salimos a dar una vuelta. Pensamos en cenar algo, pero no teníamos hambre con tanta comida en el avión, así que nos limitamos a dar un paseo, familiarizándonos con el ajetreo de las calles de las ciudades vietnamitas, en las que reinan las motos, mientras jóvenes y mayores disfrutan tomando un refrigerio sentados en esas minúsculas sillas suyas de plástico (simples taburetes en algunos casos) que apenas levantan un palmo del suelo. Después nos explicarían que es un hábito derivado de estar en cuclillas en los campos, recogiendo las cosechas. Sea por lo que sea, ellos parecen sentirse muy cómodos así, casi a ras del suelo.
Ya era tarde y no había demasiado tráfico, pese a lo cual padecimos nuestros primeros sobresaltos al intentar cruzar, desamparadas ante semáforos invisibles para los vehículos y pasos de cebra inútiles para los peatones. Enseguida me acordé del año pasado, en Tailandia; pero aquí, me pareció incluso peor, pues caminar por las aceras resulta una tarea casi igual de complicada.
Tampoco tardamos en topamos con una hermosa rata correteando tan pancha, ávida por rebuscar entre la basura que se amontonaba fuera de los contenedores (que los tienen). Bueno, no sería la única; cuestión de acostumbrarse .
La mañana amaneció con el cielo de un feo color lechoso; afortunadamente, no llovía. El comedor del hotel donde se servían los desayunos estaba en el piso 12, brindando unas buenas vistas de los alrededores. Así que tomé unas fotos. En el bufet había de todo para desayunos de estilos continental, británico y oriental, sin que faltase comida vietnamita, incluyendo los fideos fritos que ellos suelen tomar para comenzar la jornada. El café fue el mejor de todos los hoteles, con sabor a chocolate. Al día siguiente, probamos la versión vietnamita, con huevo batido: tampoco estaba mal, pero me gustó menos.
Habíamos quedado con nuestro guía muy temprano en el lobby para iniciar el itinerario, cuya primera jornada incluía una vista al Delta del Mekong. Allí nos encontramos con el resto del grupo, un chico de Madrid y una madre y una hija valencianas. Conectamos enseguida y, en adelante, fue como si nos conociésemos desde mucho antes. Además, creamos un grupo de WhatsApp para comunicación con los guías e intercambio de fotos.
Esa mañana no acudió Tam Tam sino otro guía local, casi tan agradable y servicial como él. Su castellano también era bastante bueno. Nuestro vehículo para ese día y el siguiente fue una van de doce plazas, creo recordar. Personalmente prefiero los autobuses porque yendo más alta veo mejor para hacer fotos, pero tampoco me sentí incómoda. Como de costumbre en estos lares, hay que tener cuidado con el aire acondicionado: lo ponen altísimo. Una de mis amigas estuvo unos días con la garganta fastidiada.
Saigón suele tener un nivel muy alto de contaminación y ese día no era una excepción: en las páginas meteorológicas la calidad del aire se calificaba de mala sin subterfugios. Por eso, no resulta extraño que muchos vietnamitas lleven mascarilla. La temperatura rondaba los treinta grados y el bochorno se mascaba en el ambiente. Nada más salir, empezó a lloviznar y nos topamos con el terrible tráfico matinal, quedando inmersos en un enorme atasco que nos dio la oportunidad de observar las peripecias de los miles de conductores de las motos que atiborran tanto las calles como las aceras.
En Vietnam, los coches son caros y la gente de todas las edades se mueve mayoritariamente en motocicletas. Ho Chi Minh cuenta con una población de ocho millones de habitantes que utilizan más de seis millones de motos. Es un verdadero espectáculo ver como circula cada una a su aire, sin atender ni una sola de las normas de tráfico que constituyen santo y seña para nosotros. Por razones obvias, para evitar que suba peligrosamente el índice de mortalidad urbano, los únicos semáforos que se respetan un poco son los que regulan las intersecciones de las avenidas más amplias, donde las motos se sitúan en varias filas por delante de los coches, componiendo una estampa impactante, sobre todo cuando arrancan todas a la vez, como si se tratase de una prueba del mundial de velocidad. Hay que verlo para hacerse una idea real. Supongo que Marc Márquez aquí se lo pasaría genial.
Los policías de tráfico apenas intervienen. El casco es obligatorio, aunque muchos son poco más que meras gorras de plástico; en una moto pueden ir varias personas, a menudo uno o dos niños con uno o dos adultos, y el uso del móvil por parte de los pilotos es continuo. Además de personas, frecuentemente las motos llevan carga de todo tipo, un equivalente de nuestras furgonetas, si bien esto sucede mucho más en Hanoi que en Saigón. La bicicleta también se utiliza mucho, pero no tanto como las motos, si bien su forma de circular es igualmente caótica.
El Delta del Mekong.
Nuestra visita al Delta del Mekong nos condujo hasta la localidad de My Tho, a unos setenta kilómetros de Ho Chi Minh, recorrido que tardamos casi dos horas en hacer. Hay otras opciones bastante interesantes, como Vingh Long y Can Tho, pero pillaban demasiado lejos para el escaso tiempo de que disponíamos. A mitad de camino, hicimos una parada técnica en un complejo muy bonito, rodeado de preciosos estanques de loto. Había mercadillo y aproveché para comprar el típico sombrero cónico vietnamita, llamado Nón Lá, que significa “sombrero de hoja”, pues se fabrica con hojas de palma o bambú, y protege tanto del sol como de la lluvia. También puede utilizarse en la recolección o para transportar cosas.
Durante el trayecto me entretuve tomando fotos de las aldeas por las que pasábamos. Personalmente, disfruto mucho fijándome en la vida de la gente, sus casas y sus lugares de trabajo diario. Y es que estas estampas cotidianas me resultan casi igual de atractivas que los paisajes naturales y los monumentos.
Entretanto, el guía nos fue explicando muchas curiosidades sobre el río Mekong y su Delta. Con 4.800 kilómetros de longitud, el Mekong, también conocido como la “Madre del Agua”, es el río más largo del Sudeste Asiático. Nace en las llanuras tibetanas y tras recorrer China, Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam desemboca en el Mar de China Meridional. Este río es vital para más de cien millones de personas, a las que proporciona alimento mediante la pesca y la agricultura, fundamentalmente con el cultivo del arroz.
El Delta se forma en la desembocadura del río Mekong y sus tributarios. Recibe el nombre de serpiente mística de las nueve colas o río de los nueve dragones, en referencia al número de bocas del río que se abren al mar. Como región, ocupa un triángulo que se extiende desde la ciudad de My Tho, en el este, a Chau Đoc y la Ha Tien, en el noroeste, hasta llegar a Ca Mau y el mar de China Meridional en el extremo sur de Vietnam, pasando por la isla de Phu Quoc. En el Delta residen más de 18 millones de personas y cuenta con una superficie de 39.000 km2, si bien el área cubierta por el agua depende de la temporada de lluvias.
Nuestra ruta partía de la localidad de My Tho, fundada en 1680 por refugiados procedentes de China. Su proximidad a Saigón pronto la convirtió en la entrada tradicional al Delta del Mekong y en el siglo XVII ya era uno de los centros comerciales más grandes del sur de Vietnam. Como punto estratégico y de gran interés comercial, pasó a formar parte de la colonia francesa de la Cochinchina en 1862. Aparte del cultivo del arroz, el coco y la pesca, recibe turistas que realizan paseos en bote por las islas y canales, desde los que se avistan también sus plataformas flotantes y una colorista lonja de pescado.
Nada más llegar, hicimos un alto en el centro de My Tho para visitar una pagoda, donde aprovechamos para sacar algunas fotos.
Después subimos a un bote que nos llevó a recorrer el río, algunos canales y varios islotes: Long (Dragón), Lan (Unicornio), Quy (Tortuga) y Phụng (Fénix). Pese a los malos pronósticos del tiempo, la mañana se presentaba muy agradable, al menos de momento. Hacía calor, pero no era demasiado sofocante. Me sorprendió los pocos turistas que había allí. De hecho, siempre fuimos solos y únicamente coincidimos con un pequeño grupo de españoles más adelante, en una granja; pero ellos por su lado y nosotros por el nuestro.
En el barco nos dieron a probar agua de coco. Estaba buena. Yo ya la había tomado en otros lugares, Cuba, por ejemplo. Desde el barco, observamos la vida diaria en el Delta: los pescadores preparando las redes y las barcazas transportando diversas mercancías. El agua era de color marrón y por todas partes afloraban las plantas de los jacintos de agua.
Desembarcamos en una isla que recorrimos parte a pie y parte en tuk tuk. Aquí se cultivan los cocoteros y del coco se utiliza todo para la elaboración de diversos productos, por ejemplo, galletas y unos caramelos cuyo aspecto me recordó a los tofes de nuestra infancia, pero al probarlos los encontré más pegajosos y dulces; no me gustaron demasiado. Presenciamos el proceso para la obtención del azúcar del coco en un pequeño taller familiar, donde también preparan licores con reptiles y serpientes, cuyas formas se transparentaban en los frascos. Su sabor era fuerte y calentaba el estómago. Me recordaron a nuestro orujo.
Paramos en otra granja, donde elaboran galletas de miel, un producto muy típico de la zona. Y también chocolates y cafés. Allí supimos que Vietnam es el segundo productor mundial de café, por detrás de Brasil y por delante de Colombia, y el principal exportador de la variedad Robusta, fundamental en la fabricación del café instantáneo. Lo probamos todo; y también disfrutamos de una degustación de frutas exóticas mientras escuchábamos música y canciones locales interpretadas por una señora mayor y un par de familiares. Quien quiso (no fue mi caso) pudo ponerse sobre los hombros a una pitón. Tengo fotos del animalito, pero prefiero no ponerlas.
Para finalizar, hicimos un recorrido en canoa por los canales. Aunque pueda sonar un poco a turistada (hay personas a quienes no les atrae nada esta excursión), nosotros disfrutamos del paseo, que fue muy entretenido y didáctico, pues nos enteramos de mucha cosas sobre los productos locales y la vida de la gente del Delta. Además, la vegetación tropical era realmente bonita, y también influyó la buena sintonía en el grupo y lo majo que era el guía.
De regreso al bote grande, fuimos a otro islote, donde almorzamos platos típicos del Delta del Mekong. Fue curioso que los camareros nos pelaran las gambas. Intenté utilizar los palillos, pero no tuve demasiado éxito. Tomamos canh chua ca (sopa de pescado agria), banh xeo (panqueque vietnamita), hu tieu (sopa de fideos típica de My Tho), rollitos de primavera, calamares con rebozado picante de ajo, pescado… Y el inevitable arroz pegajoso a modo de pan. Obviando algún que otro toque picante, todo estaba muy rico y aquí saboreamos nuestra primera bia hoy (cerveza local). Hay varias marcas: Saigón, Tiger, Juda… Las fuimos probando todas. También las de barril. Por cierto, las latas siempre son bastante más baratas que las botellas de cristal.
Desde el bote, divisamos las enormes estatuas blancas del templo budista Chua Lien Hoa, así como las casas de My Tho que se asoman al río, muchas de las cuales parecen flotar sobre el agua.
El cambio climático está afectando al Delta hasta el punto de que se teme que dentro de pocos años, el agua salada pueda penetrar tierra adentro, inundando aldeas y arruinando cosecha. Ojalá se pueda controlar esta crecida y sus efectos negativos sobre el ecosistema de la zona y la forma de vida tradicional de sus habitantes. El cielo se ponía más negro por momentos y empezó a llover, dejando el horizonte envuelto en una ligera bruma.
Al desembarcar, estaba previsto visitar la pagoda Vinh Trang. Sin embargo, apenas en un segundo se puso a diluviar. Nos habíamos librado toda la mañana, pero ya no. Y allí cuando llueve, llueve de verdad: ni paraguas ni chubasquero. Así que regresamos a la van a la carrera para emprender el regreso hacia Saigón.
Un diario estupendo (como todos los tuyos)... Deseando seguirte en la parte de Camboya.No te preocupes por la cantidad de fotos.Es una pasada y en mi casa me encantan para hacerme una idea de los sitios. Así, en el caso de no visitarlo es como si hubiera viajado contigo. Muchas gracias por seguir compartiendo tus viajes. Este año, si me cuadra , está dentro de los posibles destinos. A ver cuando salgan los viajes de la Comunidad de Madrid.... Ya te preguntaré por privado con qué agencia lo realizaste porque con la extensión a Camboya casi es imposible conseguir plaza.
Por cierto, por fin fui a Islandia en Junio de este año pasado (y comprobé de primera mano todo lo relatado en tu diario de allí... qué pasada!!). Te sigo.... Y te dejo mis estrellas☺️
@magar516 Muchas gracias por tu comentario y tus estrellitas. Camboya está en el horno. Espero terminarlo muy pronto. Vietnam y Camboya son destinos estupendos y la gente es amabilísima. Islandia... bueno, qué decir. Desde luego, puedes preguntarme cuando quieras.
Foro Sudeste Asiático: Foro del Sudeste Asiático: Vietnam, Indonesia, Camboya, Laos, Myanmar, Malasia, Filipinas... y resto de Sudeste Asiático excepto Tailandia
Buenas. En agosto voy con la familia a Vietnam 15 noches y habia pensado, después de leer consejos en el foro, este recorrido. Los sitios que indico es donde duermo.
Día 10 llegada 15:40h hanoi
11 hanoi
12 hanoi
13 crucero halong
14 autobús nocturno a sapa
15 sapa
16 sapa
17 ninh binh
18 ninh binh
19 hue
20 hue
21hoi han
22 hoi han
23 hoi han
24 hoi han
25 salida Hanoi 22:55h.
Yo le daría un día más a Nihn Nihn y se lo quitaría a Hoi An.
Contrataría transporte privado de Hue a Hoi An para ver las Marble Mountain y así gano tiempo.
Saludos
Hola! somos una pareja que vamos a ir a Vietnam unos 19 días en agosto. Hemos estado leyendo el foro para montar la ruta que haremos pero tenemos dudas de si lo que hemos hecho es demasiado o sería mejor modificar alguna cosa. Nuestra idea era pasar unos días en la playa de descanso y habíamos visto que la Islas Cham era una buena opción para agosto pero no sabemos si mejor quitarlas para darle más días a lo demás...
13 agosto- Llegada a HANOI por la tarde-noche
14 agosto- HANOI
15 agosto- Crucero Halong (1 noche)
16 agosto- Sapa. No tenemos claro si ir, no somos muy... Leer más ...
El problema de Sapa es que queda bastanta a desmano.
Lo más típico es hacer Hanoi - Sapa - Halong, en ese orden, para después ya enlazarlo con Ninh Binh. Pero claro, el traslado Sapa - Halong con muchas horas.
Respecto a la playa, nosotros hicimos "relax" en Hoi An, con un hotel con parte de playa privada. Eso sí, no son paradisiacas como en otros puntos del sudeste asiático, pero para descansar del tute del viaje sirven (no estuve en las Cham).
Para mí, 3 días en Ninh Binh está bien (sería lo mínimo) y otros tantos para Hoi An, sobre todo si se quieren visitar los alrededores como My... Leer más ...