Hemos dormido estupendamente acompañadas de Hello Kitty y salimos en busca de un lugar para desayunar de camino a las visitas de hoy. Frente al templo de Yasaka encontramos un café-bakery que nos da buena impresión y decidimos entrar. Es un acierto total, pues el desayuno nos parece estupendo:
-Sizuya Bakery: zumo de naranja, 2 cafés con leche, 2 tostadas con mantequilla acompañadas de un huevo cocido: 10€.
Para visitar los templos de Kioto vamos a utilizar el autobus. Desafortunadamente, el metro de Kioto tan sólo cuenta con dos líneas: la línea Karasuma que discurre de norte a sur, y la línea Tozai que discurre de este a oeste. Por ello, no es posible usar el metro exclusivamente cuando estás haciendo turismo por la ciudad. Hoy vamos a visitar varios templos alejados unos de otros, por lo que tendremos que usar el bus. Para utilizar este medio de transporte se pueden pagar los viajes sueltos, utilizar tarjetas como la Suica que hemos usado en Tokio o comprar el “Day Pass”, que permite viajes ilimitados durante un día. Al coger el bus preguntamos por este bono y nos indican que se debe comprar en la estación y no es lo que mejor nos viene en ese momento. Al mismo tiempo leemos que los niños pagan la mitad por cada billete suelo, por lo que decidimos usar los viajes que nos quedan de la tarjeta Suica para mi y pagar con dinero suelto los viajes de mi hija. Nos montamos en el bus que nos lleva al sendero Kinkakuji y sus tres templos. La entrada cuesta 3€/adulto y 2€/niño, y también compramos un precioso goshuin por 2€.
El sendero Kinukake no Michi une tres templos de gran importancia espiritual. Comenzamos por el pabellón dorado o templo Kinkakuji, con sus paredes exteriores de las dos plantas superiores lacadas y recubiertas con pan de oro. El templo es espectacular y fue declarado Monumento Histórico de la Antigua Kioto y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. Está situado en un estanque y para visitarlo hay que seguir un camino establecido, que comienza en la zona del estanque y termina en la zona de la casa de té. A continuación, caminamos hasta el siguiente templo de este sendero, el templo Ryoan-ji, famoso por su jardín zen de arena rastrillada y piedras. Finalmente, y de nuevo caminando, llegamos al templo Ninna-ji, el tercero de este camino.
Para nuestra siguiente visita tenemos que coger otro autobús cuya parada está a pocos minutos caminando. Los traslados en autobús son cómodos pues conectan con facilidad los diferentes templos y en algo menos de media hora llegamos a la parada que nos acerca al templo de Ginkaku Ji, atravesando el paseo del filósofo, una preciosa ruta paralela al estrecho canal Shishigatani.
El precio de entrada al templo Ginkaku Ji es el mism, 3€/adulto y 2€/niño; también compramos un bonito goshuin para nuestra colección por 2€. Al entrar al recinto vemos el edificio principal, que nos recuerda un poco al Pabellón dorado en estructura y su ubicación en un estanque, aunque más pequeño. Al seguir el recorrido establecido llegamos al precioso jardín de musgo, lleno de pequeños riachuelos y estanques con islotes, piedras y puentes, además de una gran variedad de plantas y vegetación. Es un paseo super agradable y desde lo más alto del camino podemos disfrutar de maravillosas vistas del Ginkakuji y de la ciudad de Kioto.
Tras coger otro bus, llegamos al último templo previsto para hoy: el santuario Heian. Es un precioso santuario especialmente conocido por su gran torii de color rojo y por ser el santuario de uno de los festivales más importantes de Kioto, el Jidai Matsuri o festival de las eras, que se celebra todos los años en octubre en Kioto.
Lo primero que vemos del santuario Heian es su gran torii de acceso, una de las mayores puertas de acceso sintoístas de todo Japón. Es impresionante atravesarla. Continuamos caminando hasta encontrarnos con la puerta Ōten-mon y tras cruzarla, entramos en el complejo propiamente dicho del santuario Heian, un espacio muy amplio. Hasta aquí la visita es gratuíta pero para entrar a los jardines hay que pagar. Hemos leído que estos jardines rodean el complejo del santuario en forma de cuatro jardines y ocupan una superficie de unos 33.000 metros cuadrados, por lo que visitarlos lleva un rato. Así que decidimos no hacerlo pues se nos va a hacer tarde para comer y tenemos una cita importante esta tarde.
Queremos llegar al centro de Kioto a comer, donde tenemos anotados varios restaurantes. Tras echar un vistazo, optamos por un local especializado en gyozas de diferentes sabores y que tiene mucha fama. Dicen que suele haber cola, pero cuando llegamos nosotras está muy tranquilo, por lo que aprovechamos a sentarnos en una de sus mesas altas junto a la barra. Se trata de un local informal en el que comemos de maravilla y muy barato:
-Gyoza Chou Chou: gyozas variadas: 4 de pollo y queso, 4 de pollo y verdura, 4 de langostino con caldo super sabroso y ensalada de sashimi de atún. 13€.
El local está muy cerca del barrio de Miyagawacho, en el que suelen verse maikos y geishas entre las 4 y las 5 de la tarde, pues es la hora de las ceremonias del té. Aunque es cierto que existen geishas en otras partes de Japón, sabemos que Kioto es su ciudad por excelencia. Aquí la tradición del mundo de las geishas sigue muy viva y se pueden ver en diferentes calles en las que todavía encontramos muchos establecimientos específicos, casas de té y casas de geishas del periodo Edo.
El paseo por el barrio de Miyagawacho es super agradable. Las casas de arquitectura tradicional de Kioto son preciosas y se respira mucha paz. Al principio parece que no vamos a cumplir nuestra misión, pero de repente, a lo lejos, vemos salir una maiko de una puerta, que se dirige a otra, con su llamativo traje de colores, la cara pintada de blanco y sus sandalias dando pasitos cortos con la elegancia que les caracteriza. Por un momento nos sentimos como en una peli, o en un sueño. Impacta verla, tan cerca y la observamos con respeto y discreción. Seguimos paseando por las calles del barrio y vemos a otra, que se junta con otra, cada una con sus elegantes trajes, y se dirigen juntas a otra casa de té. Sigue siendo emocionante. Aún vemos una más e incluso, al marcharnos, en la calle trasera no peatonal, frente al río, un coche se abre para que entren otras dos maikos y sin quererlo, pasamos a su lado. La experiencia de ver maikos es increíble. Estamos emocionadas.
Continuamos la tarde paseando por otras calles de geishas y maikos, aunque sin esperar verlas pues ya no es la hora. Una calle muy bonita es la calle Pontocho, una única calle estrecha y peatonal, que corre paralela al río desde la calle Shijō hasta la calle Sanjō. Empieza a caer la tarde y los restaurantes de alta cocina comienzan a abrir sus puertas al público.
De Pontocho nos dirigimos al mercado de Nishiki, un mercado apodado “la cocina de Kioto”, que cuenta con más de 130 puestos de productos frescos y elaboraciones típicas de la ciudad. Son muy llamativos los colores, olores y variedad de productos que vemos alli. Además de carnicerías y pescaderías, con producto fresco de calidad, vemos tiendas especializadas en té verde, dulces japoneses, encurtidos, tofu, senbei, tempura, croquetas… para comer allí mismo, de pie.
Seguimos paseando por las inmediaciones del mercado y empezamos a sentir el cansancio del día, por lo que decidimos recogernos, parando antes en un konbini “Family Mart”, donde compramos una bandeja de sushi para cenar en nuestro apartamento. Otro día intenso y espectacular; otro sueño hecho realidad.