Desayunamos pronto y salimos del apartamento. Esta mañana toca Aviñón. Nos interesa ver fundamentalmente el Palacio de los Papas y el famoso Puente de Aviñón. Después de 40 kms. aproximadamente (1 hora en coche) llegamos directamente al Parking du Palais des Papes guiados por el GPS. Ya no nos complicamos la vida, ahorras tiempo y dolores de cabeza, total por 13 euros estuvimos desde las 9 horas de la mañana hasta las 3 de la tarde. Me parece un precio correcto para despreocuparte de buscar aparcamiento y luego recordar en qué lugar has dejado estacionado el vehículo.
Sales del Parking y ya te encuentras con el impotente Palacio de los Papas de Avión; por fuera se trata de una fortaleza impresionante.
La historia de los Papas de Aviñón es bien conocida. Sólo hay que asomarse a Google para hacerte una idea de lo que ocurrió a principios de siglo XIV para entender los conflictos y divisiones de la Iglesia en aquella época. Por lo que nos toca a nosotros cabe resaltar la figura de un tal Pedro Martínez de Luna, nacido en Illueca (Zaragoza) que en 1394 fue elegido por 20 votos a favor de 21 como Papa de la Iglesia Católica con el nombre de Benedicto XIII. Como no era una Papa que se dejara manipular por el Rey de Francia, fue acosado y perseguido hasta que tuvo que huir en 1403 y refugiarse en su castillo templario de Peñíscola (Castellón) donde murió a los 94 años convencido de ser el verdadero Papa legítimamente elegido en cónclave.
Dicho esto, recomiendo la visita a esta preciosa población costera de Castellón y contemplar las vistas del mar desde el Castillo de quien fue conocido como el Papa Luna.
Sales del Parking y ya te encuentras con el impotente Palacio de los Papas de Avión; por fuera se trata de una fortaleza impresionante.
La historia de los Papas de Aviñón es bien conocida. Sólo hay que asomarse a Google para hacerte una idea de lo que ocurrió a principios de siglo XIV para entender los conflictos y divisiones de la Iglesia en aquella época. Por lo que nos toca a nosotros cabe resaltar la figura de un tal Pedro Martínez de Luna, nacido en Illueca (Zaragoza) que en 1394 fue elegido por 20 votos a favor de 21 como Papa de la Iglesia Católica con el nombre de Benedicto XIII. Como no era una Papa que se dejara manipular por el Rey de Francia, fue acosado y perseguido hasta que tuvo que huir en 1403 y refugiarse en su castillo templario de Peñíscola (Castellón) donde murió a los 94 años convencido de ser el verdadero Papa legítimamente elegido en cónclave.
Dicho esto, recomiendo la visita a esta preciosa población costera de Castellón y contemplar las vistas del mar desde el Castillo de quien fue conocido como el Papa Luna.


La visita al Palacio de los Papas de Aviñón cuesta a día de hoy 30 euros. Entra el Palacio, sus jardines y el Puente de Aviñón. Hay otro tipo de tickets, pero nosotros elegimos esta opción.
El interior del Palacio es inmenso y su patio sirve para la celebración de actos culturales en general. Las gradas ocupan la mayor parte del patio que hace que le quite algo de encanto al recinto. Por dentro, muchas salas con exposiciones, explicaciones y muchos turistas. Durante el recorrido vas acompañado de una Tablet interactiva que si la sabes utilizar es bastante valiosa, pero cuesta cogerle el punto, por lo menos a nosotros. Seguimos el recorrido marcado.
Los jardines no dicen mucho la verdad, esperaba otra cosa. Más que jardines son huertos con plantas silvestres de todo tipo, árboles frutales y hortalizas. Eso sí, el espacio no daba para más y con lo que se cultivaba en el jardín daba para proveer de fruta y verdura a los habitantes del palacio.
El interior del Palacio es inmenso y su patio sirve para la celebración de actos culturales en general. Las gradas ocupan la mayor parte del patio que hace que le quite algo de encanto al recinto. Por dentro, muchas salas con exposiciones, explicaciones y muchos turistas. Durante el recorrido vas acompañado de una Tablet interactiva que si la sabes utilizar es bastante valiosa, pero cuesta cogerle el punto, por lo menos a nosotros. Seguimos el recorrido marcado.
Los jardines no dicen mucho la verdad, esperaba otra cosa. Más que jardines son huertos con plantas silvestres de todo tipo, árboles frutales y hortalizas. Eso sí, el espacio no daba para más y con lo que se cultivaba en el jardín daba para proveer de fruta y verdura a los habitantes del palacio.

Pues entre unas cosas y otras se nos hicieron las 12, y habíamos visto poca cosa de la ciudad, así que nos subimos al típico trenecito que te da una vuelta por los lugares más destacados de la ciudad (11 € pax.) y más o menos te haces una idea de lo que hay. Tampoco me pareció nada interesantes el trayecto, todo el rato por calles estrechísimas y con una información a través de los auriculares escueta, aburrida y vacía de interés. Así que dimos la vueltecita, bajamos y como ya era hora de comer (esta gente come pronto) dimos una vuelta alejándonos del Palacio, y en un plaza bastante grande y bonita había un restaurante que empezaba a llenarse de gente del lugar. Además, tenía menú, medio menú, plato único, etc., el lugar se llama Grand Café Baretta, en la plaza de Saint Didier. Menú por 22 euros, bebida aparte, total 58 €. Yo me llevé una decepción con mi plato: 2 chorizos con ensalada. Eso me pasa por no preguntar. Venir a Francia a comer chorizos tiene delito.
Después de comer nos dirigimos al famoso Puente de Aviñón. Se ve perfectamente desde cualquier parte, pero la entrada tiene la particularidad que te deja pasear por el puente hasta el final, momento en que se corta a mitad del rio Ródano. Parece ser que después de diversas destrucciones y reconstrucciones el arquitecto que lo diseñó dijo que hasta aquí, que ya no lo reconstruía más y así se quedó. Pues bien, no está mal la visita, pero ya te digo, si te entra en el ticket bien, y si no, puedes contemplarlo perfectamente desde la misma orilla del rio.
Después de comer nos dirigimos al famoso Puente de Aviñón. Se ve perfectamente desde cualquier parte, pero la entrada tiene la particularidad que te deja pasear por el puente hasta el final, momento en que se corta a mitad del rio Ródano. Parece ser que después de diversas destrucciones y reconstrucciones el arquitecto que lo diseñó dijo que hasta aquí, que ya no lo reconstruía más y así se quedó. Pues bien, no está mal la visita, pero ya te digo, si te entra en el ticket bien, y si no, puedes contemplarlo perfectamente desde la misma orilla del rio.

Apretaba el calor, y la humedad del lugar se iba haciendo insufrible, así que optamos por ir a por nuestro coche al parking, y una vez abonada la tarifa pusimos camino a otro lugar que estaba en nuestro objetivo: el Puente sobre el rio Gard o Pont du Gard.
El Pont du Gard se encuentra a mitad de camino entre Nimes y Aviñón, a 30 minutos aproximadamente. Se halla geográficamente en plena naturaleza y para poderlo ver en condiciones no hay más remedio que acabar en el parking de turno y pagar el correspondiente ticket, en este caso 9 euros, lo que te permite una vez estacionado, entrar en el paraje y contemplar el puente de cerca. Igual puedes verlo desde lejos, desde algún punto de la carretera o subiendo a algún promontorio, no sé. La cuestión es que la mejor opción es esa, pagar. El puente está a unos minutos del aparcamiento andando (unos 500 metros). Antes pasas por unas instalaciones de servicios con cafetería, aseos, museo y un cine para ver alguna proyección sobre una de las mayores obras de ingeniería romana y mejor conservadas (esto se paga aparte).
Pasadas estas instalaciones continuas un camino de tierra y al girar una curva ya se divisa el acueducto del Siglo I d.C. (también sirvió de puente), y que conducía agua desde la localidad romana de Uzès a Nimes (50 kms de canalizaciones). Mide 49 metros altura y 273 de largo. Es patrimonio Mundial de la Unesco desde 1985. Simplemente es impresionante. Se puede acceder a la parte superior del acueducto y contemplar desde allí las vistas del paraje; ahora, la subida es importante y aconsejo subir con buen calzado, y en días de calor provistos de una botella de agua porque el sol aprieta.
El Pont du Gard se encuentra a mitad de camino entre Nimes y Aviñón, a 30 minutos aproximadamente. Se halla geográficamente en plena naturaleza y para poderlo ver en condiciones no hay más remedio que acabar en el parking de turno y pagar el correspondiente ticket, en este caso 9 euros, lo que te permite una vez estacionado, entrar en el paraje y contemplar el puente de cerca. Igual puedes verlo desde lejos, desde algún punto de la carretera o subiendo a algún promontorio, no sé. La cuestión es que la mejor opción es esa, pagar. El puente está a unos minutos del aparcamiento andando (unos 500 metros). Antes pasas por unas instalaciones de servicios con cafetería, aseos, museo y un cine para ver alguna proyección sobre una de las mayores obras de ingeniería romana y mejor conservadas (esto se paga aparte).
Pasadas estas instalaciones continuas un camino de tierra y al girar una curva ya se divisa el acueducto del Siglo I d.C. (también sirvió de puente), y que conducía agua desde la localidad romana de Uzès a Nimes (50 kms de canalizaciones). Mide 49 metros altura y 273 de largo. Es patrimonio Mundial de la Unesco desde 1985. Simplemente es impresionante. Se puede acceder a la parte superior del acueducto y contemplar desde allí las vistas del paraje; ahora, la subida es importante y aconsejo subir con buen calzado, y en días de calor provistos de una botella de agua porque el sol aprieta.

Bueno, después de contemplar esta maravilla emprendemos nuestro regreso a Arlés. Una vez aquí, estacionamos en un parking público cerca del barrio de La Roquette donde tenemos el apartamento, y nos dirigimos por la calle del mismo nombre a la plaza de Paul Doumer. Una placita con mucho encanto, fuera de las principales rutas turísticas. Pillamos una mesa y nos tomamos una cervecita. Había sido un día duro y estábamos cansados. Después de matar un par de mosquitos que andaban merodeando por la terraza, nos fuimos al apartamento a cenar y a descansar. Mañana nos quedamos en Arlés para verla con más detenimiento.
