Menudo día pasamos ayer entre el catamarán, los bichos del océano y las caribeñas y caribeños de El Víboras y la otra disco , que no recuerdo el nombre.

Tenemos que aprovechar el día! Es sábado y el cuerpo lo sabe...
Dicen que a la tercera es la vencida, así que agarramos los remos y a buscar los putos cocodrilos. Y otra vez, que volvemos con las redes vacías... se habrán ahogado??
Hoy toca mañanita de bicicleta, que es el medio de transporte barato de la isla. Agarramos nuestras bicis y nos vamos a recorrer la parte sur de la isla hasta la hora del desayuno, ya que el Yummy ( el de las tres B) abre a las 10:00.
Primero vamos a un chino a comprar unos cigarrillos ya q me gusta fumar 3 o 4 cigarrillos al día, cuando estoy de aventura.
Es curioso lo de los chinos. No habíamos visto apenas ninguna ( una anunciada en El Salvador) en todo el viaje, ni en Guatemala, ni en Honduras, ni en El Salvador. Estos chinos huelen el dinero y en Belize, hay dinero. Encima está el tema de seguridad en los comercios, que en Honduras, tienes un tío armado hasta los dientes, hasta en la puerta de una tienda de carcasas de móviles. Luego está también la renta, que es lo que deben pagar los comerciantes a los pandilleros.
Hay que protegerse bien del sol, pues aunque no haya muchos grados como aquí en el centro de España en verano, quema que da gusto. Así que lo mejor es llevar una camiseta de esas de manga larga finitas, que valen para el baño también.
Nos metemos un buen plato de pasta y una Cocacola, que tengo que conducir y salimos pitando para la otra parte norte de la isla, a la que tienes que llegar, subiendo las bicis, a una barca que por 5 dolares de Belize, te hace el trayecto de ida y vuelta.

Pues ahí que vamos a poner el huevo, hombre (tampoco había otro lado). Vamos a ser la nota discordante ante tanto repeinao y tanto bikini de marca.

Nada más salir, Mario divisa algo en una ciénaga cercana. Al fin!!!! El cocodrilo!!! Y menuda mala hostia tiene cuando le despertamos! Menos mal que estaba a 3 o 4 metros, que menudo salto dio.

No veáis la cantidad de iguanas que se cruzaban delante de la bici.
Ya de vuelta a la parte de isla en todo el cotarro, nos decimos que es hora de darnos un homenaje, y nos comemos las dos langostas más grandes de todo el chiringuito ( no olvidéis regatear el precio y dejarlo pactado, antes de que las cocinen). Nos supieron a gloria, deliciosas, que diferencia con la dieta de frijoles y huevos revueltos!!

Ya me conocían todos los camellos, de tanto ofrecerme y decirles q no, los chinos de los super, y todos los trabajadores de la isla. Yo hablo con todo el mundo, aunque un poco menos con los guiris.
Ya a una hora considerable, me voy a ducharme y perfilarme (no voy a salir como la noche anterior, en plan guiri desfasado en la Costa Brava). Es nuestra última noche en Caulker y tenemos que darlo todo...
