En principio, había previsto iniciar esta jornada en el Monasterio de Yuso, que está muy cerca de Santo Domingo, pero era día de cierre, así que cambié el itinerario y nos dirigimos un poquito hacia el norte para visitar algunas zonas rurales aprovechando que el pronóstico del tiempo era muy bueno.


El recorrido de la jornada según Google Maps fue más o menos el siguiente, sumando un total de 117 kilómetros. Parecen muchos lugares para un solo día anocheciendo pronto, pero al tratarse de sitios pequeños, las visitas son cortas.

Cellórigo.
En primer lugar nos dirigimos a este pintoresco pueblecito, situado en la base de unas rocas picudas sumamente llamativas, sobre todo desde lejos. Me habían comentado que se obtienen muy buenas vistas desde allí. Y es verdad, aunque tampoco es manca la perspectiva que se obtiene mirando hacia atrás, con las casas aposentadas bajo los espolones rocosos.

En día de diario, no tuvimos ninguna dificultad para aparcar en el pueblo. No había nadie. En festivo, no sé yo cómo estará la cuestión. Cellórigo nació vinculado a un castillo defensivo propiciado por la muralla natural que suponen las rocas de Peñaluenga, desde donde se divisa una gran extensión de tierra riojana. Los árabes la ocuparon en el siglo VIII, si bien pronto pasó a manos cristianas, lo que originó sangrientas batallas contra tropas musulmanas procedentes de Córdoba. Del castillo original no queda rastro, aunque se han mantenido ciertos restos de torres medievales hoy en día integradas en el caserío, por donde estuvimos dando una vuelta y tomando algunas fotos, que no salieron bien porque había bruma y la luz era escasa a esas horas de la mañana.


Según nos íbamos distanciando, la estampa quedaba más espectacular que de cerca, aunque la luz continuaba siendo mala para las fotos: al natural, mejoraba mucho.

Sajazarra.
Esta visita no estaba prevista, pero su castillo nos llamó la atención yendo hacia Cellórigo, así que decidimos parar a la vuelta. Dejamos el coche en un parking habilitado y, al ver los carteles, nos dimos cuenta de que se trata de uno de los pueblos incluidos en el catálogo de la Asociación de los Pueblos más bonitos de España. Además, cuenta con una buena red de senderos, según rezan los paneles informativos.

Al centro histórico hay que acceder a pie, lo que no tiene que inquietar a nadie porque se camina con comodidad, ya que no es uno de esos pueblos de cuestas infinitas y pedruscos insufribles en la calzada. Situada en la confluencia de los ríos Aguanal y Ea, se fundó en torno al siglo XI y cuenta actualmente con 123 habitantes.

Supongo que los días festivos debe estar a tope, pero esa mañana estábamos casi solos deambulando por sus calles, lo que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, ya que todo lo visitable estaba cerrado, aunque pudimos ver los exteriores, claro está.

El monumento más destacado es su Castillo-Palacio, construido en el siglo XV en piedra de sillería. Por su trazado y su conservación está considerado uno de los más bellos de La Rioja. Es de propiedad particular, así que la visita ha de ser programada de antemano. Realmente es muy chulo y merece la pena darle la vuelta. Salen fotos muy resultonas.


Otros lugares de interés son la Iglesia de Santa María de la Asunción, cuyo origen se remonta al siglo XII, y los restos de la Muralla y la Puerta del Arco. La muralla, de la segunda mitad del siglo XIII, solo se reconoce ya en la parte de atrás de las casas. De sus cuatro puertas primitivas solo se conserva el Arco, del siglo XIV y estilo gótico. Por lo demás, el pueblecito bien merece un paseo tranquilo

