Nuestra siguiente parada fue Briones, otra localidad en el catálogo de la Asociación de los Pueblos más bonitos de España y cuya estampa destaca muy lucida desde la misma N-232 en dirección a Logroño, pues está ubicada en un cerro, a 80 metros de altura sobre la vertical del río Ebro. Por el camino, estampas de postal.

Como no había muchos coches, aparcamos sin problemas en una de las calles y, tras consultar el mapa turístico de un panel informativo, nos dispusimos a visitar lo más interesante.

El nombre de Briones deriva de los berones, que fueron pobladores primitivos de La Rioja. No obstante, el lugar ya estuvo habitado durante la Edad del Bronce. Pese a las incursiones llevadas a cabo por los reyes cristianos en el siglo VIII, Briones permaneció en manos musulmanas hasta finales del siglo IX. Perteneció al reino de Navarra hasta prinicipios del siglo X, cuando pasó a formar parte del reino de Castilla, si bien el litigio se prolongó hasta que en 1370 se firmó el Tratado de Briones entre ambos reinos. En la actualidad, Briones cuenta con 752 habitantes.



Nuestra primera visita fue a la Ermita de San Juan o del Cristo de los Remedios, del siglo XVIII. A través de una reja en la puerta se podía ver el interior, que cuenta con tres retablos de estilo rococó. Si se quiere pasar, hay que pagar un euro, lo que incluye también la visita de una botica de la época.

Por la parte posterior, hay un espléndido mirador desde donde contemplamos una amplia panorámica, en la que destacaban los fantásticos colores del paisaje riojano, con una paleta que iba del rojo al marrón y del naranja al amarillo. Una locura, que se volvía más espectacular conforme se iba despejando el cielo y luciendo el sol. No sé la cantidad de fotos que saqué allí.


Además del Castillo de Davalillo (foto de abajo, a la izquierda), que teníamos previsto visitar después, divisé a lo lejos una iglesia muy grande, que no logré identificar. Sentí mucha curiosidad, apliqué el zoom para obtener una mejor imagen e intentar localizarla por si nos daba tiempo de ir más tarde.


Seguimos después hacia la Plaza de España, de forma triangular y donde se agrupan varios de los edificios más importantes de Briones, como el Palacio del Marqués de San Nicolás, ejemplo típico de la arquitectura civil barroca riojana del siglo XVIII, donde actualmente se ubica el Ayuntamiento. Es también un centro de exposiciones y alberga un museo etnográfico conocido como “la casa encantada”. En una esquina de la plaza, está la que se considera la casa más antigua que se conserva en Briones, que data del siglo XVI. Enfrente está la antigua Abadía o Casa de los Arcos, también del siglo XVIII.

A continuación de la antigua Abadía, está la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida con piedra de sillería en el siglo XVI y estilo gótico isabelino. Estaba abierta y entramos a verla, lo que no recuerdo es si tuvimos que pagar una entrada. En cualquier caso, el interior me sorprendió.



Consta de tres naves y cinco tramos; cabecera ochavada de tres paños, coro alto con órgano barroco, capillas laterales y sacristía. La torre es de estilo barroco riojano. También me gustó mucho el Belén, cuyo escenario es el propio pueblo en su versión medieval.




Continuamos nuestro paseo, caminando hasta el final de la calle Pozos, donde giramos a la derecha para contemplar las vistas desde el balcón panorámico del Mirador del Ebro, cuyo meandro ponía la guinda al paisaje espectacular que se divisaba esa mañana. Un auténtico placer para la vista divisar en la distancia los Montes Obarenes, los Riscos de Bilibio, Labastida (Rioja Alavesa), la Sierra de Cantabria…



Sin dejar de contemplar el panorama que se va mostrando desde casi todo Briones en una perspectiva de casi 360 grados, nos dirigimos hacia la izquierda, hasta llegar a las ruinas del castillo (siglo XIII), a cuya Torre del Homenaje pudimos acceder por una escalera metálica de caracol y que nos deparó nuevas vistas fantásticas, entre otras una perspectiva única del pueblo presidida por la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.



Volvimos al casco antiguo para buscar un restaurante donde almorzar, pero no hubo suerte, pues los que llevábamos apuntados estaban cerrados y el único abierto no nos convenció. Así que salimos por la Puerta de la Villa y, tras echarle un vistazo a los restos de la muralla urbana medieval, cuyo origen se remonta al año 1000, volvimos al coche y proseguimos el viaje.

Briones es pequeño pero muy interesante. Vale la pena dedicarle un buen rato. Y mención aparte merecen, al menos lo merecían cuando fuimos, las vistas de escándalo sobre la otoñal campina riojana. No me canso de ver las fotos mientras las estoy poniendo aquí. Una muestra de lo que nos quedaba por contemplar a lo largo del día.

