Castillo de Davalillo.
Debido al fiasco del almuerzo en Briones, para no perder demasiado tiempo buscando, tomamos un menú del día en un restaurante que vimos a la entrada de Haro, cerca de una gasolinera donde paramos a repostar y que nos pillaba de paso para nuestro siguiente visita, el Castillo de Davalillo, que se encuentra en lo alto de un cerro, a unos 13 kilómetros (un cuarto de hora en el coche) de Haro y a 5 de la población de San Asensio. Desde la N-232, hay que tomar a la izquierda una pista que, entre viñedos de unos colores increíbles ese día que darían para un montón de óleos, nos condujo hasta un pequeño aparcamiento a partir del cual hay que seguir a pie.



No sé si será un sitio muy concurrido en otra época o durante los fines de semana, pero esa tarde solo estábamos nosotros dos allí. Junto al parking se halla la Ermita de Santa María de Davalillo, desde donde todos los años se celebra una romería que sube a lo alto del castillo con la participación de todo el pueblo de San Asensio.



Hay dos formas de acceder al castillo, una fácil y otra no tanto. No recuerdo si queriendo o sin querer, subimos por la difícil (tampoco es para tanto), a través de un empinado y pedregoso sendero, protegido por barandillas de madera. Por el otro lado, sale una pista más amplia y con menos pendiente; supongo que no hace demasiado tiempo incluso los coches accederían por aquí. El panorama por ambos lados era de escándalo.


Según parece, el castillo pudo construirse en el siglo XII, en tiempos de Alfonso VIII de Castilla, para proteger la zona frente al Reino de Navarra, si bien luego pasó por diversas vicisitudes. Tiene un recinto amurallado exterior y conserva la torre del homenaje. Es de propiedad privada y no se puede entrar al interior, aunque tampoco hace falta pues se trata de un solar descubierto sin nada, que se ve bien desde la puerta, cerrada por una reja.



Aparte de lo que siempre mola asomarse a un castillo que mantiene unos imponentes muros exteriores, como ya he comentado, lo mejor volvían a ser las vistas estupendas que nos deparó la altura sobre el campo riojano teñido de los colores del otoño.



¿Y qué decir de las panorámicas con Briones de fondo y la enorme iglesia desconocida que me tenía tan intrigada? Bueno, desde esta perspectiva se veían también los restos de un castillo. Que no, que no se me escapaba. Así que me estudié Google Maps y no paré hasta localizarla.


San Vicente de la Sonsierra.
Pues resultó ser la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor de San Vicente de la Sonsierra. Sin embargo, no es lo único de interés que hay en este pueblo para visitar. No sé cómo no lo descubrí antes, cuando estuve preparando la ruta por esta zona de La Rioja.

San Vicente de la Sonsierra se encuentra a 6 kilómetros de Briones y a 10 de Haro, así que si se está por la zona no hay excusa para no acercarse a echar un vistazo. Ya por el camino pudimos divisar la fantástica perspectiva que ofrecen los restos de su fortaleza y la Iglesia de Santa María la Mayor.

Aparcamos sin problemas en el pueblo, que tiene dos zonas, una baja y una alta, a la que subimos a pie. En la zona baja, están la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, la Ermita de San Roque y la Casa de la Villa, en la Plaza Mayor. Aquí leímos algunos paneles informativos que comenzaron a darnos algunas pistas sobre el lugar, incluyendo un inventario de los edificios de interés, casi todos de los siglos XVII y XVIII, aunque también aparece una casa solariega del siglo XVI.



Aparte del descubriento de restos que prueban que la zona estuvo habitada en tiempos prehistóricos, la primera referencia escrita de este sitio data del siglo IX, cuando debía pertenecer a los reyes de Pamplona. En 1172, obtuvo el fuero de Laguardia.


Posteriormente, mantuvo muchos litigios con la vecina Briones y conoció la guerra entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara. No obstante, permaneció en poder de los navarros hasta 1463, en que tras siete siglos pasó a integrarse en el Reino de Castilla.

Desde la Plaza Mayor, tomamos la calle Zumalacárregui, viendo algunos murales muy curiosos. Todo cuesta arriba, llegamos a la parte alta, toda la cual se puede visitar de manera gratuita, si bien no pudimos pasar al interior de la Iglesia de Santa María la Mayor, pues estaba cerrada.


Moviéndonos por el itinerario sugerido mediante una calle empedrada, protegida a tramos por una barandilla de madera, fuimos viendo diversos restos arqueológicos, la Torre del Reloj, la Ermita de San Juan, la Muralla Inferior, la Puerta de la Primicia y la Puerta Occidental, desde la que se accede al estupendo Mirador del Ebro. También pudimos divisar el Castillo de Davalillo, que habíamos visitado antes.



LLegamos hasta la Torre Mayor, donde hay establecido un mirador panorámico que, de nuevo, nos deparó unas vistas extraordinarias de todo el entorno.



Una sorpresa la visita de este pueblo que no teníamos prevista y que nos ocupó un buen rato. Merece la pena darse una vuelta y echar un vistazo.

Balcón de La Rioja.
Aunque se estaba haciendo de noche muy deprisa, quisimos acercarnos al Balcón de la Rioja, a 16 kilómetros de San Vicente de la Sonsierra, un mirador que ya conocíamos de cuando estuvimos visitando el País Vasco y la provincia de Álava; sobre todo recuerdo la preciosa localidad de Laguardia, apenas a 10 kilómetros de este punto panorámico.

Aunque el sol se ponía muy deprisa, todavía llegamos a tiempo de contemplar un poquito el fantástico panorama de las tierras riojanas bañadas de rojo y oro. Impresionante.

¡Vaya día que habíamos tenido de panorámicas! Dignas de las mejores estampas de otras latitudes. No se me olvidarán.
