Desde el Balcón de La Rioja a Haro hay 25 kilómetros y se nos hizo totalmente de noche por el camino. En la capital del rioja, que no de La Rioja, nos alojamos en el Hotel Alda Malvasía, situado en la calle José Cela, fuera del casco histórico pero solo a 10 minutos caminando del mismo centro. Nos gustan los hoteles Alda, que utilizamos a menudo, pues son confortables, funcionales, suelen estar bien situados y tienen buenos precios. La habitación doble para una noche nos costó 60 euros. Aparcamos enfrente, en la calle, sin ningún problema y gratuitamente. Era día de diario, eso sí.

Pese a la oscuridad que reinaba en las calles, apenas eran las siete de la tarde, así que salí a dar una vuelta por el casco viejo, si bien no fui directamente, sino que di un rodeo, recorriendo previamente la Calle de la Vega, con sus jardines y la Basílica de Nuestra Señora de la Vega, construida en el siglo XVIII en estilo barroco.

Empezaba a hacer frío y el entorno estaba solitario. Recorriendo calles de casas con los tradicionales miradores norteños, llegué a la Plaza de la Paz, la más importante de Haro, donde está el Ayuntamiento, edificio de 1769, al que se le añadió el reloj casi un siglo después y en cuyos soportales se exhiben fotografías de la vida cotidiana de la localidad en épocas pasadas, mostrando especialmente la relación de sus gentes con el vino… de rioja, por supuesto.

Aquí es donde aparecen también las letras con el nombre de la ciudad que tan de moda se han puesto en los últimos años para que los visitantes se hagan el consabido selfie de recuerdo. Esta plaza es, por tanto, el centro del centro histórico.

En la Plaza de la Paz, aparte del ayuntamiento, otros edificios destacados son el Palacio de Bendaña, construido en el siglo XVI en estilo plateresco, donde se halla actualmente la Oficina de Turismo. A unos pasos, junto al Arco de San Bernardo, una de las antiguas puertas de la ciudad, está el Museo del Torreón, dedicado al arte contemporáneo y ya cerrado a esa hora.

Desde la Plaza de la Paz, sale las calles que forman la zona conocida como “La Herradura”, donde se concentran los bares tradicionales de pinchos y tapeo en el casco histórico. Hice el itinerario típico, que comienza en la Plaza de la Paz, sube por la calle de Santo Tomás hasta la Plaza de de San Martín, desde donde se gira a la izquierda para bajar por la calle de San Martín hasta regresar de nuevo a la Plaza de la Paz. A esa hora, vi muchos bares pero muy poco ambiente. No sabía si era porque aún era pronto o porque los días de diario sale poca gente.

Me acerqué también a la Plaza de la Iglesia, con algunos soportales, donde está la Iglesia Parroquial de Santo Tomás Apóstol, construida entre los siglos XVI y XVIII sobre otra anterior, de la que se conserva la portada principal en estilo plateresco. No me coincidió el horario de apertura, así que no pude verla por dentro. En una de los laterales de la plaza se halla el Palacio de los Condes de Haro, que data de los siglos XVI y XVII. Presenta una mezcla de estilos renacentista y barroco, aunque lo que más llama la atención es su portada con frontón roto y dobles columnas salomónicas. Estaba todo bastante oscuro para lucirse con las fotos.

Un rato después, volví al hotel. Luego salí con mi marido para cenar. Nos dirigimos a la zona de la Herradura, donde algunos bares ya estaban abiertos. A esa hora, las ocho y media, había un poco más de ambiente, pero supongo que nada parecido al que debe haber los fines de semana. Entramos en uno de los locales a tomar unas cañas y unos pinchos.

Por la mañana, volvimos a la Plaza de la Paz para desayunar y también aprovechamos para dar otro paseo por el casco histórico.

