Teníamos que coger el tren temprano desde la estación de Pekín sur. Estaba relativamente cerca del hotel en metro, aún así madrugamos bastante para llegar con tiempo a la estación ya que como era el primer tren que cogíamos, siempre vas con algo de incertidumbre.
Todos los trenes los habíamos reservado con Trip. Salen a la venta 15 días antes, y en trayectos concurridos (como este) hay que estar pendientes porque se llenan.
Al llegar a la estación te hacen pasar un control de seguridad como en los aeropuertos y a María le hicieron tirar una bote de espuma que excedía los 150 ml. Tenedlo en cuenta cuando hagáis la maleta. Después es bastante sencillo buscar tu puerta de embarque, y como siempre, tu billete es tu pasaporte, recordad pasar por la fila donde veais una persona, ya que las máquinas automáticas son normalmente solo para el ID Chino.
El tren llegó puntual, como lo harían todos los del viaje y el trayecto de 4h 40 mins se pasó rápido leyendo, jugando a las cartas y haciendo algún pasatiempo. Así que sobre las 12:00 del mediodía llegamos a Shanghai.
Pasamos por el hotel para dejar las maletas. El hotel era el "Lechao", al lado de la parada de metro de Xinzha Road y cerca de People's Park. La ubicación era ideal, pero el hotel el más flojo del viaje, la habitación era pequeña y sin ventanas, aunque como solo estuvimos dos noches y lo usamos para dormir, no fue mayor problema. Nos salió bastante barato, así que tampoco puedes pedir más.
Fuimos directo a comer, estábamos deseosos de probar la especialidad de Shanghai, los Xiao Long Bao. Nos encantan los dumplings de otros viajes a Asia, así que queríamos comprobar si los de Shanghai se merecen la fama que tienen. Acabamos en un local que vimos bien puntuado en Amap, en una perpendicular a Nanjing Road. Pedimos Xiao Long Bao de carne, otros de cangrejo y también sopa de Wanton. Todo riquísimo y super bien de precio, comimos los dos por 80 yuanes, unos 10 euros.
Después rematamos la comida con un helado en Nanjing Road; María en uno de los puestos que venden helados con forma de animal, concretamente una capibara y yo en Mr. Gelato, un sitio que había visto en Instagram, me pedí el de vainilla, muy bueno (y muy caro).
Cogimos el metro para ir a la zona de Pudong. La primera parada fue el mercado de falsificaciones de la estación de metro del Museo de la Ciencia y la Tecnología. Ibamos sin una idea clara, solo por conocerlo y ver si encontrábamos alguna ganga. Estuvimos viendo cámaras 360, gorras, zapatillas... pero la mayoría de las imitaciones nos parecieron de calidad muy justita, así que acabamos comprando solo la sudadera Adidas que se compra todo el mundo que va a China. Si venís aquí regatead a muerte, el precio de salida es fácilmente x3 o x4 del precio final, y aún así, te vas con la sensación que te están engañando.
Terminado de ver el mercado, y contentos con nuestras sudaderas nos dirigimos a la zona de Pudong para ver los rascacielos de cerca. Concretamente paramos en la parada de Lujiazui, donde hay un centro comercial donde desde la terraza tienes muy buenas vistas tanto de la Perla de Oriente como de la Shanghai Tower. Toda esta zona es impresionante, edificios altísimos, plataformas elevadas para pasear...
Una vez dado el paseo y hechas las fotos de rigor fuimos a buscar el ferry para cruzar al otro lado del río, a The Bund. El viaje en ferry cuesta como un billete de bus (3 yuanes - 37 céntimos de euro) y desde él tienes buenas vistas de las dos orillas, eso si, va llenísimo de gente.
Una vez en The bund, pues otro paseo y muchas fotos con la estampa clásica de todos los rascacielos al fondo. En mi opinión el Skyline de Shanghai desde esta zona es el más chulo de los que he estado, superando al de Singapur. Esperamos a que anocheciera sentados en un banco, y de nuevo interactuando con algunos chinos, como unas niñas a las que su madre les obligó a que vinieran a saludarnos y a practicar inglés con nosotros
Una vez iluminados los rascacielos y también los edificios de arquitectura clásica de la orilla del Bund, hicimos alguna foto más y estuvimos un buen rato disfrutando de las vistas. Después volvimos hacia la zona de Nanjing Road, donde pasamos por un concesionario Huawei (si, un concesionario) para trastear con los coches chinos y flipar con la tecnología que llevan en su interior. Entramos en alguna otra tienda de Nanjing Road, pero nos parecieron en su mayoría trampas para turistas con precios infladísimos.
Cenamos en la misma zona en la que habíamos comido, estuvimos a punto de repetir en el mismo sitio, pero acabamos cenando en el de enfrente, en este caso Shengjianbao, que son parecidos a los Xiao Long Bao pero crujientes en la base, unos noodles con panceta y rollitos de primavera... no estuvo mal, pero no tan bien como al mediodía.
Y de ahí ya al hotel, a descansar, que el día había sido intenso.